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Los alcaldes afrontan las elecciones municipales con poco que inaugurar

Las grandes obras brillan por su ausencia tras una legislatura marcada por la austeridad y los recortes
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El alcalde y el concejal de Via Pública, ante uno de los 'pipicanes' inaugurados el martes. Foto: Ajuntament de Reus

El alcalde y el concejal de Via Pública, ante uno de los 'pipicanes' inaugurados el martes. Foto: Ajuntament de Reus

El primer semestre de 2011 todavía registraba una actividad frenética. Pese a los embates de la crisis, los ayuntamientos ponían en marcha los proyectos engendrados en los años de bonanza económica. Tarragona iniciaba las intervenciones en la Tabacalera para convertirla en el gran centro cultural de la ciudad y el retraso de las obras en el Teatre Tarragona y la comisaria de la Guardia Urbana impedían inaugurarlos en aquel año electoral. En Reus, acababa de entrar en funcionamiento el majestuoso hospital de Sant Joan y abría la nueva Fira en el Tecnoparc. Cuatro años después, el escenario ha cambiado radicalmente.

 

TARRAGONA: Ballesteros se aferra a su peor pesadilla

Poco podía imaginar Josep Fèlix Ballesteros, cuando hizo la visita de obras al Mercat Central allá por mayo de 2012, que tres años después no podría inaugurar la reforma del mercado ni cortar la cinta de su apertura al público antes de las elecciones municipales de 2015. Para paliar semejante contratiempo, aún es posible que el Ayuntamiento, en un sprint de última hora, se invente algún acto para visualizar que el proyecto, o al menos las obras de su entorno urbano –y todas las calamidades derivadas para vecinos y comerciantes– se acercan a su fin.

Tampoco resulta un asunto proclive a grandes fastos, si es que en la Plaça de la Font no han perdido la vergüenza torera, teniendo en cuenta que la remodelación del Mercat Central debía concluir inicialmente en 2007, con un coste de entre 15 y 18 millones de euros. Hoy sigue sin saberse a ciencia cierta cuándo se acabará, pero si cual será su coste final: 47 millones de euros. Muchos han temido incluso que el vía crucis del mercado acabase convertido en una reedición de la catástrofe que el parking Jaume I significó para los últimos gobiernos municipales convergentes.

Pero lo cierto es que el alcalde de Tarragona no tiene muchas otras alternativas que le eviten tener que encomendarse a su peor pesadilla. Los Juegos del Mediterráneo 2017 podrían constituir alguna opción, teniendo en cuenta que la planificación prevista contempla empezar las obras de la Anella Mediterrània de Campclar en el primer semestre de 2015. Aunque las actuaciones iniciales se limitarán a movimientos de tierras, tendrían el valor simbólico de ser el inicio de la obra de la principal infraestructura deportiva de nueva construcción para los Juegos del 2017.

Tampoco se vislumbran novedades a corto plazo en el proyecto de Ikea, la gran apuesta comercial de esta legislatura después de que El Corte Inglés ya abriese en 2010. Pero hasta la fecha, todos los plazos relativos al hipotético inicio de las obras y la apertura de la gran superficie de la multinacional sueca se han incumplido sistemáticamente, lo que ha hecho dudar incluso de que alguna vez se convierta en realidad pese a lo avanzado de su tramitación urbanística. Como en el caso anterior, a estas alturas solo habría margen para asistir a los primeros movimientos de tierras para la urbanización de la zona. Se trataría, en cualquier caso, de una primera piedra caída del cielo.

Así las cosas, probablemente el gobierno municipal deberá contentarse con intervenciones de pequeño calibre. Por el momento, los presupuestos municipales para este 2015 contemplan una cuantiosa partida para el asfaltado de calles.

De los proyectos compartidos con otros entes públicos tampoco cabe esperar gran cosa. El clavo ardiendo más a mano podría ser alguna presentación relativa al futuro Museu de la Química que se ubicará en el antiguo edificio del Banco de España, una iniciativa recientemente acordada con la Universitat Rovira i Virgili (URV) y el Institut Català d’Investigació Química (ICIQ).

