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"Sostenibilidad es medio ambiente, pero también igualdad o corrupción"

Entrevista a Tomás de Azcárate, presidente del Instituto de Turismo Responsable

Rafael Servent

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Tomás de Azcárate Bang, la semana pasada en la jornada Re Think Hotel, en Vila-seca. Foto: Alba Mariné

Tomás de Azcárate Bang, la semana pasada en la jornada Re Think Hotel, en Vila-seca. Foto: Alba Mariné

¿Qué entiende usted por Turismo Sostenible?

Es algo que arranca de los años ochenta, cuando se empieza a poner en evidencia el impacto del hombre en el medio. Es en la década de los ochenta cuando, en la Organización de las Naciones Unidas, surge el concepto de Desarrollo Sostenible, precedido antes por el de Reserva de la Biosfera de la Unesco. A consecuencia de todo ello llegamos a Río de Janeiro en 1992, con la Cumbre de la Tierra.

 

Los años de Sting defendiendo en sus conciertos la causa de la selva amazónica...

El problema es que, en esa cumbre, la industria que iba a ser más importante en el futuro, que es hoy el turismo, no formó parte de las conversaciones. Surgió la Agenda 21, donde se hablaba de cambio climático, de desertización... Sin embargo, el turismo no estaba contemplado, ni tampoco el deterioro cultural, tangible o intangible, que podía suponer. Desde Naciones Unidas, donde yo estaba entonces, nos dimos cuenta de ello, y así surgió en 1995 la Carta Mundial del Turismo Sostenible. A partir de ahí es cuando se crea el Instituto de Turismo Responsable, que yo presido.

 

¿Y de qué se trata?

Desde entonces hasta hoy han cambiado las reglas del juego. Tenemos un cambio climático que no es reversible, modelos de pobreza, desigualdad... El turismo, desde los noventa hasta ahora, ha cambiado en el nivel de información que reciben los turistas, en lo que quieren consumir... Hoy, el turista tiene una capacidad de información, en todas las partes del mundo, que antes no tenía, y que en la mayoría de casos pasaba por los touroperadores. Hoy puede elegir su sistema de transporte y es más dueño de lo que quiera hacer, con lo que puede estar más satisfecho o no. Pero también conceptos como el de ‘sostenibilidad’ han cambiado.

 

¿Cómo?

Todos los componentes de lo que llamamos ‘sostenibilidad’ se han ampliado. Por ejemplo, en la capacidad de autenticidad de un producto, con turistas que quieren autenticidad cultural, natural o de senderos. Algo que me indique que no me voy a encontrar un folklore que no sea real, o un producto deteriorado.

 

Sangría, paella y sombreros mejicanos...

Antes, los ciudadanos no sabían lo que era la sostenibilidad. Hoy se han educado con ello. Eso se traduce en que los turistas exigen cada vez más los criterios de sostenibilidad, sobre todo en los países emisores, con conceptos como la huella de carbono.

 

Pero siguen consumiendo sangría, paella y sombreros mejicanos. ¿O no es así?

Porque una cosa es la encuesta y otra la realidad. En la encuesta, el 85% del turista alemán prefiere un destino sostenible. ¿Todos los que dicen preferirlo eligen un destino sostenible? Pues no. Está el factor precio. Y entonces es cuando la proporción cae hasta el 55% que prefiere pagar más por un destino sostenible.

 

Es decir: a igual precio, póngamelo también sostenible.

En general, sería así. Luego están otros mercados emisores, como el de los rusos, donde los datos [sobre la importancia de la sostenibilidad a la hora de elegir un destino turístico] serán bastante más bajos.

 

¿Hay greenwashing en esto de la sostenibilidad? Monto un huerto en un rincón del hotel y le cuelo al cliente que soy muy sostenible...

Eso ha pasado, sí. Por eso estamos modificando nuestros criterios de sostenibilidad. En 1995 empezaron a certificarse hoteles en sostenibilidad. Pero certificar no es un fin, es un camino. Ahora, veinte años después, entre los criterios de sostenibilidad que se usan en las certificaciones, lo mismo hay un criterio ambiental como el que había en los noventa, como criterios de incorporación más reciente, como el de desigualdad o corrupción.

 

Todos esos criterios están incluidos en la marca Biosphere Responsible Tourism, que depende del instituto que usted preside. ¿Es así?

Sí. Hemos desarrollado el concepto de turismo sostenible en todos los ámbitos. Empezamos por los establecimientos hoteleros, pero el objetivo final es que se llegue a certificar el destino. El primer destino que se certificó, en 2009, fue Barcelona. Precisamente en esa ciudad es donde, a finales de marzo del año que viene, vamos a hacer una conferencia internacional de Naciones Unidas para el desarrollo del turismo sostenible en ciudades.

 

Pues parece que, con certificación o sin ella, lo de la sostenibilidad del turismo no está resuelto en Barcelona. Moratoria hotelera y de viviendas de uso turístico...

Cuando el desarrollo tecnológico y la aparición de nuevos sistemas como Airbnb hacen que se ponga en cuestión el sistema de alojamiento en una ciudad, eso es algo que no sólo sucede en Barcelona, sino en todos lados, y te crea un problema que tiene que resolverse. Pero que la globalización de estos sistemas es irreversible no está en cuestión, así que tienes que adaptarlo.

 

No podremos vivir en moratorias eternas...

Por eso son tan importantes los criterios de sostenibilidad. Parte de los beneficios se tienen que quedar en el lugar. Sería injusto que grandes cadenas hoteleras metan el ‘todo incluido’ y que lo que dejen en el lugar sean restos, que no haya redistribución. Eso es algo que no ocurre en Catalunya, porque no se permite el ‘todo incluido’.

 

Y tenemos tasa turística. ¿Es ése el camino?

Sí, y por eso nosotros defendemos la tasa turística, para revertir lo que ocurre en muchos casos en el mundo, que son guetos turísticos que no dejan nada [en el territorio donde se emplazan]. Por ejemplo, el sistema de cruceros.

 

Pues menudo chasco: es una de las apuestas de futuro del Port de Tarragona...

Depende, depende. Hay cruceros que dejan un valor añadido fantástico. Eso depende de la compañía, pero también del destino.

 

¿Y quién es responsable del destino? ¿La Administración? ¿El sector privado?

El destino es la Administración Pública. Después, por supuesto, está la parte privada, y eso crea unas reglas de juego. Se trata de que el destino tenga entidad propia en su promoción, y la certificación como destino turístico sostenible es un camino, un instrumento.

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