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La campaña del 10-N, de la A a la Z

La campaña electoral que finalizó ayer ha sido la más corta de la democracia, pero ha sido tan polémica y tenido la suficiente intensidad que es posible poder contarla con todas y cada una de las letras del abecedario

PATRICIA DE ARCE Y SONIA LÓPEZ.

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Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Santiago Abascal (Vox), Pablo Iglesias (Unidas Podemos) y Albert Rivera (Cs) en el debate electoral. FOTO: EFE

Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Santiago Abascal (Vox), Pablo Iglesias (Unidas Podemos) y Albert Rivera (Cs) en el debate electoral. FOTO: EFE

Junto con la desconfianza, el aburrimiento es el principal sentimiento que despierta en los españoles la clase política.

Así lo aseguraba el CIS en un sondeo publicado pocos días antes de confirmarse la repetición electoral, demostrando así que hay mucho hartazgo y pocas ganas de volver a las urnas.

La incapacidad de los partidos para pactar después de las elecciones del 28 de abril ha llevado a esta nueva convocatoria. No está garantizado, no obstante, que el bloqueo político vaya a terminar después de los comicios que se celebran mañana domingo, en vista de lo que apuntan las encuestas y de los compromisos –o falta de claridad– de unos y otros sobre con quién pactarían y con quién no.

Tanto Pedro Sánchez como Pablo Casado insisten en esta campaña en que no habrá una gran coalición entre el Partido Socialista y el Partido Popular tras el 10N, aunque Pablo Iglesias está convencido de que los dos grandes partidos sí que acabarán pactando. Y el líder de Podemos reitera a Sánchez que pase lo que pase mañana seguirá pidiendo que la formación morada entre en una coalición de Gobierno con los socialistas. Un escenario del que, tras la experiencia posterior al 28A, no quieren ni oír hablar en el PSOE.

El Gobierno en funciones se ha llevado numerosas críticas por aprobar en estos meses varios Reales Decretos Ley, y no ha dejado de hacerlo en esta campaña, como ocurrió el pasado viernes con el de seguridad digital. Una norma que cuestionan internautas y juristas y por la que podrá cerrar páginas web del independentismo e intervenir las redes cuando afecten al orden público, la seguridad pública y la seguridad nacional.

En esta situación de bloqueo, las estrategias de los partidos son objeto del debate público. Incluso entre las propias formaciones políticas, que no solo critican al rival, sino también el camino que ha tomado o quién le ha asesorado en esa decisión. Ejemplo de ello es Iván Redondo, jefe de gabinete de la Moncloa y blanco de todas las críticas. A él le atribuyen que Sánchez haya optado por la repetición electoral.

Quien gane mañana no tiene por qué ser necesariamente el que más votos obtenga, ni el que más escaños sume. Quien gane será quien logre gobernar. Mejor no especular, visto lo que ha ocurrido desde el 28 de abril, cuando no parecía tan complicado un pacto, hasta ahora, que España se ve abocada a votar de nuevo.

Y del mismo modo que no se conoce al ganador, no está claro qué puede suponer una hecatombe para cada uno de los candidatos. ¿Será una hecatombe para Sánchez si pierde diputados tras convocar los comicios? ¿Lo será para Albert Rivera si se queda en la mitad de representación, como vaticinan algunas encuestas? ¿Lo será para Pablo Casado si no alcanza el ascenso que todos le auguran? ¿Lo será para Santiago Abascal si no ‘sorpassa’ a dos partidos? ¿Lo será para Iglesias si pierde muchos apoyos a costa de Íñigo Errejón? ¿Y cuál sería la hecatombe más temida de todas? Probablemente, que persista el bloqueo.

Todo está, en definitiva, más en vilo que nunca. Porque incierto es el panorama económico; incierto el contexto internacional con el «brexit» y las guerras comerciales; incierto el futuro de la situación en Catalunya e incierto el resultado de las urnas.

La Junta Electoral Central ha tenido, como es habitual, su protagonismo en esta campaña. Y además tomó una decisión inédita en democracia, la de abrir un expediente contra el presidente del Gobierno, por dar a La Sexta una entrevista desde la Moncloa.

Han sido muchos menos que en otras campañas, y no solo porque ésta ha durado ocho días en lugar de quince, sino porque los candidatos no han centrado todas sus energías en recorrer cuantas más ciudades mejor. Buena parte de sus energías las han dedicado a las entrevistas y la presencia en los medios de comunicación.

A Pedro Sánchez le perdió su locuacidad el miércoles en una entrevista en Radio Nacional de España, cuando dijo que la Fiscalía depende el Gobierno. Un error por el que se ha disculpado y que le ha acompañado en este final de la campaña.

Una vez más, los candidatos a la Moncloa de los principales partidos son todos hombres, dejando claro que la política española todavía tiene mucho camino por recorrer en materia de igualdad. Aunque hay que admitir que la paridad está presente en las listas y es cada vez más visible en las instituciones.Incluido el Congreso, que entre sus deberes para la próxima legislatura tendrá previsiblemente el refuerzo de la lucha contra la violencia machista.

Hacer coincidir la repetición electoral con una sentencia histórica, como la del «procés», es algo que muchos le han echado en cara a Sánchez. La condena de entre nueve y trece años a los líderes del «procés» ha provocado una oleada de protestas y disturbios violentos sin precedentes, que han convertido a Catalunya, otra vez, en el tema principal de una campaña. Y en lugar de hablar de educación, sanidad o dependencia se ha hablado de indultos, soberanía o desobediencia. Algunos, como Vox, incluso, han aprovechado la ocasión para hablar de ilegalizar partidos independentistas.

El nombre del presidente de la Generalitat ha sido uno de los que más presentes ha estado en esta campaña, no solo por su papel en las protestas contra la sentencia del «procés», sino también por su presencia en el sumario contra los CDR, con quienes a última hora ha negado vinculaciones. Eso sin olvidar sus llamadas sin respuesta en precampaña a Pedro Sánchez, quien no ha dejado de pedirle que denuncie sin paliativos la violencia del independentismo radical y advertirle de que no habrá diálogo si persiste la vía unilateral.

La que dice tener Sánchez para formar gobierno. Promete que si gana habrá Gobierno en diciembre y presupuestos en el primer trimestre del año. Mucho habría que correr para cumplir esa promesa, y mucho tendrían que cambiar las tornas para que la disposición de unos y otros fuera pactar en tiempo récord. Y no será porque los españoles no estén pidiendo también esa urgencia, cansados de esta interinidad.

La lucha contra los males de la despoblación es otro de los grandes retos que tendrá que afrontar el próximo gobierno. Y los partidos han estado muy pendientes de esa España vaciada, porque en ella, en la veintena de provincias menos pobladas, se juegan algunos escaños que pueden ser decisivos. Esta vez, sin embargo, se encuentran con todo un movimiento social, que harto de ser olvidado, quiere entrar en el Congreso: Teruel existe.

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