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Sánchez pedirá la última prórroga de la alarma en un ambiente de máxima tensión

El Gobierno de coalición pasa por el peor momento de sus cinco meses en la Moncloa, con varias polémicas que dejan en segundo plano el activo de la gestión de la pandemia

RAMÓN GORRIARÁN

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso. foto: kiko huesca/efe

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso. foto: kiko huesca/efe

Pedro Sánchez anunciará mañana sábado, si no hay cambio de última hora, que volverá a pedir al Congreso una ampliación del estado de alarma hasta el 21 de junio. Un debate que llegará al Congreso el próximo miércoles en un ambiente político de máxima tensión y en el momento más delicado para el Ejecutivo en sus escasos cinco meses de andadura. Con una oposición crecida, y debilitados los vínculos con los socios de la investidura.

Al frente que tiene abierto con la crisis en el Ministerio del Interior, se le sumó ayer el de las duras palabras de su vicepresidente segundo contra Vox, en una intervención contraria a su estrategia de no entrar en el cuerpo a cuerpo con las fuerzas de la oposición, y que causó malestar en las filas socialistas (ver página siguiente). Pablo Iglesias «tiene que recordar que no puede ejercer de líder de Unidas Podemos en una comparecencia parlamentaria como miembro del Gobierno», se quejaban en el grupo parlamentario socialista.

Un enfado que se añade al que existe en el Gobierno y en el PSOE con Fernando Grande-Marlaska. No tanto por su decisión de destituir al jefe de la Guardia Civil de Madrid, coronel Diego Pérez de los Cobos, como por el momento escogido para hacerlo. De puertas para afuera hay un cierre de filas con el ministro del Interior, como lo demostraron ayer los titulares de Exteriores y de Justicia, pero en la privacidad de los despachos reina el malestar por la inoportunidad y el contexto en que se produjo, una investigación judicial sobre las manifestaciones feministas del 8-M, a la que el Gobierno augura poco recorrido pero que ha proporcionado una inesperada munición a la oposición cuando todavía quedaban rescoldos por el mal explicado acuerdo con EH Bildu para la derogación de la reforma laboral. «Tres tiros en el pie en una semana», se quejaba un diputado socialista.

Menos angustias

Iglesias, Marlaska y el pacto con la izquierda abertzale han teñido de nubarrones el panorama político de Sánchez, y han dejado en un segundo plano la gestión de la pandemia. Una tarea que para el Gobierno es un activo social por más que no tenga un reflejo parlamentario.

Las votaciones de las dos últimas prórrogas han sido dos viacrucis para el PSOE. Pero en la Moncloa creen que la próxima, que será la última, según dicen en la presidencia del Gobierno, será menos angustiosa porque, aunque dan por descontado que en el debate se va a hablar poco de la Covid-19 y mucho de los patinazos del ministro del Interior, del vicepresidente segundo y del pacto con EH Bildu, creen tener los apoyos amarrados de Ciudadanos y del PNV.

El presidente Sánchez aspira a presentarse la próxima semana en el Congreso con los deberes hechos. Confía en que las relaciones con los nacionalistas vascos estén restañadas tras los acuerdos sellados en los últimos días y se haya diluido el mal sabor de boca del PNV tras el entendimiento de PSOE y Unidas Podemos con EH Bildu.

El consejero Josu Erkoreka y la ministra de Política Territorial, Carolina Darias, han puesto al día el vetusto calendario de traspaso de competencias, complementado con el pacto de la vicepresidenta Carmen Calvo y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, para que los Gobiernos del País Vasco y Navarra gestionen en sus territorios el ingreso mínimo vital, que aprobará hoy viernes el Consejo de Ministros, y que será un ensayo, afirman los nacionalistas, para la gestión global de la Seguridad Social.

«Nosotros somos del dicho de que a Dios rogando y con el mazo dando», afirmó Ortuzar en la cadena Ser para justificar el rápido tránsito del enfado a la recuperación de la sintonía.

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