Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

La alimentación conquista las redes sociales

Hábitos. La divulgación permite llegar a más personas, pero ha acentuado el intrusismo entre los dietistas-nutricionistas

Sílvia Fornós

Whatsapp
FOTO: GETTY IMAGES

FOTO: GETTY IMAGES

Cada vez son más los dietistas-nutricionistas que utilizan las redes sociales para darse a conocer profesionalmente. Instagram, Facebook o Twitter se han convertido en herramientas de trabajo y donde se reúnen miles seguidores. Basta con hacer una búsqueda en Internet para encontrar dietistas-nutricionistas, ‘influencers’ de alimentación, recetas, y todo tipo de recomendaciones y mensajes.  
La dietista-nutricionista Rosa Baró (Clínica Alomar de Reus) explica que «más que difundir pautas, la idea es darse a conocer, adquirir popularidad y credibilidad como expertos en nutrición y dietética, y visibilidad online». Reconoce que «tenemos una gran herramienta en el bolsillo, nuestro móvil, que nos permite explicar y difundir nuestros conocimientos, descubrimientos o estudios». 

Esta forma de trabajar conlleva ventajas e inconvenientes. Antes de la aparición de las redes sociales, amigos, conocidos y familiares eran las referencias, en cambio, ahora estamos a un click de buscar y encontrar todo tipo de opiniones en la red. 
«Las recomendaciones personales o poner cara al servicio que se ofrece, que buscamos, aporta humanización y proximidad, y es una forma de romper las barreras de la seriedad de un anuncio», argumenta Rosa Baró. En su opinión, también es una ventaja «no tener intermediarios para llegar de forma directa e inmediata a los usuarios». 

Las redes sociales permiten fidelizar clientes y llegar a más personas. Ejemplo de ello es que la nutricionista Virginia Gómez, conocida en redes sociales como ‘Dietista Enfurecida’, acumula 36,4 mil seguidores en Instagram; Carlos Ríos que asegura que «mi misión es luchar contra los ultraprocesados (Matrix) y devolver la comida real a la población a través del conocimiento», alcanza los 821 mil seguidores en la misma red social; Aitor Sánchez con ‘Mi dieta cojea’ divulga nutrición y ciencias de los alimentos a 206 mil seguidores; Juan Revenga acumula 15,2 mil seguidores; y Julio Basulto tiene, nada más y nada menos, que 65 mil seguidores en Instagram. 

«Sin filtro»
Conseguir estos niveles de popularidad tiene un precio. «Hay que dedicar mucho tiempo para estar al día, adquirir nuevos conocimientos y estar siempre conectado, incluso en vacaciones», asegura Rosa Baró. Confiesa que «tienes la sensación de pérdida de privacidad, recibir peticiones o preguntas sin ningún tipo de filtro o respeto en horas intempestivas». Otro de los inconvenientes, que apunta la dietista-nutricionista, es que «los usuarios se creen con el derecho de obtener servicios profesionales de manera gratuita o creer que estás siempre a su disposición». 

Intrusismo 
Este ‘boom’ también ha acentuado el intrusismo en la profesión. ‘Influencers’ que aparentan ser expertos se aprovechan de su popularidad para difundir todo tipo de mensajes. «Todo el mundo come y todo el mundo habla, con el auge de las redes sociales y la llegada de los influencers estas prácticas se pueden ver de forma más cotidiana. Especialmente dando consejos de nutrición, salud, alimentación,... A veces sin ética y realizando una mala praxis para aumentar sus followers, haciendo que la imagen del dietista-nutricionista esté totalmente distorsionada», advierte Rosa Baró. 

Al respecto, Nancy Babio presidenta del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Catalunya (CODINUCAT) reconoce que «el afán de algunos influencers de conseguir likes y retweets conlleva que profesionales no bien formados, o recién graduados, salgan a la palestra en las redes sociales y valoren cuestiones que requieren mucha cautela cuando se habla de salud pública». 
«La alimentación no es una moda. No todos debemos ser vegetarianos, seguir una paleodieta o ser veganos. Hay ciertos mensajes claves de salud pública que requieren de un consenso científico y de una evidencia científica», añade la experta porque «los profesionales tenemos una responsabilidad; lo importante es moderar el mensaje y no alarmar. Llega un momento en que la gente no sabe a quién creer cuando el título lo tienen todos». 

Conocer la máxima información sobre el autor/a de la información (credenciales, estudios, conflictos de intereses...), buscar más referencias y fuentes de todo el contenido y que otros profesionales del sector avalen la misma información son algunos de los consejos a seguir para discernir entre tanta información. «Una cosa es ser innovador y el otra es inventar mentiras o perpetuar mitos. Hay que ser críticos y hacernos preguntas de sentido común», aconseja Rosa Baró. 

Radicalismo
La presidenta del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Catalunya advierte que con determinados comportamientos es posible caer en el «radicalismo» en las redes sociales, donde se destierran determinados grupos de alimentos. «En el caso de la dieta vegetariana, el mensaje va dirigido a que nuestra dieta debe ser más vegetariana, esto significa que debe ser más rica en frutas, verduras y alimentos de origen vegetal», explica y añade que «todo lo contrario a crucificar determinados grupos de alimentos». 

«El radicalismo, en este ámbito, es promover un tipo de alimentación que puede llegar a ser perjudicial porque no están compensandos todos los nutrientes que se necesitan», puntualiza Nancy Babio y recuerda que «no todo es malo, y no todo lo saludable es tan bueno. Si solo como fruta y verduras puedo perjudicar mi salud también». 

Un riesgo 
El fomento de prácticas poco saludables; ofrecer consejos inadecuados por falta de conocimiento en la materia; confundir más si es posible a la población, que ya de por sí está confundida en algunos aspectos; propiciar la creación de mitos alimentarios; lucrarse vendiendo todo tipo de productos, suplementos innecesarios y en algunos casos perjudiciales son algunas de las consecuencias que enumera Rosa Baró y que ponen en riesgo la salud de la población a medio y largo plazo. 
También se fomenta la deseducación nutricional. «Y cuando finalmente una persona llega a un verdadero dietista-nutricionista, cuestiona lo que se le dice, puesto que la persona está acostumbrada a escuchar otro mensaje, le han aconsejado otra cosa que parece más fácil y milagrosa,... perdiendo credibilidad los que somos verdaderos profesionales en la materia», concluye la dietista-nutricionista Rosa Baró.
 

Temas

Comentarios

Lea También