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"El violador del ascensor", detenido por agresiones

Gallego, que fue excarcelado en 2013 al derogarse la doctrina Parot cambió su modus operandi. Mantenía en jaque a la policía madrileña tras cuatro ataques a mujeres

Melchor Sáiz-Pardo

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Imagen de Pedro Luis Gallego Fernández, conocido como

Imagen de Pedro Luis Gallego Fernández, conocido como "el violador del ascensor" a su salida de prisión de Alcalá Meco en 2013. Foto: EFE

El ‘violador de La Paz’, el depredador sexual que mantenía en jaque a la policía de Madrid tras cuatro ataques a mujeres entre diciembre de 2016 y el pasado abril, era el ‘violador del ascensor’, condenado a 273 años de cárcel por matar a dos jóvenes y abusar de otras 18 más entre 1976 y 1992, casi todas en Valladolid. Pedro Luis Gallego, de 59 años, fue capturado el miércoles en Segovia, cuando salía de su casa en compañía de su pareja con la que convivía tras salir de la cárcel en noviembre de 2013 tras derogarse la ‘doctrina Parot’ y después pasar 21 años entre rejas.

Gallego no opuso resistencia. Dicen los responsables de la investigación de la Jefatura Superior de Madrid que, en cierto modo, esperaba ser detenido antes o después. Es un «violador en serie» y, apuntan los policías, al final, con tanta reiteración iba a terminar cometiendo un error, pero desde el principio había cambiado su modus operandi de los noventa para intentar no ser atrapado demasiado pronto.      

Sus ataques ya no eran a cualquier hora del día. Ahora siempre lo hacía por la noche      

Sus ataques ya no eran a cualquier hora del día y asumiendo riesgos como antaño. Ahora, siempre atacaba por la noche, entre las nueve y las diez de la noche, en los alrededores de la calle Obispo Morcillo, a espaldas del hospital de La Paz, en el distrito de Fuencarral-El Pardo, una zona especialmente desangelada cuando acaban las consultas en el centro médico. La primera y la tercera vez consumó la violación. En su segundo y cuarto ataque sus víctimas lograron zafarse.

Su táctica también era nueva ya que tras bajarse de su coche acechaba embozado a su víctima, a la que encañonaba. Nada de abordar a las mujeres en el portal como solía hacer en su primera etapa para violarlas en la cabina del elevador. En las dos ocasiones en las que logró consumar la agresión sexual consiguió embridar a sus víctimas y meterlas en el maletero. Tras conducir poco más de una hora, ese tiempo fue clave para dar con su paradero, las llevaba a un piso de Segovia donde abusaba de ellas para luego devolverlas a la zona donde las había secuestrado.            

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