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Los niños supervivientes de Gaza

El 16 de julio de 2014 la vida de Mumtaser Baker cambió para siempre: mientras jugaba en la playa dos proyectiles israelíes segaron la vida de su hermano, su sobrino y dos amigos y le hirieron a él

Agencias

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Mumtaser Baker, un niño de 13 años sobreviviente a los dos proyectiles israelíes que cayeron en la playa de Gaza en 2014.  Foto: EFE

Mumtaser Baker, un niño de 13 años sobreviviente a los dos proyectiles israelíes que cayeron en la playa de Gaza en 2014. Foto: EFE

Fue, probablemente, uno de los momentos que más conmocionaron de aquella guerra, recogido prácticamente en directo por prensa internacional que se alojaba en un hotel muy próximo y con pequeños de entre nueve y once años como protagonistas del drama.

Los pequeños que sobrevivieron vieron caer ensangrentados los cuerpos destrozados de los que segundos antes eran sus compañeros de juegos y aún no se han recuperado de trauma.

«No quiero ir al colegio. No quiero jugar. No quiero hablar», dice a Efe Mumtaser Baker, con la mirada perdida, acurrucado en un sillón del salón de su casa, que presiden dos grandes retratos de Zakaría y Ahmed, su hermano y primo muertos en el ataque, con la leyenda «La revolución es nuestro camino a la libertad. Brigadas de Abdul Kader Husaini (Fatah)».

Su madre, Sharife, describe su situación como «horrible» y narra enormes dificultades de comunicación y convivencia desde el suceso.

«Su noche es su día. Pasa las noches despierto viendo la televisión y solo durante el día duerme algo y luego vuelve a ver la tele. Nos insulta cuando le intentamos despertar. No va al colegio, no quiere ver a nadie, es violento con los otros niños, dice que los odia. Cuando le preguntamos por qué nos dice solo: no me gustan los niños», lamenta.

Recuerda perfectamente el nefasto día. «Estaba en el mercado cuando me dijeron que habían muerto cuatro niños en la playa y supe de inmediato que eran los míos, no me hizo falta verlos», explica.

Pero no quiere hablar de su propio dolor por la pérdida de un hijo y un nieto: «Ahora solo nos importa que Mumtaser se ponga bien», manifiesta. El pequeño grita constantemente, llora y, a veces, se pone tan tenso que no puede mover el cuerpo y nadie puede hablarle ni ayudarle.

«Al principio le dieron muchas medicinas, pero luego las redujeron porque eran demasiado fuertes para un niño tan pequeño, ahora no toma nada», relata Sharife.

Una ONG le pagó un viaje a Italia para recibir tratamiento y estuvo allí con su padre y su hermana varios meses, pero regresaron y se quejan de que «no hicieron nada por él, solo le quitaron algo de metralla de la cara, pero no la que tiene en el resto del cuerpo».

‘Que juzguen a Israel’

El padre, Ahed Baker, de 56 años, está extremadamente delgado y parece tener la tristeza pegada en un rostro de pómulos hundidos y en el que faltan varios dientes. Con un cigarro encendido permanentemente en una mano y un café en la otra, asegura que su hijo «está peor ahora que hace dos años».

«Es más agresivo, no quiere tener niños cerca, porque todo el mundo que había a su alrededor murió aquel día en la playa. No tiene ya amigos. Está en manos de Dios», afirma.

Mumtaser decidió dejar el colegio y, desde que volvió de Italia, se niega también a que le vea ningún médico. Ahed pide que les den ayudas para que el niño mejore y, sobre todo, pide que se haga justicia. «Queremos que nos den nuestros derechos. Queremos que el mundo juzgue a Israel en los tribunales, que responda de sus crímenes», dice. El Ejército israelí cerró en junio la investigación sobre el incidente «sin sospechas de comisión de delitos».

Según la versión militar, los niños estaban «en una área conocida como un centro de la Fuerza Naval de Hamás, utilizado en exclusiva por sus milicianos» y «cerrado por una valla y claramente separado de la playa que sirve a la población civil».

El ataque aéreo se efectuó «cuando un número de figuras entraron al complejo corriendo», «después de descartar que hubiese presencia civil» y creyendo que eran milicianos de Hamás, aseguró el Ejército, que no respondió a las informaciones de periodistas presentes que afirman que no había ninguna valla ni ningún complejo militar.

Ahmed también quiere sacar a su hijo de Gaza, asfixiada por un férreo bloqueo israelí desde hace nueve años y que ha sufrido en ese tiempo tres guerras con Israel. «Estamos esperando la oportunidad de salir de aquí. Queremos que Mumtaser se ponga bien. Un niño como él no puede vivir así», sentencia.

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