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'Mi padre nunca tuvo miedo a decir la verdad. Eso es lo que le llevó al Gulag'

Entrevista a Rafael Fuster, hijo de Julián Fuster
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Rafael Fuster, con algunas de las fotografías de su padre, que ejerció como cirujano en el Gulag. Foto:  L. Milian

Rafael Fuster, con algunas de las fotografías de su padre, que ejerció como cirujano en el Gulag. Foto: L. Milian

– ¿Qué recuerdos tiene de su padre?

– En los últimos años de su vida estaba enfermo. Pasamos unos años muy duros. Aún así tenía una fortaleza inmensa. Me di cuenta después. Cuando falleció yo tenía 17 años.

 

– Su padre estuvo lúcido pese a todo lo que había sufrido.

– Su mente estaba totalmente ilesa. Siempre fue muy vitalista, emprendedor, con una voluntad inquebrantable, pero más escéptico que de joven.

 

– ¿Le contaba cosas de su estancia en el Gulag?

– No. Quizá lo había encerrado en un cajón. A mí no me contaba nada. Quizá a sus amigos sí les relataba cosas.

 

– Fue muy amigo del escritor Josep Pla cuando vivió en Palafrugell.

– Sí. Incluso le hizo una dedicatoria en uno de sus libros. (Rafael alude a que Pla escribió de Fuster en Notes per a Sílvia: El doctor Fuster és una gran persona, molt intel·ligent, molt desenganyat, d’un escepticisme total. Ho entén tot perque prescindeix dels prejudicis i dels convencionalismes. He tingut ocasió de parlar-hi de moltes coses. Quina vida més llarga, difícil y navegada!)

 

– ¿Qué pensó su padre cuando regresó a España tras su odisea en la URSS?

– Le sorprendió muchísimo que nadie supiese lo que estaba pasando realmente allí.

 

– Al poco de volver a España, viajó a Cuba a ver a su familia, que se había exiliado.

– Nada más ver lo que pasaba con Fidel Castro, sacó a su familia de la isla y la trajo a España.

 

– Siempre estuvo unido a su familia, pese a todo.

– Yo me llamo Rafael, por un tío mío que murió asesinado en la Guerra Civil. Mi padre siempre recordó a su hermano con cariño. Su muerte fue una losa de la que no se recuperó. Al acabar la guerra, se exilió.

 

– Y, como tantos republicanos, fue internado en un campo en el sur de Francia.

– Sí. Y se enfrentó a uno de los responsables por el trato que daban a los exiliados. Fue invitado a la URSS y fue a gusto. Pero enseguida criticó la situación que observó. Nunca tuvo miedo a decir la verdad. Eso le llevó al Gulag. Ejerció como médico durante la II Guerra Mundial. Pidió volver a España y empezaron los problemas.

 

– Su padre contaba que entre sus ‘amigos’ había un espía.

– Sí. Explicaba a las autoridades las críticas que mi padre y sus amigos hacían al Régimen.

 

– También ejerció como médico en El Congo.

– No encontraba trabajo en España y le contrató la OMS. Al cabo del tiempo sí que pudo hallar empleo en Palafrugell.

 

– Y de Palafrugell a La Pobla de Montornès.

– Vino a Tarragona, le gustó mucho y compró una casa.

 

– ¿Qué ha aprendido de su padre? ¿Cree que mereció la pena su sufrimiento?

– He aprendido su pasión por la historia. Estoy seguro de que si mi padre volviera a vivir haría lo mismo. Seguro que él piensa que mereció la pena.

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