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Los 15 kilómetros de Diana Quer

A José Enrique Abuín, ‘El Chicle’, le veían raro últimamente. «Saca a Diana del maletero y ven con nosotros», bromeaban sus amigos. «Ahora la saco», contestaba él.

EFE

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Una corona de flores en el altar improvisado ante la nave donde fue hallado el cuerpo sin vida de Diana Quer. FOTO: EFE

Una corona de flores en el altar improvisado ante la nave donde fue hallado el cuerpo sin vida de Diana Quer. FOTO: EFE

José Enrique Abuín estaba últimamente  un poco raro. Daba largas a sus amigos cuando le proponían ir a dar una vuelta y ellos siempre le gastaban la misma broma. «Saca a Diana del maletero y ven con nosotros», le decían. «Sí, ahora la saco», contestaba él entre risas.

No sabían los amigos lo cerca que estaban de la verdad, ni él, ‘El Chicle’ para unos, ‘Chiquilín’ para otros, lo cerca de que las sospechas que ya había levantado entre los investigadores se revelaran ciertas. El cadáver de Diana Quer, la joven a la que había secuestrado el 22 de agosto de 2016 durante las fiestas de El Carmen en la localidad gallega de A Pobra do Caramiñal, apareció hace unos días, pero no en un maletero sino en un pozo de una fábrica abandonada, muy cerca de la casa donde viven los padres de ‘El Chicle’.

Todo ha ocurrido muy cerca. Quince kilómetros han acogido durante casi año y medio un mundo cambiante en el que las sospechas han convivido con el miedo y en el que la Guardia Civil y José Enrique Abuín han participado en un juego del gato y el ratón en el que al final ha perdido el ratón. Y también Diana Quer.

Esto no es Nueva York

A Pobra do Caramiñal respira estos días con una mezcla de alivio y decepción. Se ha resuelto un caso pero se ha perdido una vida. Los cientos de vecinos que se echaron al monte  en agosto de 2016 en busca de la joven desaparecida lamentan ahora no haber podido hacer más aunque saben que sus esfuerzos fueron inútiles desde el principio. Queda la sensación de que también a un municipio turístico en el que nunca suceden cosas puede llegar el horror. 

Lo dice Pilar en un bar de A Pobra, no muy lejos de la calle en la que, al parecer, Abuín esperó a su víctima. «Ese año vino aquí a pasar las vacaciones una nieta mía de 15 años que vive en Estados Unidos. Yo estaba siempre pendiente de ella y le decía que tuviera cuidado, pero ella me contestaba que esto no es Nueva York. A la semana siguiente pasó lo de Diana».

Mientras Pilar habla, en el exterior llueve y los vendedores recogen los tenderetes del mercadillo. El suelo está repleto de plásticos y papeles que el viento conduce hacia la fachada vacía de la antigua discoteca Bumerang. Sus grandes letras verdes destacan entre toda una fila de pabellones vacíos ante los que caminó Diana Quer la última noche de su vida.

Es un sendero paralelo al mar que desemboca en una barriada de viviendas que se elevan sobre una colina. Diana se dirigía a la casa en la que desde hacía años veraneaba con sus padres pero no pudo llegar. «Por aquí no pasa mucha gente. Por lo que dicen, él la estaba esperando», explica un  taxista del pueblo.

Eva, que se refugia de la lluvia con sus padres en el bar, confirma estas palabras. «Hay muy poca luz, es un poco arriesgado ir a solas por esa zona. Cuando llega a las casas, el camino se estrecha y te puede atropellar un coche. Hace tiempo desapareció un hombre por ahí y todavía no lo han encontrado». Ella sabe de lo que habla porque era vecina de Diana Quer, con la que sin duda se cruzó en las fiestas de El Carmen de 2016. Aquella noche, la del 22 de agosto, salió con sus amigas y días después todas ellas se decían que podían haber sido ellas. «Al principio creíamos que se había escapado de casa y que volvería, pero luego la Guardia Civil llamó a declarar a algunos de mis conocidos y de la sorpresa pasamos al miedo», recuerda la joven.                      
Eva tiene ahora 19 años. Su padre, Luis, participó en la búsqueda de la desaparecida. «Cogía el coche y recorría todos los caminos para ver si veía algo, pero nada». Pese a ser vecinos de la familia de Diana, apenas la conocían. «Era una chica que llamaba la atención pero no se relacionaba mucho con nosotros, iba a su aire», dice Eva.

Cerca del lugar

En Boiro, no muy lejos de A Pobra do Caramiñal, Juan recuerda el momento en el que esa última noche Diana le pidió el mechero y cómo se sintió cuando se enteró de lo que le había ocurrido a la joven. «Era muy guapa, me dio muy mal rollo saber lo que había pasado». Él tiene 19 años y toma un refresco junto a sus amigos Sheila, de 17 años, Ana, de 17, y Brice, de 20. No se hallan lejos del lugar donde a José Enrique Abuín le perdió su reincidencia.

‘El Chicle’ ya estaba en el punto de mira de la Guardia Civil cuando el 25 de diciembre intentó secuestrar a otra chica en Boiro, no lejos de A Pobra do Caramiñal. Aquello precipitó la detención de un hombre que, según uno de sus vecinos, «siempre ha sido un liante».  Brice, que le conoce bien, lo define de otra manera. «Parecía normal. No lo era, pero lo parecía». «Nosotros le llamamos ‘Chiquilín’», afirma Brice, que confiesa que nunca se ha llevado bien con Abuín. 

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