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La pobreza recluta yihadistas

El engaño de la propaganda radical islámica, la falta de educación así como los escasísimos recursos incitan a los albaneses a radicalizarse y convertirse en terroristas que combaten en Siria Reportaje | La mayoría de los convertidos provienen de ‘buenas familias’ comunistas, poco vinculadas al Islam

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Vecinos del pueblo de Leshnicë, donde el imán de la mezquita, Almir Daci, reclutaba a los jóvenes para ir a combatir a Siria. FOTO: EFE FOTO: EFE

Vecinos del pueblo de Leshnicë, donde el imán de la mezquita, Almir Daci, reclutaba a los jóvenes para ir a combatir a Siria. FOTO: EFE FOTO: EFE

Mimoza Dhima

El pueblo de Leshnicë, cerca de la ciudad de Pogradec, en la frontera macedonia, un antiguo bastión comunista durante la dictadura de Enver Hoxha, quien en 1967 proclamó Albania el primer país ateo del mundo, se ha convertido ahora en el principal foco de los yihadistas albaneses.

El imán de la mezquita de Leshnicë, Almir Daci, el albanés más importante en la jerarquía de los combatientes yihadistas en Siria y otros dos jóvenes del pueblo, Ervis Alinji y Bledar Hamza, han perdido posiblemente la vida luchando por el Estado Islámico (ISIS).

Tanto el imán Daci, cuyo nombre de guerra es Abu Bakr al-Albani, como el joven Ervis, que se supone murió en 2013 en los combates en Siria, provienen de «buenas familias» comunistas, como la mayoría de los campesinos de Leshnicë que tienen poco que ver con la religión musulmana.

«De nuestra familia solo Ervis iba a rezar a la mezquita», dice a Efe Hamdi Alinj, de 60 años, padre de otros dos hijos.

Ervis trabajaba como jornalero en la construcción y en la agricultura en la vecina Grecia que, hundida en la crisis, no le pudo ofrecer ya trabajo y ganancias para su pobre familia.

«Ervis cambió de actitud y apariencia desde que empezó a frecuentar la mezquita de Daci. Me sorprendió cuando cortó los pantalones nuevos que le había comprado (porque no se adaptaban a sus nuevos cánones), quemó los álbumes de fotos familiares y no quiso ya celebrar la fiesta de Ramadán con nosotros porque decía que su fe se lo prohibía (los radicales lo celebran en otra fecha)», revela su madre, Hurma.

En febrero de 2013 se marchó de casa sin avisar a sus padres, a los que luego dijo encontrarse en Alemania buscando trabajo.

Desde marzo de aquel año, los padres no tienen noticia de él, aunque descartan que haya muerto, y con ojos llenos de lágrimas, culpan a Daci de su radicalización y desaparición.

Pese a que los familiares de Daci dieron al clérigo por muerto en abril pasado, su fallecimiento no ha sido confirmado oficialmente y contra el imán existe una orden internacional de captura por combatir presuntamente en el extranjero, así como por propaganda e incitación a actos terroristas.

Según la Justicia albanesa, Daci formaba parte, con otros tres imanes condenados en mayo pasado a penas de hasta 18 años de prisión, de una célula que reclutaba y enviaba combatientes albaneses a luchar junto a grupos terroristas.


Sin trabajo
Se cree que más de cien albaneses combaten en el antiguo Frente al-Nusra y el ISIS, y según datos de los servicios secretos, han sido radicalizados en mezquitas, construidas con fondos de países árabes y fuera del control de la Comunidad Musulmana Albanesa. Según la prensa albanesa, cobran entre 1.000 y 1.500 euros mensuales.

El flujo de los albaneses hacia Siria ha caído drásticamente desde 2014, cuando el Parlamento aprobó leyes antiterroristas que castigan con hasta 15 años de cárcel a los reclutados. «Nuestro pueblo no es nada creyente. Hace 10 años no había ni siquiera una mezquita. De mi generación, de 40 años para arriba, no va nadie a rezar a la mezquita. Solo hay unos pocos jóvenes que se han radicalizado porque fueron engañados por Daci», afirma a Efe Alban Hoxhallari, el capataz de Leshnicë.

Explica que otro motivo de la radicalización de estos jóvenes es la pobreza y la falta de perspectivas de futuro, ya que la aldea carece de tierra cultivable, y muchos viven del trabajo ocasional que consiguen en Grecia.

«¿Cómo se puede vivir en un lugar donde te gusta trabajar, pero no ganas nada?», se pregunta Drini, padre de tres hijas, quien se queja de la falta de atención y ayuda estatal.

Las 500 familias de esta aldea viven de la cría de vacas y de los 50.000 lek (unos 360 euros) que ingresan por la venta de uva por toda una temporada.

Albania, con una población de mayoría musulmana, forma parte de la coalición mundial contra el Estado islámico. Este año, por iniciativa del primer ministro, Edi Rama, se impartirán por primera vez clases de religión en las escuelas para que los jóvenes «no caigan presos de las redes de la propaganda extremista».

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