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La crisis territorial centrará los debates electorales de 2019

La confrontación sobre la situación política en Catalunya, históricamente, es un escenario favorable para Partido Popular, Ciudadanos y Vox, pero es letal para el PSOE y Podemos

Ramón Gorriarán

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Sánchez y Torra se estrechan la mano el pasado 20 de diciembre antes de la reunión que mantuvieron en Barcelona. FOTO: EFE

Sánchez y Torra se estrechan la mano el pasado 20 de diciembre antes de la reunión que mantuvieron en Barcelona. FOTO: EFE

La crisis de Catalunya va a inundar los debates electorales que se avecinan en 2019, y que no serán pocos. Las municipales, autonómicas y europeas se celebrarán el 26 de mayo; las generales es probable que se convoquen en otoño; y no hay que descartar nuevos comicios en Catalunya. La confrontación por la política territorial divide y desmoviliza a la izquierda, muy segmentada ante este debate, pero une y moviliza a la derecha, siempre cohesionada en defensa de la unidad nacional. 

 Las últimas convocatorias electorales, Catalunya y Andalucía, han demostrado que en la dialéctica territorial las posiciones extremas rentabilizan sus posturas mientras que las tesis conciliadoras son penalizadas. El independentismo y Ciudadanos fueron los triunfadores de los comicios catalanes del 21 de diciembre de 2017 con discursos maximalistas que aplastaron las posturas intermedias de socialistas y comunes.

Los liberales, PP y Vox protagonizaron con un lenguaje aguerrido un histórico cambio en Andalucía el 2 de diciembre pasado en detrimento de PSOE y Adelante Andalucía. Ante los desafíos territoriales, el electorado de la izquierda se fractura entre fieles irredentos y disconformes con la estrategia. Un problema que no tienen las formaciones conservadoras, cuyo ejército electoral no entiende de matices, crece y se moviliza como un solo hombre ante el riesgo, cierto o exagerado, de la disgregación nacional. 

La brecha ante el modelo territorial entre la derecha y la izquierda se ha agrandado

Los estudios demoscópicos demuestran que se ha agrandado la brecha ante el modelo territorial entre la derecha y la izquierda. Entre el 51% y 55% de los votantes de PP y Ciudadanos quiere una España sin autonomías o con menos competencias, según el sondeo del CIS de noviembre. En cambio, los votantes socialistas y de Podemos entre el 59 y 63% defienden el modelo territorial como está configurado o con más autonomía para las comunidades. Por resumir, la derecha demanda centralización y la izquierda, igual o más descentralización. 

Estas posturas ante una crisis como la de Catalunya emergen con toda su crudeza. Los expertos en sociología electoral coincidían en que las políticas de la derecha con José María Aznar y Mariano Rajoy eran una fábrica de independentistas. Ese mismo consenso se ha dado la vuelta en los últimos años, y los soberanistas se han convertido en una fábrica de conservadores jacobinos.
Diferencias socialistas 

Entre sus elementos cohesionadores sobresale su oposición frontal hacia la postura dialogante del Gobierno socialista con los independentistas de la Generalitat de Cataluña. Un común denominador que no existe en la izquierda. Los socialistas no cierran filas con la estrategia de Pedro Sánchez, y algunos barones como la andaluza Susana Díaz, el castellano-manchego, Emiliano García-Page, y el aragonés Javier Lambán, airean sin rubor las diferencias. En el universo socialista cohabitan estas posiciones con las ideas federalizantes del catalán Miquel Iceta o de la balear Francina Armengol.

Unas discrepancias que se capilarizan en su electorado y encuentran su mejor cauce de expresión en la abstención. El PSOE perdió en Andalucía 400.000 votos que, en su mayoría, se quedaron en casa, y en menor medida se trasvasaron a otros partidos «más firmes» en la defensa de la unidad de España. Lo mismo se puede decir con Unidos Podemos, que vio evaporarse 300.000 sufragios, aunque en su caso intervienen además otros factores. Cataluña puede convertirse en la tumba del socialismo y la rampa de lanzamiento de fuerzas como Vox, tan atractivo hoy entre la derecha como lo fue Podemos entre la izquierda hace cuatro años.    

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