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Ocho de cada diez españoles están dispuestos a repetir el voto del 20-D

Los votantes del Partido Popular son los más convencidos mientras que los de Ciudadanos son los que más admiten que, de saber la que se vendría, habrían hecho otra cosa

Redacción/Agencias

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Felipe VI firma la disolución de las Cortes y convoca elecciones generales del 26 de junio. Foto: EFE

Felipe VI firma la disolución de las Cortes y convoca elecciones generales del 26 de junio. Foto: EFE

Las fuerzas políticas españolas han decidido, por acción u omisión, que el resultado salido de las urnas el pasado 20 de diciembre no sirve. Pero, según el estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas hecho público ayer, los ciudadanos están bastante convencidos de haber votado bien. La encuesta, realizada a más de 6.000 personas entre el 7 de enero y el 19 de marzo - es decir, dos semanas después de que fracasara la investidura de Pedro Sánchez-, refleja que ocho de cada diez personas habría mantenido su voto incluso sabiendo que conduciría a un Parlamento tan fragmentado como el de la legislatura ya finiquitada, después de largas e infructuosas negociaciones.

La del 20-D no fue precisamente una papeleta poco meditada. Sólo un 62,8% tenía, al parecer, claro en quién depositar su confianza antes de la campaña. Pero tanto como un 35,9% se decidió en los quince días durante los que los candidatos recorrieron España a golpe de mitin, pisaron los platós televisivos para participar en todo tipo de programas de entretenimiento y celebraron debates (en el caso de Mariano Rajoy sólo uno). El 10% confiesa incluso que se decantó el mismo día de las elecciones. Ahora resulta difícil saber cuál será la respuesta a la nueva convocatoria de elecciones firmada hoy mismo por el Rey. El CIS no ha dado aún el paso de preguntar por el asunto y la participación final puede modificar en un sentido u otro el reparto de escaños. Pero sin duda los partidos escudriñarán este sondeo que sí les puede ofrecer datos útiles.

Como punto de partida, hay que tener en cuenta que casi cinco de cada diez votantes de Ciudadanos provienen del PP. Y, en el caso de Podemos, el 43,2% de sus más de 3,1 millones de votos corresponden a exvotantes socialistas -conforme a este informe postelectoral- y el 27,3% a IU.

Ahora, los populares ya saben que los suyos son los votantes más convencidos; sólo un 1,4 % habría cambiado el voto frente al 6,5% del PSOE y el 5,6% de Podemos. Ciudadanos, en cambio, debe asumir que su voto es el más volátil porque, en su caso, el 14,3%, dice que no les habría votado de saber la que vendría.

Ligado a ese dato está otro que tampoco es menor. Ni más ni menos que una cuarta parte de los encuestados admite que votó con «ciertas dudas» y eso permitirá a cada cual incidir en sus potenciales caladeros (que, por otro lado, tampoco sorprenden). De esos que depositaron su papeleta con cierta tribulación interna, casi un 17% dudaban entre los populares y Ciudadanos y un 11,6% entre PSOE y Podemos.

Es llamativo que la batalla, en ambos casos, la ganaron los partidos tradicionales. Sólo el 38% de los del primer bloque se decantaron por la formación de Rivera (frente al 63% que optó por Rajoy) y , en la izquierda, el 31,7% se inclinaron por Pedro Sánchez frente al 23,4% de Pablo Iglesias. Ahora bien, hay otras cifras menos evidentes. Que un 9,3% se debatiera entre Podemos e Izquierda Unida es fácil de entender por la afinidad ideológica, pero además entre los dubitativos hubo un 8,4% que estuvo entre Podemos y Ciudadanos, los dos nuevos.

Brecha generacional

El estudio sociológico dado a conocer ayer sirve también para certificar algo que ya se veía con claridad en las encuestas preelectorales y es que se ha producido una brecha generacional. Podemos y Ciudadanos son primera y segunda fuerza respectivamente entre los menores de 45 años. Los socialistas ganan en el tramo de 45 a 64 años y el Partido Popular se impone entre los mayores de 65. Por sexos, en cambio, las cosas están más igualadas.

Preocupaciones diferentes

En el análisis de las preocupaciones de los electores también existen algunas diferencias. En términos generales, todos consideran que el paro es el principal problema del país, pero los votantes de PSOE se elevan considerablemente en ese punto por encima de la media; los de Podemos destacan en su percepción sobre la corrupción; los de Ciudadanos en la inquietud por la economía y los populares, además, por estar más preocupados que el resto por el terrorismo internacional.

Si esos datos se ponen en relación con la valoración del transcurso de la campaña, pocos partidos atinaron. La mayoría considera que el asunto central de la contienda fue la corrupción. En todo caso, los motivos por los que se votó a cada una de las fuerzas políticas son variados. Ciudadanos fue al que más se votó por el tirón de su candidato; Podemos por ser el que mejor representaba las ideas del elector en cuestión; el PSOE porque es «el de siempre» y el PP por ser el «más capaz».

Aprender la lección

Mientras, el presidente del Congreso, Patxi López, asumió ayer el fracaso político que supone la convocatoria de unas nuevas elecciones y, tras refrendar el real decreto de disolución de las Cortes, por vez primera firmado por el Rey, pidió que la historia no se vuelva a repetir. «No hemos sabido cumplir el mandato de los ciudadanos -reconoció-; pero espero que estos cuatro meses hayan servido al menos para aprender la lección y que el siguiente Congreso llegue a un acuerdo suficiente lo antes posible» para que haya Gobierno.

López, durante una comparecencia en la Cámara baja, hizo todo un alegato genérico a favor del pacto. «No es traición ni renuncia a las posiciones propias sino reconocimiento del otro como igualmente legitimado para mantener posiciones discrepantes. Es asumir la convivencia como un equilibrio en permanente cambio, cruzado de acuerdos y discrepancias, encauzando la mayoría social de forma institucional».

Si esa actitud se hubiera asumido por parte de todos, probablemente, ahora habría un nuevo Ejecutivo. La tercera autoridad del Estado defendió, en todo caso, que este tiempo también ha servido para demostrar la fortaleza de las instituciones democráticas. Eso sí, añadió -y es sintomático que lo hiciese después de encontrarse con el Monarca- que con la experiencia inédita de un Parlamento fragmentado, sin mayorías claras, se ha puesto de relieve que el artículo 99 de la Constitución «puede mejorarse».

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