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La Diada no logra una tregua en la división independentista

Mientras los políticos presos llaman a la unidad, JxCat y ERC vuelven a chocar, la ANC avisa a Esquerra y el entorno de Torra y Puigdemont presiona al PDeCAT, la antigua Convergència

CRISTIAN REINO

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La Diada no logra una tregua en la división independentista

La Diada no logra una tregua en la división independentista

La Diada de mañana será, como en las siete últimas ediciones, una movilización de signo únicamente independentista. El movimiento llega además en el momento más delicado desde 2012, año en que arrancó el proceso secesionista. La lucha por el liderazgo del soberanismo y la negociación para pactar una respuesta a la sentencia del Supremo contra los líderes del Procés han convertido las releaciones entre los secesionistas en una guerra de guerrillas.

En un último intento, los presos y los residentes en el extranjero llamaron ayer a la unidad para hacer del 11-S una movilización excepcional, que sirva de paso previo a la respuesta al fallo del Supremo. «Para volver a hacerlo, hay que volver a estar», animaron en una carta conjunta Dolors Bassa, Toni Comín, Jordi Cuixart, Carme Forcadell, Joaquim Forn, Anna Gabriel, Oriol Junqueras, Clara Ponsatí, Lluís Puig, Carles Puigdemont, Raül Romeva, Josep Rull, Marta Rovira, Jordi Sànchez, Meritxell Serret y Jordi Turull.

La misiva cayó más bien en saco roto, porque unos y otros sectores del secesionismo volvieron a exhibir en público sus enormes diferencias. Marta Rovira, secretaria general de ERC, encendió los ánimos de los más radicales al afirmar que el referéndum ilegal del 1-O «no tuvo la suficiente legitimidad». Rovira había tratado de dar una imagen de unidad días atrás fotografiándose junto a Carles Puigdemont, pero ayer lanzó duras advertencias a los postconvergentes: «ERC no comprará llamadas a falsas unidades con voluntad propagandística», avisó a los postconvergentes.

Esquerra insistió en un referéndum pactado con el resto del Estado como objetivo programático para el independentismo. Sin embargo, Carles Puigdemont, en el libro que acaba de publicar, considera que esa es una vía imposible y señala que el «único camino que nos puede garantizar el objetivo pasa por una inevitable confrontación con el Estado». Torra y Puigdemont, y también la ANC, quieren aprovechar la sentencia del Supremo para volver a activar la vía unilateral. ERC, en cambio, se resiste y reclama que la respuesta interpele asimismo a los no independentistas.

La ANC también se dejó oír y anticipó los mensajes a la unidad que lanzará al final de la manifestación. La Asamblea pedirá a los partidos que no vendan una falsa imagen de unidad. Y a ERC le advertirá de que las elecciones como respuesta a la sentencia no ayudarán a la cohesión. «Hará falta un mínimo de unidad para parar el choque emocional que supondrá el fallo», aseguró Elisenda Paluzie, presidenta de la Asamblea. Los republicanos temen que los discursos de la manifestación de la Diada apunten directamente contra ellos, pues desde JxCat y la ANC llevan meses señalando a los republicanos como unos traidores que se han rendido al autonomismo. La prueba, dicen, es su posición pactista en Madrid.

El independentismo civil está enfrentado a los partidos, la ANC contra ERC, JxCat y Esquerra Republicana están en guerra, y lo están también los diferentes sectores de Junts per Catalunya. Desde el entorno de Torra y Puigdemont presionan para que el PDeCAT se disuelva en el seno de las siglas nacionalistas, pero los dirigentes de la antigua Convergència se resisten. El PDeCAT, además, se desmarcó ayer de una eventual huelga de país indefinida como defienden los más radicales de JxCat.

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