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Plazas de asfalto y cemento que ahuyentan a los residentes

Corsini es un horno. Hace más de un año que acabaron las obras y aún no han llegado las mazetas con árboles. La ausencia de vegetación y de fuentes es habitual en la ciudad

NÚRIA RIU

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Plazas de asfalto y cemento que ahuyentan a los residentes

Plazas de asfalto y cemento que ahuyentan a los residentes

17.59 horas de la tarde de ayer, con una cámara térmica medimos la temperatura del pavimento de la Rambla Nova de Tarragona. Marca entre 49,5 y 50,2 ºC en un tramo de la coca central próximo al Balcó del Mediterrani. «Seguramente aún seguirá enfilándose porque a medida que avanza la tarde desprende calor», explica el arquitecto Enric Casanovas. Es una muestra del sofocante bochorno que hace estos días en el país. Estamos casi a mediados de julio y las previsiones meteorológicas hablan de una escalada de las temperaturas de cara a los próximos días. Los viandantes avanzan a paso decidido en busca de una sombra. Sin embargo, hay algunas zonas de la ciudad en las que no es tan sencillo.

En mayo de 2018 se inauguraba la renovada Plaça Corsini. Catorce meses más tarde, aún no han llegado las grandes macetas con las plantas y la pérgola que debían generar un poco de sombra. Corsini es una gran superficie firme de granito que en verano se transforma en un horno. «Ahora salgo a comprar más temprano y así a las diez ya puedo estar de nuevo en casa, sino ya no voy», dice Carme Puig, que sale cargada con las bolsas del Mercat Central.

Enric Casanovas asegura que «en la ciudad faltan árboles y sombras. Por mucho que haya un parking soterrado, los espacios deben diseñarse pensando en que estamos en una ciudad Mediterránea y que durante la mayor parte del año hace sol».

El asfalto y el cemento son protagonistas en la vía pública. Los problemas que generaban algunos árboles, que cuando crecían las raíces rompían las baldosas, o a nivel de alergias, hicieron que poco a poco muchos ayuntamientos fueran eliminándolos o sustituyéndoles por nuevas especies. Se cortaron los plataneros de la Rambla y fueron sustituidos. En algunos tramos hay bancos a los que les da el sol durante todo el día.

Núria Sabat, presidenta de la Associació de Veïns Tarragona Centre, lamenta que «necesitamos espacios para la ciudadanía». Esta entidad lleva meses reclamando que definitivamente «acabe» la reforma de la plaza del mercado. «Ha llegado un momento en el que o pagas para sentarte en una terraza o no puedes estar tranquilo en una plaza porque no hay unos espacios con unas mínimas condiciones», argumenta.

Plazas, calles, parques y zonas de juego infantil en las que uno pueda sentarse tranquilamente durante todo el año y no tenga que estar aguantando un calor sofocante. Es la vieja reivindicación de los vecinos de Tarragona Centre que pedían un parque para los niños en la calle Ixart o en las inmediaciones del mercado y que no lo han conseguido. Por la tarde, los pequeños salen a jugar a la pelota en Corsini. Una actividad que durante el día prácticamente es prohibitiva. «Depende del hora del día no puedes planteártelo de ninguna forma», asegura Sabat, quien manifiesta que «se está expulsando a la gente de la calle».

La zona junto al Mercat Central es uno de estos espacios de los que no puede disfrutarse en verano. Sin embargo, Tarragona está llena de estas zonas. La Plaça Verdaguer es otro ejemplo. La zona de juegos no tiene ningún árbol. Durante todo el día los columpios están casi desiertos y el caucho asfáltico que hay en el suelo huele a goma quemada, debido a las altas temperaturas. Aquí ni siquiera hay una fuente para refrescarse. Tampoco la hay en la plaza que queda encima del parking Jaume I. Todo este entorno, desde la Plaça de la Pagesia al Rectorat es una gran explanada en la que no corre el aire. La sensación aún es más sofocante para las personas que cruzan la Plaça del Friki. Todo es cemento. Es un entorno completamente de paso en el que ni siquiera puede sentarse uno en los días de invierno.

Las zonas urbanas que se han planificado en los últimos años tampoco se han pensado bajo criterios de sostenibilidad. Estas islas de calor sin vegetación son el denominador común. Un claro ejemplo es el Anillo Mediterráneo. Los usuarios salen del complejo deportivo de Campclar y corren directamente hacia el coche. La gran avenida que discurre por delante del Palau hasta la zona del lago está desierta. Las palmeras que hay en ambos lados apenas hacen un poco de sombra. En el conjunto del recinto es misión imposible encontrar un banco que en el que no dé el sol de forma directa. También las zonas de picnic quedan completamente desprotegidas. Y la culpa no es de que la vegetación no ha crecido sino de que no hay ni un solo árbol cerca de las mesas. Casanovas describe que este modelo de ciudad, que en cierto modo nacía en Barcelona con la gran plaza del Fòrum, genera muchos problemas. En primer lugar, porque los pavimentos asfálticos no filtran el agua y en casos de grandes lluvias torrenciales se generan inundaciones. Y, después, porque la falta de árboles y de sombras hace que se conviertan en espacios «invisibles» de cara al ciudadano. «Son avenidas y plazas inhóspitos, con materiales que retienen el calor de forma brutal y que nada tienen que ver con el modelo de ciudad Mediterránea», argumenta. Casanovas defiende la utilización de alternativas como el sablón y que debería prevalecer la vegetación a la arquitectura. «Los romanos lo tenían muy claro, en sus patios ponían agua y plantas para que estuvieran frescos. Aquí no hay fuentes. Hay que repensar la calidad de los espacios urbanos, garantizando el confort de las personas», concluye. Un debate que en una situación de climatologías adversas, que se prevén cada vez con más frecuencia, está más vivo que nunca.

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