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Más de 1.300 millones de kilos de comida acaban en la basura

El último informe sobre hábitos de aprovechamiento de los alimentos dice que sólo un 7% de los españoles admite el desperdicio. La mala planificación en las compras, la principal causa

JOAN MORALES

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Imagen de archivo. Getty Images

Imagen de archivo. Getty Images

Verduras, frutas, refrescos, leche, carne, derivados lácteos y vinos son los alimentos que más frecuentemente acaban en la basura de los hogares españoles. El desperdicio alimentario deja cada año en los cubos de la basura de nuestras casas 1.339 millones de kilos y litros, según el último ‘Informe de aprovechamiento de los alimentos en los hogares españoles’, realizado por la Asociación de Fabricantes y Distribuidores Aecoc.

Lo más llamativo del caso es que apenas un 7,7% de los españoles, según este estudio, admite que sí desperdicia alimentos con frecuencia, una cifra que llega al 11,7% en los más jóvenes, entre los 25 y los 34 años. Los motivos de este desperdicio alimentario son diversos, pero a la cabeza está la mala planificación en las compras (46,4%), seguido de la corta vida del producto (35,4%) y a la falta de conocimiento de recetas de aprovechamiento de los alimentos (14,8%).

En Catalunya, las cifras también son preocupantes: se calcula que cada año se tiran más de 262.000 toneladas de comida, lo que supone unos 35 kilos por persona. Con los alimentos que se tiran se podrían alimentar unas 500.000 personas.

A nivel mundial, los números son todavía más escandalosos: Un tercio de los alimentos producidos se pierde o se desperdicia en el mundo para el consumo humano, aproximadamente 1.700 millones de toneladas al año.

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) se ha marcado como objetivo reducir a la mitad el desperdicio alimentario en el mundo para el año 2050.

El hambre en el mundo está aumentando pero, paradójicamente, aproximadamente un tercio de todos los alimentos producidos a nivel mundial se pierden o se desperdician. La FAO recuerda que todos tenemos un papel que desempeñar en la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos, no solo por la comida sino por los recursos que hacen falta para producirlos». En este sentido, la FAO se está asociando con gobiernos, organizaciones internacionales, el sector privado y la sociedad civil para crear conciencia sobre los problemas y para implementar acciones para abordar la raíz del problema. La FAO también trabaja con los gobiernos para desarrollar políticas para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos.

A partir de las medidas de la FAO, el World Resources Institute (WRI) estimó que una de cada cuatro calorías de los alimentos destinados a las personas no es consumida.

Aumento del 9%

En España la cantidad de comida que acabó en la basura creció un 9% respecto a 2017, según datos de Industria Alimentaria. Se trata de 110 millones de kilos y litros más de productos comprados en las diferentes cadenas de distribución. La mayoría son alimentos sin elaborar, que empiezan a oler mal (cuatro de cada diez consumidores, según la Aeoc) o cuya apariencia ha perdido frescura (uno de cada tres). Pero un 16% de lo que se tiran son productos preparados. 210.000 millones de kilos de comida precocinada.

«Se genera un desperdicio innecesario cuando se desconoce la diferencia entre fecha y caducidad y consumo preferente», explicó Nuria de Pedraza, de Aecoc, durante la presentación del informe. Según sus cifras, aunque la mayoría consume un producto después de lo que indica la etiqueta de consumo preferente, sólo dos de cada diez lo hace siempre. El verano pasado, por ejemplo, aumentó más de una décima parte la cantidad de alimentos que acabaron en los cubos de la basura.

No obstante, el consumidor sigue sin percibir que su comportamiento no es el más adecuado. Según el último estudio de Aeoc, el 68% cree que tira menos comida que en los últimos años, un 30% igual y sólo un 2% reconoce que más. La causa, según los expertos, de que el año pasado se desperdiciase más comida habría que buscarla en que hizo más calo, lo que la apariencia de las frutas y verduras desmejoró más rápido.

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