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La pobreza energética retorna el butano a los hogares de Tarragona

La bombona, un combustible incómodo pero más barato, regresa como alternativa al gas, sobre todo en pisos de alquiler en las zonas de las ciudades más castigadas por la crisis
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Pepi Ramos, vecina del barrio Mas Pellicer de  Reus, lleva muchos años utilizando butano. Foto: Alba Mariné

Pepi Ramos, vecina del barrio Mas Pellicer de Reus, lleva muchos años utilizando butano. Foto: Alba Mariné

«Han vuelto las estufas de butano, no por ahorrar, sino por disponibilidad de dinero. Si tienes calefacción eléctrica, cuando no pagas te acaban cortando la luz. En cambio, con el butano vas tirando. Cuando tienes dinero pagas una bombona y te calientas», explica Antoni Peco, presidente de la Associació de Veïns de La Floresta, una entidad que ha acudido al rescate de la pobreza energética. «Estamos ayudando a los vecinos a comprar estufas de butano, la catalítica, la de toda la vida», añade Peco.

Un bloque de Campclar, en la zona más cercana a Bonavista, ofrece otro ejemplo ilustrativo. «En el edificio somos 24 y todos teníamos gas ciudad, pero desde hace un tiempo la gente se ha ido cambiando. Unos 12, la mitad de los vecinos, ya se han cambiado, porque sale mucho más económico. Puedes pasar de pagar 100 euros por el gas a 40 como mucho», indica Manuel Pelado, presidente de la Associació de Veïns La Cuarta, de Campclar.

 

Cuando el camión pasa más

La circunstancia ha cambiado incluso los hábitos y las rutinas en el paisaje urbano. En esa zona de los barrios tarraconenses de Ponent el camión de las bombonas, que pasaba antes una vez a la semana, transita hasta en tres ocasiones, para poder satisfacer la demanda vecinal en la zona. «Con la bombona siempre puedes tirar un poco más. Se empieza a ver a gente que se cambia. Hay que ahorrar. No queda otra», se resigna Ramón López, presidente vecinal en Bonavista.

La pobreza energética ha reinstalado la bombona de butano en hogares de Tarragona, a los que la crisis les ha hecho apostar por una energía más incómoda y algo más insegura pero también más barata. Aumentan los riesgos de accidente doméstico y se pierde calidad de vida. «Es una realidad. Hay mucha gente que está volviendo al butano, sobre todo en los barrios de la periferia pero también en el centro. Cada vez hay más casos. Mucha gente se cambia por economía. Con el gas ciudad vas gastando y no te das cuenta y al final la factura te da una sorpresa desagradable», expone Pedro Sánchez, presidente de la Federació d’Associacions de Veïns Segle XXI.

El Gremi d’Instal·ladors del Baix Camp también ha notado este cambio de tendencia en el uso de energías como el butano. El presidente del gremio, Rafael Gómez, explica que muchas personas optan por reconvertir la instalación. «Lo que la gente hace es llamar a un instalador para que le cambie la conexión del gas por la de butano», afirma. Él mismo apunta que quienes optan por este cambio lo hacen «para ahorrarse pagar los términos mínimos del suministro, ya que si se utiliza una bombona de butano es la persona la que controla el gasto y no tiene que pagar de base ninguna cantidad por el suministro».

A pesar de que el precio del butano también se ha incrementado –en torno a un 6%–, su mayor potencial calorífico en comparación con el gas y, fundamentalmente, la ausencia de las partidas fijas en los recibos, lo convierten en un recurso cada vez más valorado en el seno de las precarias economías familiares. La escalada del precio de la electricidad, cuyo precio ha subido más del 60% en los últimos diez años, ha sido otro factor para que las familias tiren otra vez de los viejos combustibles.

Desde el Gremi d’Instal·ladors del Baix Camp señalan que esta tendencia, que se da desde los último años, es algo propio de los pisos de alquiler. «Los propietarios de inmuebles que alquilan son quienes más reconversiones de instalaciones hacen, de este modo pueden abaratar el coste de arrendamiento», explica el presidente del gremio.

 

El precio de la reconversión

El coste de la reconversión oscila entre los 100 y 150 euros, una cantidad que según Rafael Gómez hay que ver como «una inversión» que a largo plazo se amortiza con el ahorro que supone no tener que pagar los mínimos del suministro. «Utilizar una caldera de gas para calentar el agua supone un coste más elevado, del mismo modo que cualquier tipo de reparación resulta más cara». Desde el Gremi d’Instal·ladors del Baix Camp apuntan que durante el último año la cifra de hogares que ha reconvertido su instalación llegaría a las 150 sólo en la comarca del Baix Camp.

Aunque parece que esta situación beneficia a los profesionales del sector, el presidente del gremio señala que esto es un «espejismo». «Si bien la gente opta por reconvertir la instalación, no podemos olvidar que en nuestra profesión existe intrusismo laboral, y cualquiera se cree capacitado para hacer el cambio, cuando debería hacerlo un profesional», concluye el presidente del Gremi d’Instal·ladors del Baix Camp.

 

Menos gas natural

En ese contexto cambiante, el consumo de gas natural ha descendido en los últimos años en la provincia. El empleo doméstico y comercial de esa energía retrocedió un 12% en las comarcas tarraconenses durante el último año, algo que la compañía, Gas Natural Fenosa, justifica por haber sido 2014 un año especialmente caluroso. Sin embargo, la tendencia a largo plazo va en esa línea descendente:de 2012 a 2013 se redujo un 12,7%el consumo de gas en la provincia, según el informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Cogiendo aún más perspectiva histórica, se percibe que el descenso es más acusado. En 2008, todavía en años de crecimiento, el consumo de gas natural en la provincia se situó en los 29.270.608 MWh, mientras que en 2013 el dato bajó a los 20.733.708 MWh. Supone un descenso de un 29% en esos seis años.

El informe sobre la pobreza energética en Catalunya establecía: «Es indiscutible que actualmente el butano es una fuente básica de energía para muchas personas que pueden ser consideradas vulnerables».

Según la Estadística de distribució personal de la renda i de risc de pobresa publicada por el Idescat, 385.100 ciudadanos en Catalunya –el 5,2% de la población– no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada. Ante esa situación, en muchos hogares ha vuelto a ganar protagonismo el naranja característico del butano, y el ritual clásico del reparto a domicilio.

En líneas generales, una familia de cuatro personas puede pasar con una bombona al mes, lo que cuesta 17,5 euros. En cambio, la factura de Gas Natural –variante en función del mes– puede salir por el doble de precio. En tiempos de carencia y privación, la llamada energía de los pobres se ha convertido en el último recurso.

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