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Pedro Sánchez ya es presidente del primer gobierno de coalición de España

Llega al poder con el menor respaldo parlamentario de la democracia y tendrá que afrontar la legislatura más crispada. Promete una reforma para evitar que se repita el bloqueo político

RAMÓN GORRIARÁN/J. M. CAMARERO

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El líder del Partido Popular, Pablo Casado (i), felicita a Pedro Sánchez. FOTO: EFE

El líder del Partido Popular, Pablo Casado (i), felicita a Pedro Sánchez. FOTO: EFE

Pedro Sánchez ya es presidente del Gobierno sin necesidad de recurrir la puerta trasera, por muy constitucional que sea, de la moción de censura. Puede decir que ha recorrido el mismo camino para llegar a la Moncloa que Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Solo que con menos respaldo que ellos. Consiguió la confianza del Congreso por apenas dos votos de diferencia, 167 a favor, 165 en contra y 18 abstenciones.

El debate de investidura que se cerró ayerllevará para los restos el marchamo del más bronco desde la transición. En la Cámara baja se dijeron cosas que nunca se habían escuchado en el vetusto salón de plenos, hecha la excepción de la intentona golpista del 23-F. Unos discursos de lija que presagian una legislatura crispada como nunca, con un Congreso partido por la mitad desde el inicio y sin puentes a la vista.

Cuando descienda la espuma del momento de la victoria y se apaguen los ecos entusiatas del «sí se puede» coreado ayer en el Congreso, Sánchez constatará que tiene ante sí un oscuro panorama político. Contrajo una serie de compromisos con Esquerra Republicana de compleja resolución. Por lo pronto, dentro de dos semanas tendrá que constituirse la mesa de diálogo entre su Gobierno y el de Quim Torra, y cuyos detalles son un arcano.

Antes de que acabe el mes su ministra de Hacienda, se da por segura la continuidad de María Jesús Montero, tiene que presentar el proyecto de techo de gasto para unos Presupuestos que deben llegar al Congreso en el primer trimestre. Ese proyecto de cuentas medirá la fortaleza de la coalición con Unidas Podemos, siempre expansiva con el gasto, y la obligada ortodoxia contable de quien debe rendir cuentas ante Bruselas.

El antecedente

Serán dos bancos de prueba nada más empezar para una coalición de Gobierno casi virginal. La última experiencia fue la que encabezó entre marzo de 1935 y abril de 1936, en los estertores de la Guerra Civil, el socialista Juan Negrín, con ministros del PSOE, comunistas, anarquistas, republicanos y nacionalistas catalanes y vascos.

Su Consejo de Ministros no tendrá como aquel representantes de siete fuerzas políticas, serán solo dos más los independientes que tanto gustan al líder socialista, pero la convivencia no va a ser fácil. Pablo Iglesias estalló en un llanto incontenible tras la votación. No era para menos, del 15-M a la Moncloa, una trayectoria política fulgurante en ocho años. Vicepresidente y con cuatro carteras para los suyos. Pero la púrpura del momento no tapa la mutua desconfianza que Sánchez e Iglesias se dispensan, y que, tarde o temprano, emergerá.

Y la primera ha sido en la frente. Ayer mismo. Mientras desde el círculo de Iglesias se filtraban los nombres de sus ministros y hasta de los secretarios de Estado y jefes de gabinete, Sánchez pegó un frenazo que hizo derrapar todos los cálculos. Desde la Moncloa anunciaron que hasta la próxima semana no se conocerá la composición del Gobierno. Las prisas para la investidura se convirtieron, de golpe, en calma. Un bandazo que dejó a los pies de los caballos a destacados miembros del Ejecutivo, a estrechos colaboradores del presidente y a los principales dirigentes del PSOE que daban por hecho que Sánchez acudiría hoy al palacio de la Zarzuela a tomar posesión de su cargo y a continuación daría a conocer los nombres de los ministros para celebrar el viernes la primera reunión del gabinete.

«Acepten el resultado»

Sánchez aprovechó su último discurso en la sesión de investidura para lanzar la idea de llevar a cabo una reforma legal con la que «buscar mecanismos para que el vacío que hemos vivido durante meses no se vuelva a producir». Se trataría de «buscar fórmulas para facilitar la formación de mayorías de gobierno frente a las mayorías de bloqueo».

El presidente insistió en que «es inadmisible» que se repita en el futuro la falta de un gobierno que no esté en funciones ante la imposibilidad de realizar una elección efectiva. Sin embargo, cualquier cambio en el método (consultas al Rey, proclamación real de candidato, primera sesión de investidura con mayoría absoluta y segunda con mayoría simple) precisa de un cambio constitucional, ya que es esta la norma que determina todo el proceso.

El líder del Partido Socialista aconsejó a la oposición «no seguir en el berrinche» porque daña a la convivencia, crea crispación y lleva a la frustración. «Acepten el resultado que han decidido los españoles y la mayoría parlamentaria», les dijo.

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