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Lo que el 'bitcoin' esconde

El dinero virtual ha sido durante mucho tiempo objeto de burlas, pero el mundo de las finanzas empieza a tomárselo en serio

Por M. Hesse, M. Rosenbach, A. Seith y W. Wagner / XL Semanal

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Gatitos coloridos y regordetes. Cada uno de ellos es diferente a todos los demás, peculiaridad de la que se encargan los algoritmos que los crean. Suena un poco a versión moderna de los típicos cromos de Pokémon, pero hay una diferencia fundamental: a principios de diciembre, uno de estos cromos cambió de dueño en el mercado de la página web Cryptokitties.io por el equivalente a algo más de 100.000 dólares.

En puridad, quien pagó esa cantidad lo hizo simplemente porque le gusta coleccionar gatitos virtuales, como quien colecciona cromos de futbolistas, pero ¿qué hace a estos gatos tan especiales? Que no se pueden comprar con monedas ‘aburridas’ como el dólar o el euro.

Para adquirirlos, hace falta una moneda virtual llamada ethereum, abreviado, ether. Es decir, solo se pueden comprar con criptomonedas. La más conocida es el bitcoin, pero hay otras, como el litecoin, el iota o ethereum, que se ha convertido en la segunda criptomoneda más importante en gran parte por la alta demanda de gatitos virtuales. Un nuevo mercado en sí mismo

El lindo gatito: los gatos de Cryptokitties solo pueden adquirirse con moneda virtual

Las criptomonedas se llaman así porque se basan en tecnologías de encriptado y son totalmente virtuales. La cotización de esta divisa digital ha subido durante las últimas semanas a una velocidad de vértigo. En algunas Bolsas asiáticas, la cotización de un solo bitcoin ha llegado a superar la barrera de los 20.000 dólares, solo para volver a caer rápidamente en varios miles de dólares la semana siguiente.

Mucho más que una cosa de ‘frikis’

Durante mucho tiempo, a las criptomonedas se las había venido considerando, en el mejor de los casos, como cosa de jóvenes nerds, de fanáticos de la tecnología. O cosa de gánsteres, de delincuentes que intentan llevar a cabo sus transacciones económicas de la forma más discreta posible, fuera del conocimiento de las autoridades. Pero esta imagen un tanto turbia nunca le hizo justicia al bitcoin.

El ‘bitcoin’ fue creado en medio de la crisis con un mensaje expreso. «Aquí tienen un sistema que no necesita instituciones falibles como los bancos»

La idea básica con la que fue creado el bitcoin, descrita en nueve webs diferentes en 2008 por el o los inventores anónimos reunidos bajo el pseudónimo Satoshi Nakamoto, es una idea interesante, la combinación de un concepto tecnológico innovador y una nueva filosofía del dinero.

En enero de 2009 los creadores generaron el primer bloque, conocido como bloque Génesis, de la nueva moneda y con él nacieron los primeros 50 bitcoins. En ese primer bloque introdujeron (de igual forma que a veces se coloca un objeto significativo en los cimientos de un edificio antes de iniciar su construcción) un titular de The Times del 3 de enero, que informaba sobre el plan británico de rescate bancario tras la crisis financiera.

Con la elección de ese titular, el mensaje estaba claro: aquí tienen un sistema que ya no necesita instituciones intermediarias falibles como los bancos o las agencias de inversiones.

Nakamoto y compañía lanzaron su contraproyecto en medio de la mayor crisis de confianza del actual sistema financiero. En el caso del bitcoin, ese ‘problema de confianza’ quedaba resuelto mediante la tecnología, afirmaban en el documento fundacional: es decir, la criptografía hacía que los bancos fuesen superfluos. El bitcoin, se aseguraba, es más rápido, eficiente y seguro.

Sin embargo, el establishment financiero infravaloró durante mucho tiempo el nuevo concepto, burlándose de él. ¿Confianza? ¿Confianza en qué, en los manejos de unos criptofriquis libertarios? A pesar de los incuestionables imponderables que rodean a la nueva moneda, este desprecio inicial se ha acabado desvaneciendo. De aquella idea surgida tras la crisis financiera global, ha ido surgiendo un mercado financiero paralelo que hay que tomarse en serio y que ya hace tiempo que va más allá del bitcoin.

Los bancos reaccionan… uniéndose

Grandes inversores, como los gemelos norteamericanos Winklevoss, gestores ellos mismos de una Bolsa de bitcoins y a quienes se acaba de adjudicar la categoría de ‘criptomillonarios’, aseguran que la cotización podría seguir subiendo, multiplicando su valor por 10 o por 20. Es cierto que la mayoría de estos pronósticos suele proceder de personas que, como la famosa pareja de hermanos que ya estuvo en el origen de Facebook, se benefician directamente de las subidas de precio.

Dos Bolsas norteamericanas permiten ya concertar contratos a futuro con el ‘bitcoin’ y la alemana ensaya también con moneda virtual

Y es cierto también que las voces de alarma también son cada vez más sonoras. Algunos incluso se plantean si no habría que prohibirlo por su mera naturaleza: no hay que olvidar que una de sus ideas centrales es la independencia con respecto a los Estados y a los bancos centrales. Pero es un hecho que los gobiernos de todo el mundo, por un lado, parecen desconcertados sobre cómo actuar con este nuevo dinero y los mercados financieros, por otro lado, han decidido reaccionar por su cuenta.

Dos Bolsas norteamericanas han empezado a permitir recientemente a los inversores concertar contratos a futuro sobre el tipo de cambio del bitcoin y apostar así sobre su cotización. La Bolsa alemana también está ensayando la oferta de futuros sobre criptomonedas.

