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Mikis Theodorakis, mucho más que un compositor

A principios de septiembre murió en Atenas el más reconocido compositor griego del siglo XX, un hombre comprometido con su tiempo y con su país, que destacó también como activista y político

Jordi Palmer

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Mikis Theodorakis - Entre su trayectoria política se incluye haber sido ministro sin cartera del gobierno griego Foto: Koen Suykanefo

Mikis Theodorakis - Entre su trayectoria política se incluye haber sido ministro sin cartera del gobierno griego Foto: Koen Suykanefo

El pasado 2 de septiembre moría en Atenas Mikis Theodorakis a la edad de 96 años a causa de infarto agudo de miocardio. Compositor de reconocida fama mundial, fue un verdadero símbolo nacional griego por su importancia no solo musical, sino también ideológica y política que le llevó a vivir la cárcel y el exilio e incluso ser ministro del gobierno griego.

Nacido en 1925 en la isla de Quíos, en el seno de una familia amante del folclore griego y fervientemente ortodoxa, bien pronto descubrió su precoz talento por la música, empezando a componer sin apenas haber recibido clase de música ni tocar ningún instrumento. Tanto es así que con 17 años y en plena Segunda Guerra Mundial dio su primer concierto.

Tras la contienda bélica marchó a estudiar a París donde tuvo como profesores a reputados músicos como Olivier Messiaen y Eugène Bigot.

Tras obtener en 1957 el primer premio del Festival de música de Moscú por su Suite n 1 para piano y orquesta, en los años sesenta regresó a Grecia, algo que fue definitorio de su trayectoria porque significó un retorno a los orígenes que a partir de entonces marcaría su producción. En su obra musical se incluyen más de treinta bandas sonoras de películas, con Zorba, el griego como la más conocida, pero también tuvo su papel destacado como compositor de sinfonías, óperas, ballets, conciertos y música de cámara, además de musicar a muchos poetas griegos, algo que fue primordial para llevar al gran público la poesía de la Grecia moderna, entre ellos los premios Nobel Yorgos Seferis y Odysseas Elytis, que se popularizaron entre la población griega gracias a Theodorakis.

La música de la película ‘Zorba el griego’ le catapultó a la fama mundial a la vez que sirvió de vehículo transmisor de la música tradicional griega. Con todo, el conocido ‘sirtaki’ bailado por el protagonista del film, Anthony Quinn, junto a Alan Bates, fue una creación ex-profeso para la filmación con coreografía de  Giorgos Provias.

Gracias a Theodorakis el ‘sirtaki’ es hoy en día uno de los estereotipos culturales griegos y se basa en danzas anteriores pero es, en realidad, un invención de 1964.

Más allá de la música

En todo caso, su biografía va mucho más allá de la música. Con una personalidad arrolladora, Theodorakis fue un hombre comprometido con sus ideas políticas que le llevaron a unirse a la resistencia  contra italianos y alemanes en la Segunda Guerra Mundial. En su biografía se cuenta una detención en 1943 por ayudar a familias de griegos judíos, algo que contrastó con sus duras críticas posteriores al estado de Israel.

Vinculado al comunismo, en 1963 fundó las Juventudes Lambrakis y entró por primera vez en el parlamento griego como diputado por la alianza de socialistas y comunistas Unión Democrática de la Izquierda (EDA).

Posteriormente pasó por prisión por oponerse a la dictadura ultra-derechista de los coroneles (1967-1974), que lo mantuvo encarcelado y desterrado durante tres años. Basta con saber que la misma dictadura llegó a prohibir su música para entender la importancia política de Theodorakis, algo que le llevó a componer de forma clandestina y conseguir que algunos de sus temas fueran interpretados por griegos en el extranjero como Melina Mercouri y María Farandouri mientras un movimiento de intelectuales, entre los cuales Arthur Miller, Laurence Olivier, Yves Montand, Dmitri Shostakóvich, Leonard Bernstein y Harry Belafonte exigía su libertad.

En 1970, el compositor fue liberado y Theodorakis cogió el camino del exilio, con París como lugar de residencia. Desde allí trabajó contra la dictadura y tras la caída del régimen de los coroneles volvió a Grecia, donde volvió a ser elegido diputado en los periodos 1981-1986 y 1989-1993 además de ser nombrado Ministro sin cartera en el gobierno de coalición entre centro derecha y comunistas de Constantinos Mitsotakis. En 1983 recibió el Premio Lenin de la Paz.

Más recientemente se significó en su rechazo a la política exterior de Estados Unidos y entre sus acciones más destacadas se encuentra un concierto benéfico en protesta por los bombardeos de la OTAN contra Serbia en 1999, en el marco de las guerras de desmembración de Yugoslavia.

Sus últimos pasos en política fueron a principios de la pasada década, cuando en plena crisis que derivó en el rescate financiero del país por parte de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional fundó Spitha, un movimiento políticamente transversal que intentaba superar la crisis sin depender de la intervención extranjera. En aquel tiempo no dudó en oponerse a la formación política de ultraderecha Alba Dorada.

El compendio de su vida fue pues, el de una relación de sus facetas artística y política, a menudo interrelacionadas, lo que dieron lugar a que algunas de sus composiciones se convirtieran en símbolo de lucha antifascista.

Con todo, el mundo le seguirá recordando por su inmortal sirtaki de ‘Zorba, el griego’, un personaje ficticio que, de hecho tenia mucho del mismo Theodorakis, como espíritu libre y encarnación del alma griega.

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