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«Sigo con más de media tienda destrozada por la explosión de Iqoxe»

Los vecinos de Bonavista muestran su enfado porque aún hay ventanas, persianas y desperfectos en los edificios por arreglar

JUANFRAN MORENO MARCELO

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Imagen de Cuines i Fusteria en la actualidad, un mes después de la explosión de Iqoxe. FOTO: PERE FERRÉ

Imagen de Cuines i Fusteria en la actualidad, un mes después de la explosión de Iqoxe. FOTO: PERE FERRÉ

«La paciencia se colma. Estamos muy enfadados». Esas son las palabras que definen el estado emocional de los vecinos de Bonavista, uno de los barrios más afectados por la explosión de Iqoxe. Loli Gutiérrez, presidenta de la Asociación de Vecinos de Bonavista, atiende al Diari un mes después del suceso y lo hace queriendo dejar claro que «el ambiente que se respira en el vecindario es de crispación absoluta».

En Bonavista, los vecinos que tienen seguros particulares sí que han podido solucionar los desperfectos de sus pisos y establecimientos, mientras que los otros aguardan a la espera de que la compañía de seguros de Iqoxe comience a arreglar los desperfectos. Ya han mandado a sus peritos para hacer las primeras valoraciones, pero de momento no se han puesto manos a la obra para solucionar los problemas.

«Ya ha pasado un mes desde la explosión y todavía hay vecinos que siguen esperando arreglar los desperfectos», afirma Loli Gutiérrez. Para la presidenta de la Asociación de Vecinos de Bonavista hay dos puntos claves en los que se echa en falta una mayor actividad: el arreglo de persianas y cristales rotos y las grietas en los bloques. «Hay pisos y establecimientos en los que todavía están los cartones para resguardarse del frío, ya que los cristales siguen ahí rotos», afirma la presidenta.

Este testimonio lo corrobora Carmen Alcalá, dueña de uno de los principales establecimientos afectados por la explosión. «No tengo nada arreglado. Sigo con más de media tienda destrozada y hay grietas en todo el edificio», asegura la dueña de Cuines i Fusteria Tarragona, un establecimiento situado a solo 900 metros de Iqoxe. De hecho, la actividad cotidiana de la tienda no ha podido ser la habitual desde el 14 de enero, día de la explosión. «Tengo que bajar la persiana del comercio por completo cuando salgo a hacer un recado porque las puertas las tengo destrozadas. Muchos clientes han venido y se han pensado que estaba cerrada la tienda cuando no era así», subraya Alcalá.

Precisamente, Gutiérrez denuncia también el hecho de las grietas, una de las mayores preocupaciones de los vecinos. «Es inadmisible que un mes después todavía no haya venido ningún arquitecto a valorar las grietas presentes en algunos de los bloques. Lo que sucedió fue muy grave y las cosas no tienen que ir poco a poco. Se tienen que arreglar ya», espeta Loli Gutiérrez. Además, la presidenta de la Asociación compara lo sucedido en Iqoxe con la explosión de Tedesa del 1992, en la que «en una semana estaba arreglado».

La dueña de Cuines i Fusteria Tarragona también asegura que no han recibido ni una sola visita ni una sola llamada en representación de Iqoxe. «No he visto a nadie de la empresa. Dicen que han venido por el pueblo, pero yo no tengo el gusto de conocerlos», sentencia Alcalá.

La explosión de Iqoxe no solo ha dejado desperfectos en la estructura de los edificios, persianas y cristales. Los vecinos de Bonavista no olvidan el gran estruendo y el pánico que desató en el barrio. «El 14 de enero ha supuesto un antes y un después», asegura Gutiérrez, a lo que añade: «El otro día me comentaban unos vecinos que se escuchan más ruidos de las fábricas por las noches desde entonces. Imagínate la inseguridad que se respira hoy en día». Un relato que expresa con fidelidad la desconfianza que se ha apoderado de los vecindarios que conviven con las petroquímicas de Tarragona.

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