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'Otegi ha hecho la paz'

Entrevista a Antoni Batista, periodista y escritor

Xavier Fernández

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Antoni Batista (Barcelona ,1952), junto a las ediciones castellana y catalana de su último libro. Foto: Àfrica Uyà

Antoni Batista (Barcelona ,1952), junto a las ediciones castellana y catalana de su último libro. Foto: Àfrica Uyà

‘Otegi. La fuerza de la paz’ es el decimonoveno libro de Antoni Batista (Barcelona, 1952), nueve de ellos sobre el conflicto vasco. En su libro, Batista traza un perfil humano del polémico político, recientemente liberado de prisión. Batista, que imparte clases en la URV, fue corresponsal en Euskadi durante 25 años.

– ¿No es usted demasiado amable con Otegi? Traza un perfil muy elogioso.

– Cuando alguien merece el elogio, quien se lo hace no es amable sino veraz. Que la realidad parezca elogio es un resultado del contraste, pues lo que habitualmente llega de Otegi es a través de fuentes que le son hostiles, es decir, de lo contrario del elogio, del vilipendio y el insulto. La finalidad de mi libro es presentar a Otegi como es.

– Pero ha estado en la cárcel por pertenencia a banda armada. ¿No cree que haya hecho nada malo?

– Ha hecho la paz, espero que eso no sea malo para nadie. A veces la Justicia tiene razones que la razón no entiende, pero el tiempo histórico acabará poniendo en su sitio al tiempo político. Como siempre.

– ¿Es un preso político?

– Por fortuna ya no es un preso. Cuando lo fue, sí, rotundamente: Arnaldo Otegi fue un preso político de libro. La Ley de Partidos fue un grave deterioro a la democracia.

– ¿Preso político en una democracia?

– Siguiendo con el hilo argumental, los buenos sistemas políticos se ha convenido que no son los mejores sino los menos malos, porque tienen sus fallos. Algunos, enormes: una mala praxis democrática deja a la intemperie humana y moral a miles de refugiados, cada día y a día de hoy. Y en nuestra proximidad, basta con ver las colas de Caritas, la pobreza de derechos desde el drama de la pobreza humana.

– Usted fue a recibir a Otegi a la salida de la cárcel. ¿Qué le dijo usted a él? ¿Y él a usted?

– Eso queda entre nosotros. Una maravillosa intimidad compartida.

 

– Usted envió a Otegi un libro a la cárcel y se le devolvieron sin que le llegase, según explica en su libro. ¿Se lo dio cuando fue a recibirlo?

– No, porque se perdió en el camino y de momento no lo encuentro. Así que le regalé otro.

– ¿Cuál y por qué?

– El magnífico Diccionario de la Biblia de Sal Terrae, la editorial de los Jesuitas. Arnaldo es experto en filosofía de las religiones y le interesan mucho los orígenes del cristianismo. Fíjese que, en su primer mitin, citó a Jesús a través del evangelio de Lucas. Insólito en la izquierda.

– Asegura usted que Otegi podría llegar a lekendakari, pero le han inhabilitado para ocupar cargo público hasta febrero de 2021.

– Esa sentencia está recurrida y, según sus abogados, que son muy buenos, hay jurisprudencia para que sea revocada. Sentencias no cumplidas háyalas por doquier: el general Galindo, condenado por secuestro y asesinato, fue condenado a 71 años y cumplió cuatro. Dos menos que Otegi, que no fue condenado por delitos de sangre.

– Sostiene que Otegi no odió a sus torturadores.

– No, no los odió. Un guardia civil que perdió una pierna en un atentado de ETA me dijo que no odiaba a quien le disparó, porque el odio nos empobrece humanamente. Eso también está en los evangelios y diría que a espuertas.

– Describe al detalle esas torturas.

– Sí, creo que es un testimonio periodístico de interés. Hay que erradicar la tortura, venga de donde venga, y el periodismo puede contribuir a ello sensibilizando simplemente con informar.

– Otegi pasó de ser torturado a reunirse con la élite empresarial vasca y luego a volver a la prisión. Cosas de la vida.

– Sí, la vida tiene esas cosas. Menahen Begin y Yasser Arafat pasaron de terroristas, con muchos crímenes a sus espaldas, a Nobeles de la Paz.

– ¿No olvida en su libro a las víctimas de Otegi?

– Explico con todo lujo de detalles el sufrimiento personal y de la familia de la única víctima por la que Otegi fue condenado, un empresario secuestrado, que fue liberado. Nunca olvido a las víctimas. Mi amigo Ernest Lluch me las recuerda todos los días de mi vida cuando me recojo en meditación.

– Mantiene la equidistancia en alusión al Pacto de Lizarra («el balance de víctimas y de sufrimiento, tanto en un bando como otro, era terrible»).

– Entiendo el periodismo en situaciones de conflicto informando de los dos polos opuestos, independientemente de quienes sean los buenos o los malos. Hay mucho periodismo al margen de la ley. Una cosa es la ética personal de no hacer lo que otros hacen, y otra la deontología profesional de no informar o desinformar de ello.

– ¿Un ejemplo?

– Cuando el ‘Time’ dio en portada una entrevista a Bin Laden era para que sus lectores supieran de primera mano lo que él pensaba, una información tan interesante como la de lo que pensaban quienes acabaron matándole.

– ¿No cae usted en el juego del lenguaje para ocultar una realidad al hablar de «acciones» en vez de «atentados»?

– Dediqué mi trabajo de investigación de doctorado y decenas de artículos científicos y ponencias en congresos a estudiar el lenguaje en el que se desenvuelve la violencia, y en función de ello a encontrar mi registro periodístico más informativo y menos valorativo. Me remito a esa auctoritas académica para decirle que rotundamente no. Y uso «asesinar» con ETA como sujeto agente en 21 ocasiones.

– Me parece que le da a la decisión de Otegi de entrar en ETA casi un aura romántica.

– Pienso que no, pero tomaré en cuenta su consideración.

– Describe cómo Otegi se convence de que la paz es el único camino. ¿Se merece el Nobel de la Paz?

– Se refiere usted al último capítulo de mi libro, el único de ficción de todo el relato. Dejo que sean mis lectores quienes lleguen a ello de una manera natural, así que invito a leer todo el libro y, en función de esa lectura, valorar su final.

– ¿Cree que la ‘vía catalana’ hacia la independencia es aplicable en Euskadi?

– Primero habrá que ver si es aplicable en Catalunya.

– ¿El conflicto vasco y ETA se ha olvidado ‘gracias’ a la situación en Catalunya?

– El conflicto vasco se ha olvidado porque, por fortuna, hace cinco años que no hay muertos, ni extorsionados, ni amenazados, ni gente que va con escolta, ni mira debajo del coche...

– No hay negociaciones ni hay acercamiento de presos a Euskadi. ¿Por qué?

– Porque el PP no quiere. Si gobiernan otros los habrá. Habrá diálogo, habrá acercamiento de presos por parte del Gobierno, terceros grados y aplicación de las reducciones de condena que prevé la ley. Y habrá entrega de las armas por parte de ETA.

– Es usted muy rotundo en su libro. Dice: «Se ha acabado la violencia». ¿Está seguro?

– A las pruebas me remito: esos cinco años sin víctimas.

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