Los madrileños salen a la calle en un puente descafeinado y sin turistas

Los habitantes de la capital y de los municipios de Alcobendas, Alcorcón, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Móstoles, Parla y Torrejón de Ardoz se han quedado de puertas para adentro en este puente tras el estado de alarma decretado el viernes

Diari de Tarragona

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Imagen de la cola en el Museo del Prado. EFE

Imagen de la cola en el Museo del Prado. EFE

Con el puente del Pilar marcado en Madrid por el estado de alarma y sin posibilidad de salir o entrar de la capital excepto por motivos justificados, los madrileños han salido este sábado a las calles del centro para ser turistas, o consumidores, de su propia casa aprovechando que "esto no tiene nada que ver" con las limitaciones de marzo y abril.

Los habitantes de la capital y de los municipios de Alcobendas, Alcorcón, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Móstoles, Parla y Torrejón de Ardoz se han quedado de puertas para adentro en este puente tras el estado de alarma decretado el viernes. Solo se puede salir y entrar de estas localidades bajo supuestos laborales, educativos o de asistencia a personas mayores o dependientes.

Por ello, en Atocha, sobre las diez de la mañana, la afluencia de viajeros era escasa y primaban los que llegaban a la estación con billete de salida de Madrid, sobre todo para regresar al lugar de residencia habitual, otro supuesto permitido, pero también por motivos laborales.

Es el caso de Alberto, convocado a una reunión en Alicante. "Supone", dice, que no tendrá ningún "inconveniente" al llegar al control.

Sobre la declaración del estado de alarma como culminación de unas semanas cuajadas de choques entre administraciones, asevera que "es mucha política y poca ciencia".

"Y yo, que soy médico, sé lo que me digo. Poca ciencia: es saber coordinar las medidas correctas que hay que hacer en casos como este. Y peleas entre la Administración central y la autonómica que no vienen a cuento si desde el principio se hubieran hecho bien las cosas", subraya Alberto.

En la estación, con presencia de agentes de la Policía Nacional, que piden el billete, el DNI y los justificantes a los viajeros, también hay residentes de otros municipios madrileños no confinados que han seguido adelante con sus planes de puente.

Más allá de los que se van -y de los que no llegan en este puente sin turistas-, a medida que avanza la mañana los madrileños se han ido lanzado a las calles del centro: parejas jóvenes haciéndose fotos en la plaza Mayor, numerosas familias con niños pequeños, personas mayores solas o en pareja que han revitalizado el centro de Madrid.

Nada que ver, no obstante, con el ir y venir de fines de semana anteriores, afirma un taxista que constata cierta "espantada" ante el puente.

Alicia hace cola con su pareja en el Museo del Prado. Delante de ellos esperan decenas de personas, síntoma de que esto "no tiene nada que ver con el confinamiento de marzo".

"No significa nada más que no podemos salir de Madrid, pero aquí tenemos de todo, o sea que tampoco es que sea un gran sacrificio", expone Alicia, que cree que las medidas "deberían ser más restrictivas".

Pasado el mediodía, con un tiempo más que agradable, las terrazas se han ido llenando -en el interior, continúa el aforo limitado al 50 % y no se puede consumir en barra-, y la asociación de Hostelería Madrid prevé que el Pilar sea bueno para el sector con un incremento hasta de un 25 % respecto a otros fines de semana, dada la imposibilidad de salir de Madrid.

Menos optimista es el propietario de un bar en la calle de Jesús, en el barrio de las Letras, que dice que el sábado anterior había "un poquito más" de gente.

Admite que el cierre de la hostelería a las once de la noche tampoco le afecta en exceso, porque esta "no es una zona de copas", sino más bien un lugar de paso en el que la gente cenaba antes de irse "a otro sitio" del centro a seguir la noche y la fiesta. Pero, ahora, "ya ni eso": "Esto es la ruina", sentencia.

Al igual ocurre, en este puente sin turistas, con los hoteles. Lujosos alojamientos del paseo del Prado y alrededores tienen las puertas tapiadas o las luces apagadas, con notas para el exterior: "Volveremos a abrir en cuanto el escenario actual lo permita. Agradecemos su compresión y enviamos un mensaje de fuerza y cariño para todos". 

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