Cuando menos, podría servir para borrar el recuerdo de aquella pancarta con el lema «Ja és nostre» que durante tanto tiempo lució en la fachada del Banco de España, sin que el Ayuntamiento acertase a encontrarle alguna utilidad pública a tan deseado equipamiento.

 

REUS: Último arrebato de microurbanismo

El pasado martes, el alcalde de Reus, Carles Pellicer, inauguraba en la plaza Morlius uno de los nuevas áreas de higiene para perros repartidos por la ciudad. Se trata de seis espacios públicos urbanos de entre 20 y 50 metros cuadrados que facilitan la realización de las necesidades de los animales y a sus propietarios la recogida de los restos.

El viernes, Pellicer estrenaba la nueva sede de la Agència Reus Promoció en el antiguo dispensario antituberculosis de la calle Sant Joan.

Y tambien esta semana, el Ayuntamiento anunciaba la colocación de nuevos aparatos de gimnasia al aire libre en seis barrios de la ciudad y la reparación de los baches del camino que da acceso al campo de fútbol del Reddis y al Colegio Francés. Habida cuenta del reducido coste y envergadura de ambas actuaciones, no cabe duda de que estarán listas antes de las elecciones.

Que los pipicanes y la gimnasia a la intemperie tomen protagonismo en las realizaciones de un gobierno municipal a cuatro meses de pasar por las urnas habría resultado una bufonada hasta hace bien poco tiempo, pero en la depauperada realidad económica actual es lo que hay. El microurbanismo de Pellicer en estado puro.

Yen el horizonte no se otean muchas otras oportunidades. La remodelación parcial de la Plaça de Catalunya se prevé que esté acabada a finales de abril, pero para entonces cualquier observador se habrá percatado que, bajo el nombre de un proyecto históricamente pendiente, la actuación se limita a ampliar la acera que conecta la plaza con las calles Vallroquetes y Galanes.

Otras opciones podrían resultar políticamente paradójicas. La Biblioteca Pere Anguera duerme el sueño de los justos desde hace precisamente cuatro años. Con la obra civil finalizada y el equipamiento pendiente, el nuevo gobierno municipal CiU-PP decidió hibernarla porque no tenía recursos para acabarla y ponerla en marcha.

Que la segunda gran biblioteca pública de la ciudad fuese uno de los legados más simbólicos del exalcalde Pérez –fue el escenario que escogió para su despedida– seguramente condicionó su futuro. Pese a la ojeriza con que el gobierno actual ha mirado a la Pere Anguera, finalmente se comprometió a abrirla en dos fases, la primera a partir de julio de 2015. Es decir, pasadas las elecciones.

Más hilarante podría resultar ver a Pellicer abrazarse al complejo comercial de Metrovacesa para dar lustre a su gestión, teniendo en cuenta que había desaprobado el proyecto cuando estaba en la oposición. Pese a ello, hay que recordar que una vez llegado a la alcaldía puso todo su empeño para desbloquear su construcción y el cobro del canon correspondiente, que condicionaba la viabilidad financiera municipal.

En cualquier caso, los plazos del proyecto parecen situarlo fuera de la órbita electoral, porque el macrocentro comercial prevé abrir el próximo mes de noviembre y el gran párking subterráneo, cuyo equipamiento corre a cargo del Ayuntamiento, no se espera que esté listo antes del verano.

Los proyectos compartidos con otras administraciones tampoco aportan grandes alternativas. La Residència d’Avis i Centre de Dia per a gent gran Marià Fortuny, adyacente al CAP del barrio Fortuny, entrará en funcionamiento en las próximas semanas, según el acuerdo anunciado entre el alcalde de Reus y la consellera de Benestar Social. El problema es que la residencia lleva construida y acabada desde 2010 y cuando por fin se decide abrirla parcialmente, la mayoría de plazas quedarán ocupadas por usuarios trasladados desde otro centro por la Generalitat.

