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Las comuniones siguen con fuerza

Los vestidos son los reyes de la fiesta
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Montse Farrés empezará a distribuir en otoño su marca Moonfarrés en unas pocas tiendas seleccionadas de Barcelona, Madrid y Palma. Foto: Alba Mariné

Montse Farrés empezará a distribuir en otoño su marca Moonfarrés en unas pocas tiendas seleccionadas de Barcelona, Madrid y Palma. Foto: Alba Mariné

Vestidos y complementos artesanales a medida

Montse Farrés (Montblanc, 50 años) ya está trabajando en la próxima temporada de comuniones. Lo hace desde su taller situado en un principal de la calle August de Tarragona, a donde llegó desde Montblanc hace tres años. Bajo la marca Moonfarrés, Montse Farrés diseña y produce vestidos de comunión para niñas y complementos como diademas, alpargatas, tocados, guantes o bolsos.

Cuenta Montse Farrés que si hasta hace pocos años las ventas de los vestidos de comunión se concentraban entre los meses de enero y mayo, desde hace tres años las tiendas han adelantado el calendario, y ya empiezan a exponer colecciones en noviembre.

A su taller llegan clientes desde La Seu d’Urgell o Sant Cugat del Vallès, buscando unos diseños exclusivos que ella concibe para «niñas femeninas pero un poco gamberrillas, porque las niñas que hacen la comunión son niñas, no novias pequeñas».

Un vestido corto de Moonfarrés oscila entre los 250 y los 350 euros, mientras que uno de largo asciende a entre 400 y 550 euros. El gasto promedio, sin embargo, se sitúa en los 350 euros, a los que hay que añadir unos 150 euros en accesorios y otros 50 euros en calzado, lo que eleva la factura media final a 550 euros.

La próxima temporada, Montse Farrés –que, además de los productos de comunión para niñas trabaja todo el año como sombrerera, elaborando tocados y sombreros a medida para mujeres– distribuirá por primera vez sus colecciones en unas pocas tiendas de Madrid, Barcelona y Palma.

 

Vino de misa para abrir mercados internacionales

Dos bodegas son las que a día de hoy producen el grueso del vino de misa en la demarcación de Tarragona. De Muller, en Reus, es el principal suministrador de vino de misa en las parroquias locales, mientras que Celler Sort del Castell –que cuenta, entre sus marcas, con el vermut Yzaguirre– está volcado desde hace años en la exportación de estos vinos.

Apenas un puñado de sacerdotes de algunas parroquias vecinas a esta bodega de El Morell se acercan hasta su tienda para adquirir algunas botellas. Junto a las ventas que logran en la tienda de la catedral de Tarragona, esta es toda la contribución en el mercado local. El resto (prácticamente la totalidad) de las aproximadamente 250.000 botellas de vino de misa que producen anualmente en Celler Sort del Castell van destinadas a la exportación.

África, América Latina y Europa son los principales mercados para este producto. Completan la lista enclaves como Hong Kong y Singapur. Y, aunque el vino de misa representa hoy apenas un 5,5% de los más de 7 millones de euros que facturó esta bodega el año pasado, supone el 35% de sus exportaciones y es clave en su estrategia de internacionalización.

«Gracias al vino de misa –explica Gregori Luengo, responsable de Exportación de esta empresa– hemos abierto muchos mercados», donde luego han logrado vender otros de sus productos, entre los que se encuentra el vermut, del que hoy producen cuatro millones de litros al año.

 

Un camerino móvil metido en el maletero de un Fiat Panda

A la Senyora Piruleta –nombre artístico de Cristina Martín (Salou, 40 años)– todavía le quedan un par de semanas fuertes animando fiestas de comunión. El mes de mayo es el agosto de los animadores infantiles, que empiezan a recibir reservas desde principios de año.

«En mayo, todo el mundo tiene trabajo», explica Cristina Martín, que lleva como animadora infantil por cuenta propia desde el año 2000, tras ejercer antes de coordinadora de animación de diversos establecimientos hoteleros de la Costa Daurada. «Para la comunión –prosigue– todo el mundo quiere animación. Y, o van a un restaurante con animación, o la contratan de forma particular».

Junto a otros cinco animadores infantiles, Cristina Martín montó hace un par de años Grupo Gominolas, una plataforma mediante la que estos profesionales autónomos del Camp de Tarragona ponen en contacto agendas para lograr llegar a toda la demanda de animación que se concentra en estas fechas.

Una sesión de animación de la Senyora Piruleta con dos horas de juegos, bailes y bufet de golosinas cuesta entre 180 y 200 euros. «Un mago –resalta– cobra lo mismo por sólo 45 minutos de espectáculo», con un caché que puede llegar a los 300 euros.

Aniversarios infantiles, bodas, restaurantes y hoteles completan la lista de lugares en los que trabaja esta profesional de la animación. Su público está entre los 3 y los 8 años, y es eminentemente femenino. «Los niños van más a la magia, o al humor canalla».

En el maletero de su Fiat Panda lleva su camerino portátil. Suele aparcar una manzana antes del domicilio en el que va a actuar, para que los niños no la vean transformarse en la Senyora Piruleta.

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