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Los padres de Charlie renuncian a la batalla legal y le dejarán morir

Querían llevarlo a EEUU para someterlo a un tratamiento experimental, pero el hospital optaba por desconectarlo

Iñigo Gurruchaga

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Chris Gard y Connie Yates, los padres del bebé Charlie, leen una declaración ayer en Londres. Foto: EFE

Chris Gard y Connie Yates, los padres del bebé Charlie, leen una declaración ayer en Londres. Foto: EFE

Los padres de Charlie Gard, el niño inglés afectado por una rara enfermedad genética sobre cuyo tratamiento se ha disputado en los tribunales en los últimos meses, anunciaron ayer su renuncia a seguir litigando para que se les permita poner a su hijo en manos de un neurólogo estadounidense y que acordarán en los próximos días con el hospital de Londres donde está internado la manera de dejarlo morir.

Los padres habían recaudado más de un millón y medio de euros para financiar el viaje y el tratamiento en Nueva York, el papa Francisco y el presidente Donald Trump habían ofrecido su ayuda, pero Connie Yates y Chris Gard anunciaron ayer, en una emocionada declaración a las puertas del Tribunal Superior en Londres: «Hemos decidido que continuar con el tratamiento ya no es lo mejor para Charlie, y dejaremos que nuestro hijo parta para unirse a los ángeles».

Los jueces habían apoyado la decisión del hospital, pero los padres habían recurrido

La tragedia de Charlie Gard comenzó a los tres meses de su nacimiento, el 4 de agosto de 2016. Sano en el momento de nacer, el bebé mostró anomalías que fueron diagnosticadas como un síndrome de agotamiento de ADN mitocondrial de variante encefalomiopática, sin curación conocida. Los médicos del hospital Great Ormond Street recomendaron a los padres la suspensión del mantenimiento artificial de su vida.

Con la asistencia gratuita de un despacho de abogados, los padres se opusieron a la decisión de los médicos en los tribunales. En sucesivas instancias, su caso fue rechazado porque los jueces británicos llegaron a la conclusión, avalada por la mayoría de testimonios científicos, de que el niño padece sufrimientos a pesar de su condición y que lo mejor para el bebé es no prolongarlos.

Los abogados de los padres llevaron el caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que rechazó su recurso el 27 de junio. En sus consideraciones avalaba a los jueces británicos, que no habían permitido que fuese trasladado a EEUU para ser sometido a un tratamiento experimental para esta variante de la enfermedad, con un 10% de posibilidades de mejorar, según el neurólogo Michio Hirano.

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