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La inmobiliaria trotskista

House Finques, en Valls, quiere "atacar al capitalismo desde el capitalismo"

Rafael Servent

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David Flor junto a Aleida Guevara. Foto: Cedida

David Flor junto a Aleida Guevara. Foto: Cedida

Un posado con Juan Manuel Sánchez Gordillo. Foto: Cedida

Un posado con Juan Manuel Sánchez Gordillo. Foto: Cedida

David Flor (Vila de Gràcia, Barcelona, 47 años) muestra su colección de selfies en el móvil. Se queda con dos: el que se tomó con Aleida Guevara, hija del ‘Che’, y el posado con Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde comunista de Marinaleda. Como ellos, David Flor es comunista. En concreto, trotskista. Y por eso ha montado una agencia inmobiliaria.

«Como persona de izquierdas, esto es un trabajo cualquiera, pero como decía Marx, al capital hay que combatirlo con sus propias armas: montar una inmobiliaria revolucionaria es atacar al capitalismo desde el capitalismo», argumenta.

En House Finques, en Valls, no se aceptan viviendas procedentes de desahucios (sólo admiten pisos de bancos si son fruto de una dación en pago con la que el antiguo titular quede liberado de todas sus deudas), ni se trabaja «con capital privado» (es decir, prestamistas).

Cuenta David Flor que sus comisiones sobre la venta son inferiores a las del sector (un 3% frente a entre el 5% y 6% que asegura que suele ser habitual), y que sólo ofertan viviendas que tengan un precio justo de mercado. «Montar una inmobiliaria revolucionaria –explica– es bajar el precio de la vivienda, mentalizando a propietarios y compradores de su valor real».

Entre el 1% y el 2% del beneficio neto de cada operación de compraventa lo destina a obra social. David Flor habló con la gente de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en Valls «para colaborar en la lucha» con una contribución económica, pero lo rechazaron. «Querían ser totalmente independientes para no ser manipulados por nadie, lo cual me parece muy bien», explica.

Así que ese porcentaje sobre el beneficio de sus operaciones se lo entrega hoy «al Pare Joan», que gestiona un comedor social en Valls llamado La Taulada. Cuando lleguen las primeras ventas. Porque, de momento, en los poco más de dos meses que lleva en marcha este negocio (o proyecto activista) sólo ha cerrado operaciones de alquiler.

Junto a su trotskismo, Flor proclama su ateísmo. Pero si ser trotskista no sólo no le ha impedido montar una agencia inmobiliaria, sino que incluso lo ha incentivado, a nadie debería extrañarle que sus donaciones vayan a un religioso. Para él, lo único que importa es que «el Pare Joan está haciendo una gran labor para dar comida a familias sin recursos».

David Flor tiene sus razones para lo que hace. Razones biográficas, personales. Trabajaba en la Seat de Martorell. En el año 2005, un ERE le dejó en el paro, junto a otros 700 trabajadores. «Tuve que buscar un trabajo de vigilante de seguridad. De ganar 3.000 euros al mes pasé a 1.000 euros. Pero yo tenía pagos cada mes por 3.000 euros. Terminé buscando comida en la basura. Con esta experiencia, tengo que ayudar a la gente que estaba como yo. Cuando lo estás pasando medio bien, tienes que acordarte de eso».

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