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La tabla periódica sopla 150 velas

Química. Este año se cumple un siglo y medio desde que la creara el científico ruso Dmitri Ivánovich Mendeléyev 

Glòria Aznar

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La tabla periódica sopla 150 velas

La tabla periódica sopla 150 velas

La tabla periódica de los elementos cumple este 2019 un siglo y medio de vida, una efeméride que se celebra por todo lo alto con un Año Internacional destinado a su difusión y que llega de la mano de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). 

Los festejos arrancaron el pasado día 5 en Barcelona, en el Institut del Teatre y Tarragona acogerá su clausura, el 14 de noviembre. Hasta entonces se han programado actos de diversa índole dirigidos a diferentes colectivos, desde escuelas e institutos al público en general y tendrán lugar exposiciones, conferencias, coloquios y espectáculos diversos.

El Institut d’Estudis Catalans y la Societat Catalana de Química son las entidades impulsoras de las actividades junto con el sector químico empresarial, universidades y centros de investigación que en el caso de Tarragona es la Universitat Rovira i Virgili (URV) y el Institut Català d’Investigació Química (ICIQ), entre otros. 

Las andanzas de la icónica tabla se remontan a 1869 cuando el científico ruso Dmitri Mendeléyev publicó su primera versión. Su hallazgo tuvo lugar a raíz de un congreso químico que se celebró en Karlsruhe, Alemania, para responder al desafío de ordenar y dar una terminología clara a los elementos conocidos.

Mendeléyev se dio cuenta de que existían pautas de comportamiento en función de su peso químico, lo que le permitió establecer un ordenamiento. Sin embargo, no fue el único ni la primera vez que se intentaba. Así, la catedrática de Química Analítica de la URV Rosa Maria Marcé explica que «anteriormente ya había habido otros investigadores que habían realizado estudios. Y en la misma época que Mendeléyev, también Meyer estudiaba su distribución».

En un principio, la tabla constaba de 63 elementos aunque como apunta Rosa Maria, «consciente de que faltaban muchos, Mendeléyev dejó espacios vacíos que se han ido descubriendo después» hasta los 118 actuales. Precisamente los postreros se añadieron en 2016 y fueron el Tenesio (número 117), Nihonio  (113), Moscovio (115) y Oganeson (118).

«Este último viene por el físico ruso Oganessian y es la segunda vez en la historia que un científico vivo da nombre a un elemento químico. El primero fue el seaborgio, en honor al químico T. Seaborg», comenta Rosa Maria, quien también es miembro de la Junta de la Societat Catalana de Química.

No obstante, la incorporación de nuevos elementos no es sinónimo de que la tabla periódica llegue a ser infinita. En este sentido, Rosa aclara que «los últimos encontrados han sido sintetizados en el laboratorio. Son artificiales, creados a partir de otros elementos ya existentes por lo que no están en la naturaleza».

La catedrática Rosa Maria Marcé Recasens, en su despacho de la URV, muestra una tabla periódica de los elementos. FOTO: Pere Ferré

Una señal inequívoca de que la tabla de Mendeléyev avanza con la sociedad. Así, existe una tabla elaborada en función de los países de sus descubridores y otra de cómo son de abundantes los elementos de que disponemos, como la que se muestra en esta página. Y en ella es significativo observar que «hay muchos que se utilizan para fabricar móviles y que su abundancia está muy limitada», manifiesta Rosa Maria, por lo que resalta el hecho de que «como sociedad tenemos que ser conscientes».

El origen de los nombres

¿Qué criterios siguen los químicos a la hora de denominar un nuevo elemento? Funciona un poco a capricho del investigador, de forma que se encuentran nombres como Neptunio por el dios romano; nitrógeno, de origen egipcio; cromo, por el color; europio, por Europa; magnesio, debido a una comarca de Grecia; Renio, del río Rin o Moscovio, por Moscú por citar solo algunos ejemplos.

Guste o no, la tabla periódica está presente en la vida académica para alegría o desesperación de los estudiantes, según el caso. ¿Tan importante es? Los expertos coinciden en dar una respuesta afirmativa.

«Es el alfabeto de la química que, a su vez, es el alfabeto de la vida», explicó a la agencia Efe el presidente de la Real Sociedad Española de Química, Antonio Echavarren. Mientras, el investigador del Instituto de Química Orgánica General del Centro Español de Investigaciones Científicas, Bernardo Herradón, la comparó con la escuela pitagórica en la Grecia clásica.

Por su parte, Rosa Maria Marcé subraya que indudablemente «es una herramienta imprescindible, única, que permite sistematizar los conocimientos químicos y también facilita el estudio de las propiedades de la materia, así como el predecir la existencia de nuevos elementos».

Y añade que «esto implica que tiene repercusión en todas las ciencias, en la biología, geología, física o astronomía. Toda la materia está en la tabla periódica», comenta. No obstante, esta catedrática de la URV resalta que «hoy en día con los móviles tenemos toda la información al alcance de la mano por lo que no tiene sentido estudiarla de memoria. Es mucho más importante tratarla como herramienta, trabajar su contenido y la información que nos aporta».

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