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Pedro Sánchez anunciará este viernes la fecha de las elecciones generales

El presidente ha convocado a partir de las 9 horas a su gabinete a un Consejo de Ministros extraordinario, y una hora después hará una declaración institucional. La mayoría de ministros y dirigentes del PSOE apuestan por el 28 de abril

Ramón Gorriarán

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Pedro Sánchez, el miércoles en el Congreso durante el debate de las enmiendas al proyecto de Presupuestos, que fueron rechazados. FOTO: Chema Moya / EFE

Pedro Sánchez, el miércoles en el Congreso durante el debate de las enmiendas al proyecto de Presupuestos, que fueron rechazados. FOTO: Chema Moya / EFE

Aunque diferentes ministros y dirigentes socialistas apuestan por el 28 de abril como fecha para las elecciones generales, la convocatoria de un Consejo de Ministros extraordinario este viernes a partir de las nueve de la mañana disparó las expectativas sobre la celebración de los comicios legislativos el 11 de abril. Pedro Sánchez reunirá a su gabinete y una hora después hará una declaración institucional. 

A última hora de la tarde de ayer, la Moncloa informó de la reunión extraordinaria del gabinete. La Constitución no establece que una convocatoria de esas características sea preceptiva para disolver las Cortes y convocar elecciones. Señala en su artículo 115.1 que «el presidente del Gobierno, previa deliberación del Consejo de Ministros, y bajo su exclusiva responsabilidad, podrá proponer la disolución» de las Cortes Generales, «que será decretada por el Rey». 

La costumbre, sin embargo, es que una reunión extraordinaria del gabinete sea el paso previo a la disolución de la Cortes y la convocatoria electoral. 

Si la cita con las urnas es el 28 de abril, la disolución de las Cortes será el 5 de marzo

Fuentes cercanas a Sánchez matizaron que no tiene por qué ser así, y que el presidente del Gobierno puede limitarse hoy a anunciar la fecha de las elecciones, y, para dar «más consistencia constitucional» a su decisión, reúne de forma extraordinaria al Consejo de Ministros. 
Más adelante, 54 días antes de las votaciones, disolverá el Congreso y el Senado. Si las elecciones son el 28 de abril, la disolución de las Cortes tendría que producirse el 5 de marzo. 

El anuncio de la Moncloa, no obstante, disparó las expectativas sobre un adelanto electoral al 11 de abril si hoy, además de fijar la fecha, decide cerrar las Cámaras legislativas. Una hipótesis que no cuajó entre los miembros del Gobierno y dirigentes del PSOE, que apuntan al 28 de abril para las elecciones. Entre los ministros y los dirigentes socialistas hay casi convicción de que el presidente del Gobierno va a convocarlas el último domingo de abril. Pero todos avisan de que «Pedro Sánchez es Pedro Sánchez». El líder socialista es imprevisible en sus decisiones y su trayectoria le avala,  porque desde 2014 ha roto todo tipo de pronósticos sobre los pasos que iba a dar. 

De lo que no hay duda es de que hoy, tras la reunión del Consejo de Ministros, anunciará cuándo será la cita con las urnas. «Seguro», corroboró la ministra de Hacienda. Pero «la fecha solo la sabe él», se apresuró a curarse en salud María Jesús Montero. 

Los ministros, altos responsables del PSOE y barones socialistas ven como más probable que el último domingo de abril sea el día escogido por Sánchez. Pero todos reconocen que tienen esa impresión, pero no información. El presidente del Gobierno mantiene absoluto hermetismo sobre sus planes. 

«Ir tirando»
Hay una amplia coincidencia entre los miembros del Gobierno y los dirigentes socialistas en que no se puede alargar mucho más la legislatura. Es factible, apuntó la titular de Hacienda, ir «tirando» con decretos leyes, pero tendría que ser durante un periodo breve, porque el Gobierno no tiene garantías para sacarlos adelante. La ministra de Justicia, Dolores Delgado, no descartó, sin embargo, «continuar» la legislatura aunque sea en la minoría más minoritaria. «Se puede seguir», insistió pese a que la aritmética parlamentaria diga lo contrario. 

La complicidad en el Congreso del aliado más fiel, Unidos Podemos, se ha resquebrajado y su portavoz en el Congreso, Irene Montero, señaló ayer que su partido ya está en campaña electoral y liberado de todas las ataduras que tenía con el Gobierno. Los socialistas tampoco esperan nada de los independentistas tras la áspera ruptura presupuestaria. Así las cosas, el sentir mayoritario entre los miembros del Ejecutivo y la dirección del PSOE es que carece de sentido prolongar lo que ya solo sería una «agonía». 

Andalucía es la prueba de cómo el llamado ‘debate territorial’ puede contaminar la cita

Lo que no va a hacer Sánchez es someterse a una cuestión de confianza en el Congreso. «No tiene ningún sentido», sentenció el ministro de Fomento, porque no cambiaría en nada el escenario político porque los protagonistas mantendrían las mismas posiciones que han provocado la ruptura. José Luis Abalos fue uno de los miembros del Gobierno que ayer se multiplicaron por los medios de comunicación para dar por finiquitada la legislatura pero sin poner fecha al cierre. «Por supuesto que habrá elecciones», apuntó.  

Aunque los dirigentes socialistas apuestan por el 28 de abril, hay quien no descarta el superdomingo del 26 de mayo. Entre los barones del PSOE no hay consenso. Algunos, la mayoría, miran horrorizados esa posibilidad, porque el escarmiento de Andalucía está fresco y consideran que en una concentración electoral el debate territorial lo contaminará todo. El argumento de que se valore la gestión o que se tengan en cuenta las particularidades autonómicas o municipales quedaría anegado por la ola del Procés y la respuesta del Gobierno de Sánchez. 

Pero también hay líderes territoriales, e incluso gobernantes socialistas, que no lo ven perjudicial, porque argumentan que el cartel de Pedro Sánchez «vende». Atribuyen esa supuesta subida de las acciones del líder a la ruptura con los independentistas y a haber demostrado que intentó el diálogo hasta el último momento. Argumentan además que con un superdomingo la movilización del electorado socialista sería mayor porque se concentrarían las disputas electorales en una sola batalla.  

La participación promedio desde 1978 hasta 2016 en las generales ha sido del 69,5%; en las autonómicas, el 65,8%; en las municipales, el 64,9%; y en las europeas, el 43,8%. Según los partidarios de la concentración de votaciones, es probable que la afluencia a las urnas sea mayor en una jornada electoral múltiple porque se produce «un efecto contagio», y el voto de las legislativas ejerce de locomotora.

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