La visita ‘secreta’ de Juan Carlos I a TGN

El rey emérito ha estado en la demarcación de Tarragona de manera oficial en una decena de ocasiones y, al menos en una, vino a la ciudad de ‘incógnito’ invitado por un multimillonario

XAVIER FERNÁNDEZ JOSÉ

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El Rey vino a conocer el yate ‘Syl’ en 2002, invitado por García Cereceda y comió con media docena de amigos en la Estació Marítima. Foto: Pere Ferré

El Rey vino a conocer el yate ‘Syl’ en 2002, invitado por García Cereceda y comió con media docena de amigos en la Estació Marítima. Foto: Pere Ferré

Marzo de 2002. Barcelona es sede de una cumbre europea. Entre los asistentes, el entonces Rey Juan Carlos I. Entre acto oficial y reuniones en la cumbre, el monarca encuentra hueco para una escapada de incógnito a Tarragona ciudad. Le ha invitado el multimillonario Luis García de Cereceda.

El promotor inmobiliario, muy bien conectado con el poder e íntimo amigo, por ejemplo, del expresidente del Gobierno Felipe González, está a punto de botar el Syl, un espectacular velero construido en una empresa ubicada en el Port de Tarragona, Puertos Deportivos. Cereceda invita al monarca a conocer el yate, que aún permanece en el astillero. La embarcación fue inaugurada con una fiesta por todo lo alto el 20 de julio de 2002.

Cereceda es asiduo de la Estació Marítima, un restaurante ya cerrado y que acoge la sede temporal del Museu Arqueològic, pero que en su día fue un emblema de la gastronomía de Tarragona. Su responsable era en 2002 Manuel Oliveira, que ahora regenta el Abordo, en el Serrallo.

Oliveira recuerda como dos meses antes de la visita real, el propio Cereceda la reservó una mesa en el restaurante, pero con el compromiso de secretismo absoluto. «No le pude decir ni a mi mujer ni a los empleados que iba a venir el Rey a comer», explica.

Un mes antes de la cita gastronómica, «una persona de Madrid» le preguntó diversos detalles sobre el restaurante y el personal. Llegado el día, la mesa estaba reservada a las 14,30, pero el rey y su comitiva no llegaron hasta pasadas las 15 horas. Oliveira salió a recibirles a la terraza.

En el trato personal, Oliveira confirma que Juan Carlos I era muy «campechano», el eterno adjetivo ligado al monarca. Hasta que se empezaron a conocer sus supuestos negocios y su presunta vinculación a paraísos fiscales. Desde entonces se le han aplicado adjetivos menos agradables.

«Era muy amable, muy dicharachero, simpático...», rememora Oliveira. «Cuando entró en el restaurante había dos trabajadores de una empresa de remolcadores acodados en la barra. Uno de ellos le dijo ‘majestad, tómese un vino con dos españoles’. Y el rey se lo tomó».

La primera visita a TGN fue el 19 de febrero de 1976.  FOTO: Chinchilla

Para comer, la especialidad de la Estació Marítima: un arroz marinero, precedido de unas gambas y unas cigalas. Fue el propio Luis García Cereceda quien sugirió al Rey el menú. Para regar la comida, la Casa Real había pedido a Oliveira un determinado Marqués de Riscal. Oliveira no disponía de ese vino en cuestión, pero cuando el monarca se sentó a la mesa, se le acercó y le sugirió que, dado que estaba en Tarragona, degustase un Priorat o un Montsant. Juan Carlos I hizo caso.

Cosas del protocolo, el camarero tuvo que pelar las gambas del arroz del monarca no fuera a ser que se atragantara o manchara si las pelaba él mismo.

Cuando se marchaba, Juan Carlos I le espetó a Oliveira «tendré que traerme a Sofía (la reina), que le gusta mucho el arroz». Eran otros tiempos, en que la relación entre Juan Carlos I y su mujer no se había deteriorado tanto hasta el punto de que el ahora emérito se ha ido a su exilio dorado sin la reina.

18 años después, Oliveira no entra a valorar el ocaso de Juan Carlos I. Eso sí, defiende que «cada palo aguante su vela» y asegura que «todos los jefes de estado del mundo son iguales: nosotros trabajamos y ellos disfrutan».

