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Rajoy apremia a PSOE y C's a 'respetar las urnas y levantar los vetos'

Apuesta por una coalición con los socialistas a la que podría sumarse la formación de Albert Rivera, pero se mantiene abierto a todas las fórmulas ante la urgencia de formar gobierno

Agencias

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El presidente del PP, Mariano Rajoy, en la rueda de prensa tras presidir ayer el comité ejecutivo nacional. Foto: ballesteros/efe

El presidente del PP, Mariano Rajoy, en la rueda de prensa tras presidir ayer el comité ejecutivo nacional. Foto: ballesteros/efe

El día después, el PP entendió que 137 diputados no son mayoría absoluta. Pasada la euforia de unos resultados inesperados, en la dirección del partido llamaban ayer a la calma y recordaban que el Gobierno aún está por negociar. Veinticuatro horas después de la votación, ninguno de los posibles socios de los populares había rebajado sus vetos y Mariano Rajoy apremió tanto al PSOE como a Ciudadanos a dejar atrás el bloqueo. «Sería algo verdaderamente inaudito que fuéramos a unas terceras elecciones, sería una irresponsabilidad verdaderamente antológica, ¡es que urge formar un Gobierno!», exhortó desde su sede nacional.

En realidad, los populares dan por sentado que ya no cabe pensar en otra convocatoria electoral. Dos son los factores que manejan en favor de sus tesis. Por un lado, los números. El PP está determinado a hacer valer los 14 escaños que mejoran su marca electoral respecto al 20-D y los 52 que le separan del PSOE, para reclamar su «derecho a gobernar» frente al resto de formaciones en retroceso en las urnas. «La gente ha hablado y lo ha hecho con claridad», subrayó el presidente tras el comité ejecutivo nacional al que había convocado a los suyos.

El otro elemento es el mero paso del tiempo. Los seis meses de parálisis han desembocado en el verano de 2016, momento de comenzar a elaborar los Presupuestos Generales del Estado del próximo año, y, a juicio de Rajoy, de construir en Ejecutivo «sólido», con amplio apoyo parlamentario, que genere confianza dentro y fuera de España. Esa será una de las bazas con las que jugará PP en la negociación. La de una «necesaria» estabilidad que termine con el parón político a finales de julio o, como mucho, a principios de agosto.

El eurodiputado del partido Antonio López Isturiz barrió para casa y trasladó no sólo el «orgullo» que, asegura, sienten muchos líderes europeos por el resultado de los comicios, sino que compartió su impresión de que los dirigentes de los partidos socialdemócratas y liberales pedirán a sus colegas españoles del PSOE y Ciudadanos que allanen la constitución del gobierno.

Primero, el PSOE

Los teléfonos de los dos partidos sonarán una vez Rajoy vuelva del Consejo Europeo que se celebra en Bruselas hoy martes y mañana miércoles. En primer lugar, el presidente llamará a los socialistas. Ellos son la prioridad del PP. Una abstención suya bastaría para posibilitar el Gobierno. Y en el partido, pese al rechazo del PSOE, esta opción no se descarta al tiempo que se apela al «sentido de Estado» de Pedro Sánchez.

La suma de las dos primeras fuerzas siempre fue la propuesta del presidente en funciones, que pide ahora «generosidad y altura de miras».

La coalición es la fórmula que acaricia Rajoy como idílica, aunque no haya posibilidades reales de lograrla. Así que si el pacto de gobierno no sale adelante, el plan B consistirá en un acuerdo de legislatura con los «partidos moderados» que establezca un programa pactado para cuatro años. Como último recurso, siempre quedará el gobierno en minoría, obligado a negociar de manera puntual la sesión de investidura y cada decisión que se pretenda a adoptar.

«No vamos a abdicar de nuestra responsabilidad de gobernar», anticipó el líder del PP, que trata de mantener la cautela hasta comprobar «la disponibilidad a hablar» y a «construir» del resto de líderes. Hoy por hoy, no descarta nada. «Estoy abierto –garantizó– a todas las fórmulas». En sus planes cabe desde integrar a ministros socialistas en su gabinete hasta negociar con Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria.

Lo que no entra en ningún caso es la exigencia de Albert Rivera de su retirada. «Sería el primer dirigente en la historia que, ganando unas elecciones, los que no ganan le digan que se vaya; vamos a ver si somos serios», demandó. Entre sus segundos espadas, el portavoz parlamentario, Rafael Hernando, advirtió de lo que ocurre con quienes vetan: «Han salido escaldados».

Aznar entierra el hacha

Lo primero que temía el PP la tarde del 26 de junio era que la izquierda saliera reforzada de las urnas. Lo segundo, el discurso de José María Aznar el lunes por la mañana. El escrutinio, sin embargo, cambió el curso de la noche, y la subida en votos y escaños alteró el guión de la resaca electoral.

La victoria, cifrada en 137 escaños, obligó al expresidente del Gobierno a enterrar el hacha de guerra. «Lo primero que hay que hacer es felicitar al partido ganador, en este caso al PP, que ha demostrado una gran solidez y ser un partido extraordinariamente importante para la estabilidad de España y merece nuestro reconocimiento y mi elogio y felicitación», concedió ayer el expresidente en el curso de verano de la fundación FAES en El Escorial.

El exjefe del Ejecutivo acababa de telefonear a su sucesor, Mariano Rajoy, para transmitirle su respaldo. «Deseo que Rajoy tenga éxito en sus conversaciones (para formar gobierno) –aseguró en público– y manifiesto mi apoyo en la medida que sea útil, conveniente y necesario para que ese éxito se pueda concretar lo más rápidamente posible».

Ni el tono ni el contenido de su intervención se asemejó a la del 21 de diciembre, cuando apareció por sorpresa en el comité ejecutivo nacional del PP y demandó un congreso abierto a todos los militantes para designar a la nueva dirección del partido. Esta vez, pese a los seis meses de «inacción» censurada por los propios dirigentes populares, las urnas han reafirmado el liderazgo de Rajoy, que prefiere dejar atrás los desencuentros y afirma no haber tenido «ninguna fricción» con Aznar.

La intención del presidente del PP es convocar el cónclave del partido una vez se constituya el Gobierno, y, a partir de ahí, abrir el plazo para que se actualicen las direcciones regionales. Pero depende sólo de él que entren nuevas caras en la cúpula o se mantenga el mismo equipo al que ayer agradeció el éxito de su campaña.

El jefe del Ejecutivo siente ahora que su estrategia ha sido respaldada por el electorado y su posición ha salido reforzada. «Los votantes han avalado el huir de la teatralización de la política que hemos contemplado en los últimos meses», concluyó.

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