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La adicción al móvil llega al psicólogo

Cada vez es más común tratarse para erradicar el uso enfermizo del teléfono. Los 'millenials' pasan siete horas al día con su 'smartphone'. El 65% de niños de entre 10 y 15 años tienen móvil

Raúl Cosano

Whatsapp
Un grupo de jóvenes consulta el ´smartphone´ a la salida de clase del Institut Vidal i Barraquer. Se reconocen enganchados al telefóno móvil, que usan incluso dentro del aula.  Foto: pere ferré

Un grupo de jóvenes consulta el ´smartphone´ a la salida de clase del Institut Vidal i Barraquer. Se reconocen enganchados al telefóno móvil, que usan incluso dentro del aula. Foto: pere ferré

Algunos gestos le delatarán: nada más levantarse lo primero que hace es mirar el móvil. Va al baño y se lleva el aparato para seguir consultándolo. Cruza una calle y lo hace sin mirar a un lado y a otro porque va absorto mirando la pantalla. Siente ansiedad si sale a la calle y se ha olvidado el teléfono en casa. Se agobia cuando se va a quedar sin batería. Si a usted le pasa eso quizás sea un nomófobo, alguien que experimenta miedo o angustia si no tiene al lado su celular. Es ya la enfermedad del siglo XXI, una dolencia que afecta sobre todo a los más jóvenes y que empieza a llenar las consultas de psicología y algunos centros de tratamiento de adicciones.

Así lo corroboran algunos profesionales de Tarragona. «Lo notamos en adolescentes y preadolescentes, y sobre todo vinculado a nuevas redes sociales como WhatsApp o Instagram. Y cada vez se da más en niños. No es que tengan teléfono, es que tienen un supermóvil. Hay mucha dependencia. He visto a chicos y chicas que cada tres segundos tenían que mirar la pantalla del teléfono», expone Enriqueta López, psicóloga infantil en Tarragona.


‘No se hace un uso correcto’
El smartphone ha trastocado nuestra cotidianidad y se cuela en el día a día. Esperando el bus, tomando un café o en clase; cualquier momento es bueno para desbloquear el móvil, enviar algún mensaje y mirar las últimas actualizaciones. «Empieza a ser un motivo muy importante para que vengan a la consulta. El móvil es ya como una prenda de vestir. No se está haciendo un uso correcto», asume Enriqueta López. Entre los mayores hasta se ha convertido en un riesgo añadido en la conducción de vehículos.

Estos cuadros, más o menos severos, forman parte de unas fobias modernas que han llegado para quedarse y a las que se adjudican neologismos diversos: WhatsAppitis’, para el uso constante de la aplicación; ‘phubbing’, la utilización enfermiza del smartphone; y la fomo (evolución de ‘fear of messing out’), para designar el ‘miedo a estar desconectado’. Más complicadas son las cosas aún si se entorpece, vía móvil, la relación de pareja. Un ejemplo: el llamado ‘síndrome del doble check’ responde al agobio producido al mandar un mensaje a la pareja y, estando en línea, comprobar que no contesta. «Es evidente que están aumentando muchísimo estas patologías, a nivel de jóvenes. Esta comunicación está sustituyendo la relación en vivo. Afecta a las relaciones entre las personas mayores. Hay gente, por ejemplo, que se queja de que no puede disfrutar de una cena romántica», cuenta Jaume Descarrega, presidente del Col·legi de Psicologia de Tarragona.

Los datos son elocuentes. Las personas nacidas después de 1990, consideradas nativas digitales, afirman utilizar el móvil una media diaria de 6 horas y 48 minutos. Esa generación, los popularmente llamados ‘millenials’, superan en cuatro horas a los nacidos entre 1951 y 1961, los que menos uso dan al móvil y cuyo consumo se sitúa en las tres horas.

Montserrat Gómez es psicóloga clínica y responsable de la sección de juego patológico del Instituto de Diagnòstic Psicològic (IDP) de Tarragona: «Es un problema que venimos detectando, sobre todo en los jóvenes. Quizás no llega como motivo específico de la consulta pero sí que acaba aflorando. Estamos alerta porque cada vez se compra el móvil más pronto al niño, con la justificación de que va a estar controlado. Hay una especie de opinión general para que el niño no se quede fuera y aislado, pero se están iniciando demasiado pronto».


Adictos sin darse cuenta
«Es algo que va en aumento, sobre todo por la cantidad de móviles que se venden. Lo que ocurre es que mucha gente es adicta pero no se da cuenta, aún no lo reconoce», cuenta el psicólogo tarraconense Juan Pedro Pérez.

Según la última encuesta del Idescat, relativa a 2016, sobre el uso de nuevas tecnologías, el 65,6% de los niños de entre 10 y 15 años ya tienen móvil. Supone un aumento de un 4% en sólo un año y de un 8% con respecto a 2014, cuando la cifra era de 57,8%.

La psicóloga de Tarragona Myriam Aberasturi también reconoce un incremento de estos cuadros: «Va en aumento. Lo noto en adolescentes y en la repercusión que tiene en los estudios, sobre todo a la hora de concentrarse. Les influye mucho negativamente también en las relaciones. El móvil les está extrayendo de otras áreas de su vida y hace que no estén presentes. Les absorbe». Lo principal es tomar conciencia del problema, algo no siempre sencillo. «Hay algunos adolescentes a los que si les quitas el móvil es como si les dejaras aislados. Cuando se retira el móvil, a veces la actitud es de rebote bestial. Lo que ocurre es que a veces los padres no dan ejemplo. Son ellos los que forman, junto con los otros padres, esos grupos de WhatsApp en el colegio y tampoco dan ejemplo en el sentido de no consultar el teléfono cuando se está en una comida. Hay chicos que pueden estar hablando todo un fin de semana con sus amigos por el móvil pero no quedar físicamente con ellos», desgrana Enriqueta López.

El aumento de las adicciones también es consecuencia directa de las mayores prestaciones que ofrecen los dispositivos que salen al mercado. La mayor parte de los teléfonos que se venden en la provincia ya son inteligentes.

El tratamiento a seguir no dista demasiado del que atañe a otras adicciones, aunque con una salvedad: aquí el objeto de la adicción no se puede desterrar por completo, sino racionalizar su uso. «Se trata de aprender a manejar ese instrumento de otra manera. Hay que reducir la presencia del móvil, pero sin eliminarla del todo. Se tienen que poner límites en los adolescentes», cuenta la psicóloga Myriam Aberasturi. Los expertos apuestan por limitar su uso. «Hay que trabajar conceptos como la autoestima. La persona tiene que saber el daño que le está haciendo el móvil. Hay medidas básicas como apagar el teléfono cuando se está estudiando», cuenta Enriqueta López.

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