Así que los bancos centrales también están obligados a plantearse qué hacer con esta competencia que les ha salido. Algunos ya están tomando medidas. La pasada primavera, el supervisor financiero japonés autorizó el bitcoin como medio de pago. La Reserva Federal estadounidense, por su parte, ya ha realizado algunos experimentos ‘de laboratorio’ con un fedcoin, y en Suecia el Banco Real está barajando la emisión de una e-corona estatal.

Está previsto que el Banco de Pagos Internacionales, conocido como el ‘banco de los bancos centrales’, publique en el primer semestre del 2018 un documento con medidas de actuación con respecto a las criptomonedas.

Así las cosas, es evidente que se está gestando una lucha de poder entre el actual monopolio estatal sobre la emisión de dinero y el control de la política monetaria, por un lado, y el nuevo y anárquico mundo de las monedas virtuales por el otro. A pesar de su espectacular crecimiento, este último sigue siendo comparativamente enano; el conjunto de su valor de mercado se sitúa por debajo de mil millones de dólares. Incluso la empresa Apple tiene ella sola un valor en Bolsa superior a esa cantidad. Sin embargo, todo apunta a que el fenómeno de las criptomonedas ya no desaparecerá sin más, incluso aunque el bitcoin se hunda.

Porque esta opción no es descartable. Hasta quienes negocian con el bitcoin se muestran prudentes. Oliver Flaskämper, que opera desde Bitcoin.de, en Alemania, es uno de ellos: «Solo habría que invertir en bitcoins el dinero que de verdad no se necesita», dice. Y añade, «por sí mismo, un bitcoin no tiene ningún valor, por supuesto. Aunque, por otro lado, ¿de dónde viene el valor del oro, o de ese cuadro de Leonardo da Vinci por el que un coleccionista acaba de pagar 450 millones de dólares?».

El mercado de las criptomonedas es todavía muy pequeño; inferior al valor de compañías como Apple, pero el fenómeno parece haberse consolidado

Lo mismo pasa con todas las monedas de curso legal. Desde la desvinculación del patrón oro, un papel moneda como el euro basa su valor sobre todo en la garantía del Estado y en la confianza en que mañana podremos usar los billetes para hacer la compra.

El imparable ‘criptoboom’ asiático

En el fondo, lo que aviva la fiebre del bitcoin es una mezcla de codicia y desconfianza en el sistema dominante, y en Asia mucho más que en Europa.

Los nuevos ricos chinos descubrieron el dinero digital especialmente pronto y les gusta usarlo como vehículo para asegurar sus ahorros frente al Estado. Muchos chinos están recurriendo a los bitcoins para sacar su dinero del país. Por eso, en septiembre, el Gobierno de Pekín ordenó el cierre de la Bolsa local de bitcoins.

En Japón, por otro lado, ya hay 10.000 comercios que aceptan el pago con bitcoins, desde bares de sushi hasta empresas eléctricas. Sin embargo, en estos momentos es poca la gente dispuesta a desprenderse de sus bitcoins así como así, ya que mañana podrían valer mucho más que hoy. Además, las transacciones con bitcoins se han encarecido y, dado que el algoritmo de los bitcoins requiere que cada transacción sea confirmada mediante una cadena de sucesivos pasos, los procesos de pago llevan tiempo. Todo esto refuerza la tendencia a no utilizar el bitcoin como medio de pago, sino como objeto de especulación y depósito.

Empresas como Amazon estarían trabajando ya en sus propias monedas. Con ellas podrían prescindir de los bancos y fidelizar a sus clientes

En Japón, los bancos clásicos también han reconocido el potencial de las criptomonedas. La mayor institución financiera del país, el Banco Tokio-Mitsubishi UFJ (MUFG), emite desde hace tiempo una moneda digital propia, el MUFG, basado en la tecnología blockchains. A diferencia de lo que ocurre con los bitcoins, los clientes no pueden contar con que su valor suba con el tiempo, ya que el MUFG se cambia en una relación uno a uno con el yen japonés. Sin embargo, el uso de la criptomoneda hace que las transferencias on-line sean más cómodas y baratas.

En Japón, prácticamente nadie cuestiona las criptomonedas. Y resulta bastante sorprendente, ya que el país vivió hace algo más de tres años un enorme escándalo protagonizado por los bitcoins: el hundimiento de Mt. Gox, la hasta entonces mayor Bolsa de bitcoins del mundo, con sede en Tokio. Cientos de miles de bitcoins depositados en Mt. Gox se volatilizaron y aquella bancarrota ilustra uno de los puntos débiles del sistema.

¿Y si las empresas ofrecen intereses en ‘bitcoins’?

Pero incluso las crisis están lejos de frenar el fenómeno. Sigue habiendo abiertas multitud de posibilidades. Empresas como Amazon podrían poner pronto en circulación sus propias monedas virtuales, cree el economista Thomas Mayer, «ofreciendo a sus clientes cuentas desde las que podrían hacer sus compras en el mercado global». También se podría plantear el pago de una especie de interés, como una prima de fidelización. Amazon y otros gigantes de Internet ya estarían trabajando en este tipo de planes.

Mayer da por seguro que en los próximos años habrá diferentes monedas virtuales compitiendo entre sí:  las organizadas de forma descentralizada, como el bitcoin, y aquellas emitidas y controladas por los Estados o los bancos centrales, pero también las criptomonedas de las empresas de Internet como Amazon o su competidor chino, Alibaba.

Por lo tanto, los actores que hasta ahora controlaban el dinero harían bien en ir preparándose para una dura competencia. «Al final -dice Mayer- mucho dependerá de si los bancos centrales consiguen recuperar la confianza de los ciudadanos».

 

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