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Martí Solà Sugrañes: 'Mis compañeros de ciclismo son mi segunda familia'

Entrevista al director general de la Fundación Gas Natural
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Martí Solà, con su maillot de Tarragona en el puerto del Stelvio en los Alpes. Foto: Cedida

Martí Solà, con su maillot de Tarragona en el puerto del Stelvio en los Alpes. Foto: Cedida

Martí Solà cumple este mes dos años al frente de la Fundación Gas Natural Fenosa. Nacido en 1956 en Tarragona, Solà es ingeniero industrial por la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) por su afición a las motos. Aunque reconoce que siempre le había gustado mucho la física y las ciencias, las motos eran su pasión. Con dieciséis años tuvo la primera, una Bultaco Lobito, que le regalaron sus padres como premio tras un verano de trabajo en el negocio familiar, el restaurante Las Parkinsonias de la plaça Verdaguer de Tarragona. Participó en alguna competición de la provincia y atraído por la mecánica y los motores y soñando con trabajar para alguno de los múltiples fabricantes catalanes de motocicletas (Derbi, Bultaco...) que existían entonces, a la hora de escoger carrera universitaria apostó por ingeniería industrial. En esa época motera hizo amistad con Carles Francino, con quien compartía afición. Pero se dio cuenta que seguir compitiendo en campeonatos de motos requería mucha preparación y que eso era incompatible con sus estudios en Barcelona. Así que poco a poco fue dejando de lado su afición, que con el tiempo ha sustituido por todo tipo de deportes, especialmente el ciclismo, que practica cada sábado con un amplio grupo de amigos de Tarragona y Reus, que Solà no duda en definir como su segunda familia.

A nivel profesional, su primer empleo fue para una ingeniería de Barcelona pero desde hace casi treinta años su trayectoria está vinculada al sector gasista. Se incorporó a Gas Tarraconense en 1986 como director técnico y permaneció en esta empresa. En 1996 pasó a Gas Natural Fenosa donde ha desarrollado su carrera desde entonces, primero en el área Técnica de Distribución, después como director de Explotación y posteriormente de las unidades de Mantenimiento, Operaciones y Gestión de la Red de Gas. Todas ellas responsabilidades operativas que, según él, en mayor o menor medida tenían un objetivo común, garantizar la calidad del servicio. En estas casi tres décadas ha participado en la planificación de las infraestructuras gasistas de España y ha visto crecer la red, que, en un principio únicamente estaba en grandes ciudades y sobre todo en Catalunya y hoy cuenta con 50.000 kilómetros de gasoductos. Atrás quedan los tiempos en que apenas había uno que unía Barcelona y la factoría de Ford en Almussafes. Pese a ello, Solà asegura que nuestro país aún está muy por debajo de la media europea en gasificación.

Desde hace dos años ha cambiado algo el chip. Es director general de la Fundación Gas Natural Fenosa (que creó y presidió Pere Duran Farell, introductor del gas en España) y cuya principal misión es la divulgación y sensibilización en temas de energía y medio ambiente.

Pero pese a que desde hace años trabaja en Barcelona y tiene que viajar a menudo, no ha dejado de vivir en Tarragona. «Tiene muchas ventajas: la playa y la montaña cerca, una economía diversificada que es un ejemplo de convivencia del sector químico y turístico y que sigue atrayendo inversiones como Ferrari Land», afirma.

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