Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Los alumnos en aulas de acogida caen a la mitad en tres años

Los jóvenes extranjeros a los que se ha prestado una educación de apoyo para que aprendiesen el idioma han pasado en Catalunya de 19.148 en 2009 a 10.535 en 2012
Whatsapp
Alumnos del aula de acogida del Institut de Roquetes. A veces entran estudiantes a medio curso, lo que se denomina 'matrícula viva'. Foto: Joan Revillas

Alumnos del aula de acogida del Institut de Roquetes. A veces entran estudiantes a medio curso, lo que se denomina 'matrícula viva'. Foto: Joan Revillas

La caída en picado de la inmigración –en 2010 residían en la demarcación de Tarragona 150.314 extranjeros y en 2014, 132.193– ha vaciado en gran parte las aulas de acogida, un servicio de atención específica creado hace diez años para los alumnos inmigrantes recién llegados a Catalunya y que desconocen el catalán, lengua vehicular de la enseñanza.

En sólo tres años –del curso 2009-2010 al 2012-2013, el último del que hay datos disponibles– el número de alumnos de las aulas de acogida ha caído prácticamente a la mitad al pasar de 19.148 en toda Catalunya a 10.535, es decir, un desplome del 45%.

En Tarragona había este curso 93 aulas de acogida en centros de primaria y secundaria públicos y privados en todas las comarcas excepto en el Priorat.

Aunque en el año 2004 ya se contaba con los TAE(Taller d’Adaptació Escolar), la avalancha inmigratoria llevó a la Generalitat a dedicar profesores para que facilitasen la integración lingüística y cultural de chicos y chicas procedentes de culturas muy distintas a la catalana y española, hasta el punto de que no tienen ni el mismo alfabeto como pueden ser los árabes, los orientales o los eslavos. Fue el nacimiento de las aulas de acogida. Colegios de Reus participaron en la prueba piloto de su funcionamiento.

Una década después, el cambio demográfico ha llevado a la Generalitat a replantearse el sistema. Así se quieren reconvertir las aulas de acogida en aulas de integración social. El objetivo es que los mismos chavales que han pasado por las aulas de acogida continúen en las aulas de integración social.

Según explica la subdirectora general de Llengua i Plurilingüisme, Mònica Pereña, «nuestro análisis de resultados y las investigaciones académicas a nivel internacional demuestran que un alumno extranjero no adquiere la competencia en su lengua de acogida hasta pasados cinco años de estar integrado en el sistema educativo». De ahí que sea necesario que continúen en el sistema.

Los profesores que ahora atienden a los inmigrantes que estudian Primaria o Secundaria se dedicarán en las aulas de integración social a orientar a los mayores con el objetivo prioritario de que continúen los estudios postobligatorios.

«Las aulas de acogida realizan un trabajo de choque que facilita la comprensión oral del catalán pero no una comprensión que les permita seguir la complejidad de las materias igual que al resto de los alumnos. Por tanto, es necesario que continúe el refuerzo fuera del aula de acogida», sostiene Pereña, que aclara: «No cerramos aulas de acogida sino que destinamos los recursos a nuevas necesidades».

Serán los propios centros quienes decidan la prioridad:si apostar por las aulas de acogida o por las nuevas aulas de integración social. Cada colegio tiene una realidad propia, en función de su entorno social y demográfico. Por ejemplo, los ciudadanos rumanos se concentran en las Terres de l’Ebre, los paquistaníes en Barcelona, los chinos en el área metropolitana de la Ciudad Condal...

Para que los alumnos decidan continuar los estudios es básico influir en su entorno familiar, admite Pereña, especialmente en ciertos colectivos como los magrebíes: «Es fundamental convencer a las familias. La tarea de las aulas de integración social va más allá de la escuela. Tenemos que hacerles ver la importancia de la educación como ascensor social, como garantía de éxito de sus hijos».

 

Diferencias sociales

Según la subdirectora general de Llengua i Plurilingüisme, los alumnos de nacionalidad china o paquistaní «llevan de serie» el seguir los estudios. En cambio «con los latinos, por el peligro de las bandas, y con los magrebíes, sobre todo en las chicas, hay que actuar más intensamente».

¿Cómo compatibilizar el respeto a la cultura de los inmigrantes y la necesidad de que asuman ciertos valores, de que sean conscientes de la conveniencia de llegar cuanto más alto mejor en su nivel de estudios?¿Cómo ‘combatir’ lo que se podría tildar de prejuicios culturales? «No se trata de combatir sino de compartir, de poner en valor las características positivas de cada cultura. El objetivo final es darles recursos para independizarse de la protección de la familia y de la escuela», responde Pereña.

La filosofía educativa que se desprende del proyecto es la integración respetando la idiosincrasia propia de la cultura del inmigrante llegado a Catalunya. «Es bueno para ellos –insiste Pereña– pero también para Catalunya porque será una sociedad más abierta, con mayor capacidad de internacionalización, con ciudadanos que hablarán multitud de lenguas». «Lo que rechazamos es el asimilacionismo, como ha sucedido en Francia, donde se imbuía que ‘si no eres francés, no eres nada’», concluye Pereña.

Temas

  • TEMA DEL DÍA

Comentarios

Lea También