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La huelga de deberes escolares no entusiasma por igual a los padres

Asociaciones, familias y profesores no se ponen de acuerdo sobre si los niños deberían llevar trabajo del cole a casa

Norián Muñoz

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Un grupo de niños hace deberes en la biblioteca pública. Foto: Pere Ferré/DT

Un grupo de niños hace deberes en la biblioteca pública. Foto: Pere Ferré/DT

«Cuando escuché la noticia de que proponían boicotear los deberes me sentí satisfecha. Por fin se habla en serio de algo que parece menor. He llegado a maldecir por dentro a la maestra por amargarnos tantas tardes y noches mandando a mi hija de nueve años esa montaña de deberes. Ahora , seamos sinceros, ir al boicot me da miedo. La niña puede llegar el lunes al cole y encontrarse con que es la única que no los ha hecho. No estoy segura de atreverme; me acuerdo de más de una reunión de padres en las que unos se quejaban de que había muchos deberes y otros justamente de lo contrario». Así opina Montse, madre de una niña que este año ha pasado a cuarto de primaria en una escuela pública.

Se refiere a la campaña de la Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa) con el objetivo de eliminar por completo los deberes escolares. Proponen comenzar pidiendo a los profesores que no manden trabajo para casa los fines de semana durante el mes de noviembre. Si lo hacen, llaman a los padres a boicotearlos.

Pero todo parece indicar que la división de opiniones que divisa Montse entre los padres de la clase de su hija es la norma general. El mismo día que la Ceapa hacía su propuesta, otra asociación estatal , la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y padres de Alumnos (Concapa), que representa a unos tres millones de familias de la escuela privada concertada, remaba en contra. Su presidente, Pedro Caballero, aseguraba que «jamás admitiremos que se llame a la insumisión. Eso supone educar a los niños en que las normas no sirven para nada».

Diversidad de opiniones

Lluis Pallejà, presidente de la junta territorial en Tarragona de la Federació d’Associacions de Mares i Pares d’Alumnes de Catalunya (FAPAC), apunta que en el territorio, cada vez que se ha intentado conseguir una posición unánime de la federación al respecto se han encontrado con diversidad de opiniones. Cuenta que hay quienes piensan que los deberes escolares son necesarios y que son una forma de controlar en casa lo que se está haciendo en el colegio, mientras hay quienes creen que no deberían existir porque suponen una sobrecarga después de la larga jornada escolar.

Una encuesta informal con algunos padres que aprovechaban ayer con sus hijos del día festivo en Tarragona daba fe de la diversidad de opiniones. Alejandro, padre de dos niñas de 10 y 15 años, está convencido de que iría al boicot si la propuesta se concreta. «Este verano pasado por primera vez decidimos que, como las niñas ya habían trabajado bastante durante el año y sacado buena notas, no iban a hacer deberes ni cuadernillos de verano». Tiene poco tiempo para estar con las niñas y cree que el exceso de deberes perjudica la convivencia familiar «y además no tienen tiempo de jugar, de ser niñas».

Carlos, por el contrario, explica que en su escuela, concertada, al menos hasta sexto de primaria sus hijos apenas han traído deberes como tal, porque la política del centro es sólo mandar para casa lo que no se ha podido hacer en clase. De momento lo llevan bien.

Y también hay quienes, como Carmen, no están contentos pero tampoco harían boicot, porque creen que trabajar un poco en casa para reforzar los contenidos que se han visto en clase es algo positivo. Eso sí, reconoce que hubo momentos puntuales en que el año pasado hizo parte de los deberes a su hija, que ha comenzado quinto de primaria, para que se pudiera ir a la cama a la hora. A su hijo, por el contrario, que ya estaba en sexto, apenas le mandaban nada. Los niños van a la misma escuela, pero lo de poner o no deberes es territorio de cada profesor.

Docentes sin unanimidad

Si no hay acuerdo entre padres, entre los docentes, tampoco, apunta Josep Maria Cartanyà, profesor de Secundaria y representante del sindicato USTEC-STEs, quien reconoce que este es uno de esos temas en los que se cumple la tan manida frase de que ‘cada maestrillo tiene su librillo’. Y agrega que «los temas pedagógicos son complicados».

Considera Cartanyà que eliminar los deberes sería un error, porque hay habilidades que sólo se consiguen con la práctica, pero considera que deberían tener un volumen adecuado y ser equilibrados durante la semana. Es en este punto que cree que la organización tiene que partir de la propia escuela. Sostiene que hay que huir de la tendencia a un proteccionismo mal entendido por parte de los padres hacia sus hijos y confiar más en el criterio de los profesionales. Cree que en la escuela, como a lo largo de la vida, se debe potenciar la cultura del esfuerzo.

El contenido, la clave

Pero a pesar de las diferencias, en lo que sí hay más acuerdo es en que hay que revisar el contenido de los deberes para que no se conviertan en actividades mecánicas que no aportan nada. «Recuerdo con impotencia ver a mi hija haciendo deberes de matemáticas en los que le hacían copiar íntegro el enunciado de todos los problemas», cuenta Alejandro.

Pallejà, de la Fapac, cree que habría que distinguir los buenos de los malos deberes y que estos deberían ser vistos como una forma de reforzar lo que se ha visto y nunca para avanzar el curriculum que no ha podido verse en clase. Cree que tanto en los deberes como en el modelo ejecutivo en general debería tenerse más en cuenta que lo que más funciona es el ‘learning by doing’, aprender haciendo.

En su opinión, momentos como los de los deberes deberían servir para alimentar en los niños y adolescentes sus ansias por saber. Apunta que después de una vida entera haciendo deberes muchos alumnos llegan a la universidad y no son capaces de demostrar que saben cómo acceder a los conocimientos.

También habría que tener en cuenta la diversidad del alumnado y tratar de que los deberes ayuden a cada uno a llegar a su mejor nivel.

Finalmente, la otra gran pata de la discusión es la social. Pallejà entiende que muchas familias se sientan incómodas porque no tienen tiempo o la formación necesaria para acompañar a sus hijos con los deberes. En general, así no hacen más que aumentarse las diferencias porque las que tienen ingresos inferiores también son las que suelen contar con menos apoyo.

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