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Fukushima aún estremece

El temor y el rechazo a lo nuclear siguen muy presentes en Japón cinco años después del tsunami y del accidente en la central, cuyas consecuencias todavía se abaten sobre la zona

Andrés Sánchez Braun

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Vista de un árbol entre miles de grandes bolsas de plástico llenas de tierra y restos radioactivos procedentes de los trabajos de descontaminación en los alrededores de Fukushima. Foto: EFE

Vista de un árbol entre miles de grandes bolsas de plástico llenas de tierra y restos radioactivos procedentes de los trabajos de descontaminación en los alrededores de Fukushima. Foto: EFE

Japón conmemora hoy el quinto aniversario del terremoto y el tsunami del 11 de marzo 2011, mientras las regiones más afectadas siguen sin recuperarse totalmente y persisten los efectos del accidente nuclear de Fukushima. El primer ministro nipón, Shinzo Abe, afirmó ayer que los trabajos de reconstrucción «se han acelerado», aunque admitió que hay «mucha gente que continúa en una situación muy dura por no poder regresar a sus hogares». Las autoridades prevén autorizar el regreso de los desplazados en algún momento de 2017.

El Gobierno insiste en reabrir las centrales nucleares, una de las cuales acaba de ser detenida por orden de un tribunal que ha cuestionado su seguridad. Las últimas encuestas revelan que el 55,3% de los japoneses rechaza la reapertura de plantas por miedo a que se repita otra tragedia como la que originó el terremoto y tsunami de 2011; y tan sólo el 36,9% apoya esa medida.

Un sondeo realizado este mes por la agencia Kyodo muestra que dos tercios de las administraciones locales quieren que el país reduzca en el futuro su dependencia energética de las nucleares (de hecho, un 21% apuesta directamente por el apagón atómico).

Del lado del Gobierno de Abe, cuyo plan pasa por hacer que Japón genere un 20-22% de su electricidad a partir de la fisión nuclear para 2030, están las localidades que acogen las plantas y cuya economía depende casi por completo de las mismas.

Aunque ese porcentaje al que aspira el Ejecutivo queda aún lejos, dos reactores están operativos tras un apagón de dos años y de que el regulador –que fue disuelto en 2012 y refundado por su nefasto papel en la crisis de Fukushima– estableciera criterios de seguridad más estrictos. Son el 1 y 2 de la central de Sendai (suroeste del país) que empezaron a funcionar los pasados 11 de agosto y 15 de octubre, respectivamente, entre las protestas de activistas y habitantes de la región.

Mucho más polémico es el caso de la central de Takahama, la que mejor encarna el fuerte rechazo que desata en Japón el retorno a la generación atómica y las trabas que están encontrando el Gobierno y las eléctricas en este terreno. La planta se sitúa en Fukui (oeste), prefectura considerada como el «motor nuclear» de Japón, ya que carga con el mayor peso en cuanto a instalaciones al albergar 11 de los 43 reactores en condiciones operativos de Japón.

Batalla en los tribunales

Después de lograr el visto bueno del regulador y de un juzgado local que inicialmente prohibió su puesta en marcha ante las dudas por sus sistemas de prevención de desastres naturales, como el de 2011, la empresa operadora de Takahama reactivó los reactores 3 y 4 los pasados 29 de enero y 26 de febrero, respectivamente.

Sin embargo, la unidad número 4, que había registrado una fuga de refrigerante apenas una semana antes de su encendido, entró en parada automática por una sobretensión eléctrica tres días después de ser puesta en marcha.

Mientras este reactor permanecía detenido a la espera de determinar la causa del fallo, otro tribunal atendió el 9 de marzo la demanda de un grupo de particulares que consideran que el funcionamiento de Takahama pone en peligro a toda la región colindante y ordenó la detención inmediata del reactor restante.

El caso ha reavivado aún más el debate nuclear en el archipiélago, mientras el Gobierno central defiende su política y el criterio del regulador, que considera que ha diseñado el «sistema de seguridad atómica más estricto del mundo».El Ejecutivo de Abe, refrendado en las urnas en 2014, subraya que si Japón pretende dar un importante empujón a su economía, puede y debe volver a confiar en las nucleares.

El apagón nuclear tras Fukushima ha obligado al país, que carece de recursos energéticos y que obtenía un tercio de su electricidad de la fisión atómica, a incrementar enormemente la importación de hidrocarburos, algo que lastra su balanza comercial.

La tesis es apoyada por las eléctricas, que pierden decenas de millones al día por mantener sus reactores apagados y tener que usar costosas plantas termoeléctricas para compensar el parón nuclear. Además encararán un entorno mucho más competitivo a partir de abril, cuando se rematará la liberalización del sector.

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