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El voluntariado de verano, un creciente 'negocio' para las ONG

Expertos y cooperantes creen que las vacaciones solidarias son una forma de financiar a las organizaciones no gubernamentales porque con subvenciones y donaciones no tienen suficiente
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Pol Alonso con una cooperante de Valladolid, Alicia del Río, y algunos niños a los que imparte clase. Foto: Cedida

Pol Alonso con una cooperante de Valladolid, Alicia del Río, y algunos niños a los que imparte clase. Foto: Cedida

Cada vez son más los jóvenes que, pretendiendo darle un nuevo sentido a sus vacaciones, cogen la mochila y aterrizan en cualquier organización no gubernamental (ONG) de África, Asia o Centroamérica para ayudar durante unas semanas. Tiempo, empatía, ilusión... ¿y mucho dinero?

Numerosas ONG han detectado un negocio en esta creciente necesidad de ayuda, y ahora fomentan un voluntariado de pago para financiar sus proyectos ante la merma de ayudas públicas. «Se han redirigido a captar voluntarios, a crear proyectos en torno a ellos y financiarse con las cuotas que se les cobra», explica Laura Carmona, experta en cooperación internacional para el desarrollo con África Subsahariana.

«El voluntariado se ha convertido en un negocio que nada tiene que ver con la cooperación internacional. Parece que sólo importa el dinero y que por tanto va dirigido a personas que pueden permitírselo», lamenta.

 

‘Está cada vez más aceptado’

El responsable de la URV Solidària, Joan Fuster, no comparte esta visión negativa de la situación. «Aunque a algunas ONG les molesta que se les diga que hacen ‘turismo’, el turismo solidario está cada vez más aceptado. Puede ser una vía legítima de financiarse», sostiene Fuster.

Aunque ahora la tendencia se ha incrementado por la crisis, que ha derivado en la bajada de subvenciones y en una menor recaudación de donativos, Fuster sostiene que las ONG ya usan hace años esta vía de financiación.

En EEUU, por ejemplo –explica Fuster– «es una tendencia consolidada y bien vista que los profesionales vayan a colaborar a África pagando. Estados Unidos nunca ha pertenecido al tercer mundo y muchos de sus ciudadanos sienten que tienen una deuda moral. No todos en EEUUson como George Bush. Hay una enorme población jubilada de profesionales que disponen de tiempo, dinero y salud y tienen la vida resuelta. Tienen ganas de hacer cosas y, por ejemplo, se van a África durante un mes a operar. El viaje y la estancia les cuesta dinero, pero saben que su labor la continuarán otros profesionales».

Ese concepto de ayuda profesional puntual «empieza a pasar ahora en España», sigue Fuster. Así conocidos médicos de Tarragona viajan a África a realizar intervenciones quirúrgicas. Estos especialistas huyen de cualquier tipo de protagonismo mediático. «Es una forma muy pragmática de ayudar», sentencia Fuster.

Pol Alonso, un joven tarraconense que imparte clases a niños en Camboya, defiende que «mucha gente tiene una visión equivocada del voluntariado y cree que el alojamiento debería ser gratuito a cambio de lo que venimos a ofrecer. Si así fuera, la ONG no tendría fondos para comprar material, construir las escuelas y ejercer su labor. Una ONG necesita tener su balanza en positivo. Con las donaciones particulares no hay suficiente para cubrir todos los gastos».

Una idea similar sostiene Jessica Neff, una joven de Valls que ha estado en Nicaragua: «Encuentro muy bien que las ONG se financien, en parte, con los viajes solidarios porque así reciben la financiación que necesitan para su proyecto. A cambio tú puedes tener la oportunidad de viajar y colaborar con ellos».

Zaida González, voluntaria en un orfanato keniano, concluye que «unos 75 euros a la semana creo que es un precio justo porque el 35 % se destina a cubrir mi alojamiento y dieta. Se trabaja con muchos niños y de alguna manera hay que financiarlo».

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