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Las toallitas, las nuevas enemigas de las depuradoras

Su vertido a los lavabos supone un sobrecoste de 150.000 euros anuales en el caso de la ciudad de Tarragona

Diari de Tarragona

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Éste es el material que se separa del agua al llegar a la depuradora. Más del 80 por ciento son toallitas. Foto: lluís milián/DT

Éste es el material que se separa del agua al llegar a la depuradora. Más del 80 por ciento son toallitas. Foto: lluís milián/DT

El problema derivado de las toallitas es una cuestión que afecta a todas las estaciones depuradoras de aguas residuales y sus bombeos asociados. Las toallitas impregnadas con loción han pasado a ser un producto de uso habitual en los hogares, igual que las que se usan para la limpieza de bebés, de las manos, como desmaquillante, para la limpieza del salpicadero del coche, etc. Ello se ha convertido en los últimos años en un problema considerable. El sobrecoste que supone tratarlas para una depuradora como la que está en la zona portuaria –que da servicio al centro de Tarragona y los barrios de Ponent– se calcula en unos 150.000 euros al año.

Ematsa ha tenido que invertir 45.000 euros en equipos específicos para su tratamiento

La generalización de este producto, que empezó a comercializarse hace unos años para los bebés y se ha ido extendiendo a muchos otros usos, ha ido paralela al aumento de los atascos en edificios, redes y plantas de depuración. Cada poco tiempo, aparece uno de los monstruos de las alcantarillas. Las empresas de saneamiento de aguas han tenido que crear equipos específicos de técnicos para solucionar los atascos en la red. Así ocurre en Sevilla, Madrid, Marbella, Huelva o Bilbao. Y Tarragona no se ha salvado de esta problemática. Una vez dejan el edificio, estos materiales pueden causar problemas a lo largo de los 275 kilómetros que tienen los colectores de la ciudad.  

El volumen de toallitas está obligando a adaptar los equipos de bombeo con unos impulsores que cortan la madeja. En los años 2014 y 2015 el coste que ha supuesto adaptar algunos equipos de bombeo ha sido de 45.000 euros. 

El tratamiento del agua dentro de la depuradora, ubicada en el Port, dura unas 24 horas. Durante la primera parte del proceso el agua pasa por una especie de tamiz. Foto: L.Milián/DT

El problema se agudiza en días de lluvia, ya que muchas de estas toallitas se quedan en las cañerías y cuando aumenta el caudal de agua del alcantarillado se producen tapones. Estos días es más frecuente que el atasco de las bombas acabe con vertidos de agua residual a la calle.

A diferencia del papel higiénico normal, las toallitas no se degradan y están formadas por una especie de tejidos que se obtiene de la compactación de fibras. Además, se da la peculiaridad de que se «enredan» unas con otras formando enormes madejas. «Aunque en su envase pone que son biodegradables, tardan mucho tiempo en degradarse y, por tanto, deberían de gestionarse como residuo sólido y nunca se deberían lanzar al váter», recomienda. 

En días de lluvia intensa puede provocar vertidos de aguas residuales a la calle

Desde el ACA recuerdan que no se debería tirar por el váter, la ducha o  la cocina: pinturas, disolventes, aceites, compresas, tampones, algodón, grasas domésticas, guantes de látex, preservativos, colillas de cigarrillo, envoltorios de plástico, restos de comida, medicamentos, cosméticos, etc. A la depuradora de TGN llega cada semana más de tonelada y media de este material que atasca los sistemas

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