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La reforma electoral de Rajoy daría más poder a CiU en la demarcación

Los convergentes conseguirían de forma directa mayoría absoluta en Tortosa y Valls y les beneficiaría en Reus y Salou. El PP vería reducidos drásticamente sus concejales
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Foto de familia de los concejales de Tarragona el día de la constitución del Ayuntamiento. Foto: Lluís Milian

Foto de familia de los concejales de Tarragona el día de la constitución del Ayuntamiento. Foto: Lluís Milian

La reforma de la ley electoral que el PP presentó recientemente beneficiaría en la demarcación de Tarragona principalmente a CiU y, paradójicamente, perjudicaría a su propio partido. La reforma pretende reforzar al partido más votado –para evitar los pactos que han desalojado del poder al PP en los principales Ayuntamientos del Estado– y contempla una segunda vuelta en los comicios.

Si se aplicasen esos principios a los resultados del pasado 24 de mayo en los municipios más poblados de Tarragona el mapa electoral daría un vuelco. El cálculo parte de los resultados que Unió y Convergència obtuvieron como coalición, rota ya para siempre por el proceso soberanista, un proceso que puede llevar a que la ley electoral española ya no se aplique más en Catalunya. Además, a menos que la apruebe a todo prisa, la reforma sólo se llevará a cabo si el PP renueva el poder en España tras las generales previstas para noviembre.

 

Mayoría absoluta con el 35%

El partido de Mariano Rajoy quiere modificar el artículo 180 de la actual Loreg (Ley Orgánica del Régimen Electoral General) para que «cuando una candidatura obtenga la mayoría simple, haya superado el 35 por ciento de los votos válidos emitidos en la circunscripción y distancie, al menos, en cinco puntos porcentuales a la siguiente candidatura, obtendrá automáticamente la mitad más uno de los puestos de concejal en el Ayuntamiento».

Sin tener en cuenta los municipios donde el ganador ya ha obtenido mayoría absoluta y, por tanto, no les afecta la reforma (Vila-seca, Amposta, Montblanc, Móra d’Ebre, Gandesa y Falset), de los diez municipios más poblados de Tarragona y de las restantes capitales de comarca sólo Valls cumple esa condición.

El candidato de CiU y de nuevo alcalde, Albert Batet, obtuvo nueve de los 21 concejales gracias a sus 3.609 votos (el 37,10%). El siguiente partido más votado fue ERC con 1.724 sufragios (17,72%) lo que le supuso cuatro ediles. Con la reforma de Mariano Rajoy, CiU tendría directamente 11 concejales y la mayoría absoluta. Ahora Batet gobierna en coalición con Esquerra para garantizarse la estabilidad pero también de cara a los comicios catalanes del 27 de septiembre.

El PP pretende también que si una candidatura ha obtenido un 30% de los votos válidos pero distancia, al menos, en diez puntos a la siguiente candidatura, obtenga también la mayoría absoluta. Es el caso de Tortosa.

Ferran Bel, el aspirante de CiU, logró 4.633 votos el pasado 24 de mayo, es decir, un 34,34% de los sufragios emitidos, lo que se tradujo en ocho de los 21 concejales. No llega por poco al 35% mínimo que prevé la reforma electoral, pero sí que supera en más de diez puntos al segundo partido más votado, que fue Esquerra, con 2.261 votos (16,76%) y cuatro ediles. Por tanto, Bel también conseguiría la mayoría absoluta y la pérdida de cuatro concejales respecto a 2011 no se hubiese notado en la práctica. Bel gobierna ahora en minoría un consistorio con seis partidos (los ya mencionados CiU y ERC y MT-E, PSC, CUP y PP).

¿Pero qué pasa cuando el partido ganador ha obtenido menos del 30% de los votos? Fue el caso de municipios tan importantes como Tarragona, Reus, El Vendrell, Cambrils, Salou y Calafell. Aquí es cuando el PP prevé una segunda vuelta.

«Se celebrará un nuevo proceso electoral –dice el texto que pretende aprobar el PP– entre las candidaturas que hubieran obtenido, al menos, el 15 por ciento de los votos válidos emitidos en la circunscripción, que no podrán ser distintas a las que concurrieron en primera vuelta, quedando expresamente prohibidas las coaliciones o uniones de candidaturas». Lo que no especifica es qué pasa cuando sólo hay un partido que tenga ese mínimo del 15%. Es lo que sucedió en Tarragona, donde el PSC consiguió nueve ediles en virtud de sus 14.486 votos, el 28,49%. Le siguió Ciudadanos con 7.257 votos y cuatro ediles pero ‘sólo’ el 14,27% de sufragios. Por tanto, Ciudadanos no pasaría el corte para aspirar a la segunda vuelta.

La situación es similar en El Vendrell: el PSC se llevó el 18,26% de los votos válidos (2.452 papeletas y 4 ediles). La segunda fuerza más votada, CiU, se quedó en el 13,88% de votos (1.863 sufragios y 3 concejales).

 

Segunda vuelta en Reus

Donde seguro que se hubiese producido una apasionante segunda vuelta es en Reus: entre el actual alcalde, Carles Pellicer, y el aspirante de la CUP, David Vidal. El stablishment convergente y la revolución ‘cupera’ cara a cara y en solitario. CiU se llevó el 21,33% de los votos el 24 de mayo y la CUP, el 17,67% (siete y seis ediles, respectivamente). Ciudadanos se quedaría fuera de la segunda vuelta por los pelos. Tuvo el 14,34% de los sufragios (cuatro concejales).

Tras esa segunda vuelta, la reforma del PP prevé que «a la candidatura mayoritaria, si hubiera obtenido más del 40% de los votos válidos emitidos, o distanciase en al menos 7 puntos a la siguiente candidatura, se le adjudicaría la mitad más uno de los puestos de concejal del ayuntamiento y los escaños restantes se distribuirían entre las demás candidaturas, en función de los resultados obtenidos por cada una de ellas en la primera vuelta». Es decir, si en esa hipotética segunda vuelta Pellicer hubiese logrado ampliar su distancia de los actuales 3,66 puntos a los 7, sus 7 ediles actuales se convertirían en justo el doble, 14.

 

Menos a repartir

Al no entrar en la segunda vuelta –y si el partido mayoritario cumple las condiciones– los partidos minoritarios saldrían malparados ya que habría menos escaños a repartir entre el mismo número de partidos. Eso perjudicaría especialmente al PP en varios municipios, como podría ser el caso de Tarragona (se repartirían los 13 escaños ‘sobrantes’).

También habría segunda vuelta en Salou (entre CiU y Ciudadanos), Cambrils (ERC, CiU y NMC) y Calafell (CiU y PSC). Por tanto CiU también saldría beneficiada en Salou y Calafell ya que al menos tendría la posibilidad de llegar a la mayoría absoluta, sobre todo en Salou, donde CiU ya tiene una ventaja de más de siete puntos respecto a Ciudadanos –27,39% frente a 16,26%– y le dobla en concejales:ocho y cuatro. Los 8 ediles de CiUpodrían convertirse en 11.

Yuna última hipótesis: ¿Qué sucede si tras la segunda vuelta, nadie obtiene ni el 40% de votos o la distancia esinferior a los 7 puntos? El PP no se complica:queda todo como estaba tras la primera vuelta de los comicios.

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