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«En el confinamiento me relajé y cogí fuerzas»

De forma discreta, ajena a las batallas de «gallos» y «pollitos», Ana Iglesias fue ganando puntos cada lunes hasta llevarse ‘MasterChef 8’

PILAR SALAS

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Ana, con el trofeo culinario. Foto: EFE

Ana, con el trofeo culinario. Foto: EFE

Ana Iglesias se impuso la noche del lunes en la final a Andy García e Iván Mariñas, cerrando una edición atípica en los ocho años de trayectoria de ‘MasterChef’, ya que el estado de alarma paralizó la grabación y alargó el confinamiento de los concursantes, que tuvieron que convivir en una casa cuatro meses.

«Estar lejos de la familia tanto tiempo ha sido muy duro. Nosotros llevábamos confinados mucho más tiempo que el resto del país porque entramos en enero, pero he de decir que me vino genial, me relajé y cogí fuerzas. Me pasaba todo el día practicando y nos ayudamos los unos a los otros», explicaba ayer.

En ese tiempo también aprendió «muchísimo de psicología» al convivir con «muchos perfiles diferentes». «Soy otra persona, he aprendido de la vida, sobre confianza y convivencia; me ha mejorado muchísimo y he avanzado cuatro años en cuatro meses», asegura.

Cuenta que todos los concursantes fueron «perfectamente conscientes» de los efectos de la pandemia, ya que desde la productora, Shine Iberia, les informaron de la situación y les permitieron hablar con familiares, parejas y amigos.

Además del título de ganadora, Ana Iglesias publicará la semana próxima con Espasa su propio recetario y cursará un máster en Cocina, Técnica y Producto en el Basque Culinary Center de San Sebastián.

La receta de su pichón a baja temperatura con cremoso de sus interiores, setas y puré de cerezas estará además en la carta del restaurante MasterChef (Madrid) e invertirá los 100.000 euros del premio «o en formación de cocina o en un proyecto culinario».

Pero, aunque le «encantaría» dedicarse a la cocina, tiene claro que lo compaginaría con su empresa de joyería y complementos.

Sobre las críticas al programa por su deriva más hacia el espectáculo que a la cocina, opina que ya hay «muchísimos espacios solo de cocina, pero a la gente le gusta también la experiencia de conocer a la persona, de encariñarse con alguien que sea especial no sólo por lo que cocina; pecan de criticar pero quieren encariñarse».

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