Resulta un desenlace sintomático que un alcalde que ha apostado por la deconstrucción de las estructuras heredadas no tenga ninguna edificación propia que inaugurar. Y cabe suponer que exasperante, teniendo en cuenta que buena parte de su gestión y de su presupuesto se han centrado en saldar los créditos contraídos para financiar las grandes obras inauguradas por el anterior gobierno tripartito.

 

Pabellón en Salou, centro cívico en Vila-seca y nada en Cambrils

Salou y Vila-seca se han guardado dos de sus grandes proyectos para el final de la legislatura. ¿Casualidad o estrategia pura y dura para intentar rascar algún voto descarriado a escasas semanas de las elecciones municipales? Sea como sea, habrá foto de los alcaldes destapando placas antes de abril. Congregarán a ciudadanos y medios de comunicación para alardear de las bondades de su mandato y, de paso, hacer algo de propaganda electoral.

El alcalde de Salou, Pere Granados (CiU-Fups), prevé estrenar en marzo un nuevo polideportivo, en el que el consistorio ha invertido más de un millón de euros. Ese dinero está incluido en el presupuesto de 2014, pero las obras no empezaron hasta el pasado mes de noviembre. El calendario de ejecución del proyecto parece meticulosamente diseñado para que su apertura coincida con la precampaña electoral. Estará ubicado entre las calles Pau Casals, Antoni Gaudí y Maria Castillo, y en el mismo solar habrá una circuito de bicicletas, una pista de educación viaria y un aparcamiento de vehículos.

En Vila-seca se han adelantado. Su alcalde, Josep Poblet (CiU), inauguró el 24 de enero el nuevo centro cívico y cultural del barrio del Colomí, cuya inversión ascendió a 550.000 euros. Fue un acto por todo lo alto, con capgrossos, gegantons y una exhibición de la colla castellera Xiquets de Vila-seca. Poblet pronunció su parlamento ante «centenares» de vecinos. Y aún le queda otro paseíllo: previsiblemente en marzo inaugurará oficialmente la escuela La Canaleta junto a representantes de Ensenyament de la Generalitat. El centro abrió en septiembre.

En Cambrils, la alcaldesa, Mercè Dalmau (CiU), no tiene de momento ninguna inauguración en su agenda. El consistorio no tiene proyectos de relumbrón en este cierre de legislatura. La ampliación del carril bici, la urbanización de la plaza del Ayuntamiento o mejoras en la vía urbana son sus apuestas.

 

AMPOSTA Inaugurará oficina de turismo y residencia

Tortosa y la mayoría de ayuntamientos de las Terres de l’Ebre tienen poco o casi nada pendiente de inaugurar antes de las próximas elecciones municipales. Una de las excepciones es Amposta, donde están prácticamente a punto de finalizar las obras de la nueva oficina de turismo y centro de interpretación del Delta del Ebre, instalados en el edificio del antiguo matadero. El Consistorio también prevé poder inaugurar la nueva residencia de ancianos municipal, obra que el alcalde Manel Ferré ha puesto como emblema del final del mandato y que está actualmente todavía en ejecución, a cargo de la fundación de servicios sociales Fussmont.

 

CALAFELL: A toda máquina con recursos propios

Durante toda la legislatura Calafell ha hecho obras de mayor o menor tamañoen vía pública y equipamientos, pero afronta el final de l mandato iniciando proyectos históricamente esperados. No sólo el nuevo paseo marítimo está en obras para que pueda estar acabado en junio, también ha empezado a hacerse el nuevo consultorio de Segur y el instituto. Y la próxima semana empieza ha habilitación de un espacio natural sobre la playa. Desde el Ayuntamiento explican que se ha logrado un ahorro y una rebaja del endeudamiento del 110% al 80%, lo que permite afrontar muchas acciones con recursos propios.

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