Juan Carlos I inauguró el 19 de sept. de 1996 el Idiada en Santa Oliva. Foto: DT

Las visitas oficiales

Más allá de esta visita ‘sorpresa’, Juan Carlos I ha estado una decena de ocasiones en la demarcación de Tarragona. Baños de multitudes para darse a conocer, reunión con los monjes de Poblet, un paseo por Tortosa, un choque en directo, una encajada de manos con el Pájaro Loco, un encuentro con la viuda del genial violoncelista Pau Casals, toparse con el exconcejal Agustí Mallol, conocer el patrimonio romano y, sobre todo, mucha química. El Rey ha pasado por BASF, Dow, Repsol... Es la relación que ha tenido Juan Carlos I con Tarragona en sus 37 años de reinado.

La primera visita tuvo lugar sólo tres meses después de ser proclamado monarca. Era el 19 de febrero de 1976 y 50.000 personas, según el Diario de Tarragona de la época, llenaron a rebosar la Plaça de la Font. Grupos ataviados con trajes regionales acudieron a ver a unos desconocidos Juan Carlos I y Sofía.

La planta de BASF que inauguró el 16 de marzo de 2004. FOTO: Lluís Milian/DT

El Rey simbolizaba entonces un aire nuevo, la ilusión por la Transición. 44 años después ejemplifica un régimen caduco y ha hecho más por la República que cualquier republicano.

El Rey alzó, como es tradición, al enxaneta de los Xiquets de Tarragona, Rafaelet, desde el balcón del ayuntamiento y acabó su discurso con un «¡Visca Tarragona! ¡Visca Catalunya! ¡Visca España!». Sólo siete meses después, los Reyes volvieron a la demarcación. Visitaron el monasterio de Poblet con motivo del 700 aniversario de la muerte del rey Jaume I.

En 1996, el pequeño chaval al que había alzado el Rey fue de nuevo protagonista. En una intensa jornada de dos días -el 19 y 20 de junio- el Rey vino a Tarragona y Tortosa. Rafaelet se acercó al monarca con la foto de dos décadas antes y Juan Carlos I se la firmó. El Ayuntamiento de Tarragona, comandado por Joan Miquel Nadal, le impuso la medalla de oro al Rey, que tuvo tiempo para pasearse por el patrimonio romano. Al día siguiente, los Reyes visitaron BASF y la Catedral, inauguraron la sede del Col·legi de Farmacèutics y Advocats y el Port Esportiu, comieron con empresarios y se desplazaron hasta Tortosa donde estuvieron hora y media. Juan Carlos recibió la Medalla de Oro de la ciudad y la reina, la Insígnia de l’Orde de l’Atxa.

El mismo 1996, pero en septiembre, el Rey inauguró el Idiada (el Institut d’Investigació Aplicada a l’Automòbil), con sede en Santa Oliva. El Rey comprobó en directo las pruebas de resistencia de los coches.

Cuatro años después, en junio de 2000, Juan Carlos I pudo ‘palpar’ la convivencia entre química y turismo en Tarragona. Junto a la reina, inauguró la planta de óxido de propileno en la que Repsol había invertido 85.000 millones de pesetas. También visitó Port Aventura y tuvo un anfitrión: el Pájaro Loco. Menos que mal que no le saludó nadie disfrazado del elefantito Dumbo, que si no...

En 2001, los Reyes volvieron al Baix Penedès. En esta ocasión, para inaugurar el Museu Pau Casals, ubicado en Sant Salvador en la que fuera la residencia del genial violoncelista. Los monarcas saludaron a Marta Montáñez, viuda del músico, y a su actual esposo, el pianista e íntimo amigo de Casals, Eugenne Istomin.

Agustí Mallol le regala una camiseta del Nàstic el 8 de septiembre de 2006. FOTO: DT

La siguiente visita estuvo marcada por los atentados del 11 de marzo de 2004. El monarca inauguró el 16 de marzo la planta de deshidrogenización de propano de BASF Sonatrach Propanchem. La fábrica supuso una inversión de 240 millones de euros.

La siguiente ‘escala’ del Rey en Tarragona también fue en una química en 2006: para inaugurar la planta de plásticos especiales de Dow Chemical, con una inversión cercana a los 200 millones de euros. El Rey se encontró con el entonces concejal de Medi Ambient, Agustí Mallol, que hizo una de sus ‘malloladas’ y, como apasionado ‘nastiquero’ le regaló una camiseta del equipo.

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