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Los 20 principales

¿Cómo tan pocos pueden repartirse el sufrimiento de tantos?
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Los grandes banqueros y otros benefactores le están pidiendo a Europa un mayor control del gasto público y proponen una mayor intervención gubernamental para evitar otra crisis. Ellos la están viendo venir porque son los que la han traído. Si no fuera por esas catedrales del dinero que llamamos bancos, los parroquianos viviríamos algo mejor, o sea, menos mal. Su capacidad de agruparse es admirable, pero quizá no superior a la de excluir. Basta una veintena de líderes del sector financiero para empobrecernos aún más a millones de personas, les sobra con amenazar con otra crisis, antes de haber salido de la que no podemos salir. ¿Cómo tan pocos pueden repartirse el sufrimiento de tantos? Los excelentísimos potentados son apenas veinte, pero no sólo lo tienen todo sino que quieren más. En un documento elaborado por el Foro Económico Mundial, con notable impudor, se nos exige poner freno a las burbujas y no permitir más alegrías en los ciclos recesivos. Así que hay que agarrarse, aunque ya no queden más clavos ardiendo. La verdad es que son muy pocos, pero han conseguido llevárselo todo. No tienen el menor sentido del abuso, ya que les va muy bien ejerciéndolo. Recuerdo lejanas conversaciones con mi admirado Eduardo Haro Tecglen, que sabía de las cosas que no le sirvieron de nada, salvo para ser una de las personas más inteligentes y más infortunadas que me han sido dadas a conocer en mi no corta estancia terrestre. El capitalismo sólo se rige por la ley del máximo beneficio, me decía, pero si viviera le preguntaría ahora por qué se ha concentrado en tan pocas manos pecadoras y tan cerradas. El gran Forges los pinta con gafas ahumadas y un puro en la insaciable boca, pero el caso es que se llevan a pedir de boca, a pesar del puro. Las predicciones de Marx están en desuso, pero todavía se llevan y seguirán mientras predomine la pavorosa injusticia. Va para largo. Los profetas no tienen fecha de caducidad, pero nosotros sí.

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