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Obras 'fantasma' y partidas que no se ejecutan maquillan los presupuestos

La Façana Marítima y las variantes de Riudecols, Corbera y Gandesa son un clásico que cada año cuentan con una partida presupuestaria. Las máquinas nunca han pisado el terreno
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El caso de la A-27 es el mejor ejemplo de que el Ministerio de Fomento no ha cumplido con las inversiones previstas en los presupuestos.  Foto: Lluís Milián

El caso de la A-27 es el mejor ejemplo de que el Ministerio de Fomento no ha cumplido con las inversiones previstas en los presupuestos. Foto: Lluís Milián

Los Presupuestos Generales del Estado (PGE) representan una de las herramientas más eficaces para conocer las intenciones del Gobierno. Si hay consignación presupuestaria, el proyecto sigue adelante. Por ello, cuando el Ministerio de Fomento desgrana sus inversiones es como la noche de Reyes, en la que cada comunidad espera conocer si sus necesidades han quedado recogidas.

Cada año nos fijamos si aumenta o disminuye la inversión global y las asignaciones que recibirán los proyectos. No obstante, si analizamos las cifras al detalle está lleno de partidas que, de tan pequeñas se convierten en actuaciones «fantasma», mientras que otras están tan infladas que no se ejecutan. Dos prácticas que acaban maquillando y desdibujando unas cuentas estatales que poco tienen que ver con la inversión real. Prueba de ello es que, pese a que cada año el Gobierno dice que incrementa su aportación para Tarragona –a excepción de este año que ha descendido un 14,39%– ha habido pocas inauguraciones en los últimos tiempos. Las últimas cintas que cortó el Estado fueron el Moll de la Química, los 7,7 kilómetros de la A-27 y la variante de L’Aldea.

 

Partidas infladas

Si la inversión estatal se ha mantenido alrededor de los 320 millones de media a lo largo de la última legislatura, ¿cómo puede ser que año tras año aparezcan los mismos proyectos sin que estos acaben desencallándose definitivamente? La respuesta está en que las partidas que se asignan no se corresponden con lo que finalmente se acaba ejecutando.

El ejemplo está en la A-27 entre Tarragona y Montblanc. Si nos fijamos tan solo en la inversión prevista para cada ejercicio –sin tener en cuenta las plurianualidades– el Gobierno actual ha inyectado más de 44 millones tan solo en el primer tramo.

Esta obra se licitó en 2007 por 40 millones, y en la anterior etapa, los socialistas ya habían anunciado inversiones por valor de 74 millones, es decir, prácticamente el doble.

Pese a que no llegaron a inaugurar ningún tramo de esta carretera, la A-27 fue la obra «prioritaria» de los socialistas en la demarcación durante la segunda legislatura de Zapatero. Si hubieran cumplido con las asignaciones presupuestarias entre 2008 y 2011 habrían invertido 211 millones de euros, cuando las licitaciones de las obras en la totalidad del recorrido hasta Montblanc suman 201 millones.

Prácticamente invirtieron lo mismo que en el tramo Vandellòs-Tarragona del Corredor del Mediterrani (228,2 millones), una cifra que Ana Pastor dice que ha triplicado (684,3 millones). Los 49 kilómetros de vía no llegan a esta inversión, a pesar de que el coste real de la obra no acaba de conocerse por los cambios en el proyecto. Otra dificultad a la hora de conocer el coste real de este tramo es que no se han dado detalles sobre cuánto se ha gastado en las estaciones, que se incluyen dentro de una partida genérica.

 

 

Las variantes que no existen

Las variantes de Riudecols, Corbera d’Ebre y Gandesa son un clásico que cada año están recogidas. Por primera vez en los últimos ocho años, en 2016 no hay una partida específica consignada, pero si comprobamos los presupuestos aprobados en esta legislatura, el Gobierno de Mariano Rajoy (PP) habría inyectado entre 60.000 y 65.000 euros a cada una de estas iniciativas. Algunos años la suma ha sido tan pequeña que tan solo ha alcanzado los 1.020 euros.

Más generoso fue el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE). En su etapa entre 2008 y 2011, asignó 6,4 millones para Gandesa; 7,4 para Corbera y 7 para Riudecols. Y, pese a estas importantes sumas, sobre el terreno no han llegado nunca las máquinas.

Tampoco es una prioridad inmediata del Gobierno la prolongación de la A-7. Su continuidad más allá de La Móra se retrasa ahora hasta 2017, pero esto no ha impedido que año tras año tenga una pequeña partida para recordar a los alcaldes de este territorio que algún día les llegará su turno. Los 484.100 euros que destinó José Blanco, durante su etapa en el ministerio de Fomento, permitieron avanzar con la redacción del proyecto hasta Vilafranca. Ahora se habrán destinado otros 570.000 . Con todo casi un millón de euros para unos estudios que no cuentan con el consenso de todo el territorio y que, cuando finalmente se tire adelante con la obra, no habrán servido para mucho.

En dirección sur la situación es similar. Inalterablemente el tramo a partir de L’Hospitalet de l’Infant ha aparecido cada año en los últimos 9 presupuestos. Pequeñas sumas que hacen un monte de 2,8 millones y que hacen imposible que empiecen los trabajos.

Otro ejemplo lo encontramos en el desvío de la línea ferroviaria por el litoral de Tarragona. En los cinco presupuestos que ha elaborado el ejecutivo popular se han destinado 1,3 millones de euros. Sus antecesores llegaron a los 2,223 millones. Una cifra insignificante para un proyecto de semejante envergadura, que habría servido para empezar con los estudios técnicos. Sin embargo, el Gobierno nunca ha rendido cuenta de estos más de 3,5 millones de euros que debería haber invertido.

Otra partida curiosa son los 400.000 euros que en 2009 destinaron los socialistas para la estación de ferrocarril de Bellissens, un apeadero que seis años más tarde se ha puesto de nuevo encima de la mesa, pero que aún no consta en los mapas de Fomento.

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