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Sanidad estudia la obligatoriedad de mascarillas

El Gobierno las considera «muy recomendables» para la población en general en lugares públicos

MIGUEL ANGEL ALFONSO

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El uso de mascarillas en la calle por parte de la población está cada vez más extendido. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

El uso de mascarillas en la calle por parte de la población está cada vez más extendido. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

El inicio de la desescalada preocupa al Ministerio de Sanidad por la posibilidad de que el relajamiento de las medidas pueda provocar un rebrote descontrolado del virus que obligue a dar marcha atrás. Por ello, el ministro Salvador Illa sondeó el lunes la opinión de los consejeros de Salud de las comunidades autónomas respecto a la propuesta de hacer obligatorio el uso de mascarillas fuera de los domicilios particulares.

Sin embargo, la postura de obligar a los ciudadanos a usar mascarillas en la vía pública no cuenta con el beneplácito total de los expertos que asesoran al Gobierno. «Entiendo que se ponga sobre la mesa, pero en caso de que se vaya a hacer hay que pensarla con mucho cuidado porque puede generar problemas importantes», explicó ayer Fernando Simón, el director del Centro de Alertas Sanitarias. El epidemiólogo, que declinó pronunciarse sobre su postura personal, opina que es «una buena medida de prevención», aunque defiende que «la mejor mascarilla son los dos metros de distancia».

Desde el Gobierno siempre han sostenido que tienen «más dudas que certezas», una frase que se puede materializar en esta cuestión. Al principio de la crisis sanitaria, el uso de las mascarillas solo se recomendaba a los profesionales sanitarios o personas que tuvieran contacto con enfermos. Más adelante, a finales de marzo, se amplió a ciudadanos con patologías previas o pertenecientes a colectivos de riesgo. Entonces había un desabastecimiento total de este producto en farmacias y las administraciones debían recurrir al mercado internacional para conseguirlas. Las autoridades llegaron a decir que eran «innecesarias» para el resto de la población porque creaban una sensación de falsa seguridad. Y finalmente se hizo obligatoria su utilización para viajar en los transportes públicos desde el 4 de mayo.

Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre el uso de mascarillas no han variado durante la pandemia. El organismo internacional especifica que las personas sanas solo deberían ponérselas cuando «atiendan a alguien en quien se sospeche la infección» o cuando «se tiene tos o estornudos». También recuerdan que estas «solo son eficaces si se combinan con el lavado frecuente de manos con solución hidroalcohólica o jabón».

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