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Tarragona aumenta las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera

El incremento de la actividad productiva dispara de nuevo la generación de dióxido de carbono, siendo el sector industrial el principal foco emisor en la demarcación

Núria Riu

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Mejorar el transporte público es una de las grandes asignaturas pendientes de este territorio.  Foto: a.m/dt

Mejorar el transporte público es una de las grandes asignaturas pendientes de este territorio. Foto: a.m/dt

Con la reactivación económica se ha incrementado de nuevo la emisión de gases a la atmósfera. Así lo ponen de manifiesto los datos que ha dado a conocer la Oficina Catalana del Canvi Climàtic, los cuales constatan que, después de Barcelona, la demarcación de Tarragona es el segundo foco más contaminante.

Es la primera vez que este organismo ha dado a conocer esta información segregada por territorios. De los 43.690 millones de toneladas de CO2 emitidas en Catalunya, Barcelona está detrás del 57,3%, seguida de Tarragona (22,1%), Girona (10,3%) y Lleida (10,2%).

El documento incluso segmenta por sectores el origen de estas emisiones. Lo encabeza la industria (39%), seguida por la energía (29%) y el transporte (17%). Pese a ello, la Química mantiene que en los últimos cinco años «se ha producido una mejora sustancial en la eficiencia de las empresas» y que si tenemos en cuenta la relación de las toneladas producidas con el CO2 emitido el descenso ha sido del 10,1%.

Òscar Saladié, director de la cátedra Dow/URV de Desarrollo Sostenible, considera que, tras este primer informe, «hay que esperar para conocer el comportamiento de cara a los próximos años, ya que no podemos cuantificar el porcentaje de reducción de los años anteriores debido a la eficiencia energética o la retracción de la economía». Considera que «debemos creer que somos más eficientes por lo que no vamos a asumir de nuevo los niveles pre crisis» y que «a corto plazo deberíamos ver cierta estabilización de estos parámetros».

Catalunya tiene 131 empresas que están obligadas a adoptar compromisos para la reducción de sus emisiones. Básicamente son compañías electro intensivas sometidas al comercio de CO2, que tienen que actuar para cumplir una normativa cada vez más exigente. A éstas hay que sumarles otro centenar que, no estando obligadas, también han adoptado un compromiso con la administración. «Impulsando actuaciones para ser más eficientes, en poco tiempo se amortizan y de paso se reducen la generación de CO2», describe la directora de Qualitat Ambiental de la Generalitat, Mercè Rius.

El Govern no atribuye este incremento de las emisiones a una relajación por parte de las empresas. «Las inversiones que se han hecho en los últimos años, cuando el precio de la energía ha aumentado considerablemente, han sido muy importantes», argumenta Rius.


Apuesta por las renovables
El reto pasa por desacoplar el crecimiento de las emisiones al incremento de la producción. Y, en este sentido, se está tramitando la nueva Llei de Canvi Climàtic que Rius asegura que «será pionera en Europa». Definirá líneas de actuación para descarbonizar la economía y que la producción energética sea a partir de fuentes renovables. Esto es clave para asumir el acuerdo de París, que fija para España la reducción del 26 por ciento de CO2 respecto a niveles de 2005 en 2030.

«Esto empieza por la industria y acaba por nuestras costumbres», argumenta Carmen Claver, profesora de Química Inorgánica de la Universitat Rovira i Virgili (URV) e investigadora del Centre Tecnològic de la Química (CTQ). Pone en valor que «se está investigando muchísimo para la transformación del dióxido de carbono producido en las industrias en productos de valor añadido, lo cual supone una oportunidad inigualable de sustitución del petróleo».

El CTQ es un referente en este ámbito. Claver argumenta que «estamos trabajando muy deprisa, pero hace falta una inversión muy fuerte en I+D para avanzar en este campo». Aunque esta experta en Química Inorgánica es de la opinión que «la transformación es muy importante, pero esto no soluciona el problema, que pasa por reducir o limitar las emisiones».

Sin lugar a dudas, uno de los ámbitos más ineficientes es el del transporte. En la demarcación de Tarragona el tren y el autobús no consiguen hacerse un puesto en los desplazamientos de cada día, mientras que el ferrocarril tan solo está detrás del 5% del transporte de mercancías.

Òscar Saladié señala que en este campo «aún nos queda mucho por hacer». Y que, más allá de que las grandes ciudades como Barcelona estén adoptando medidas severas como la prohibición de circulación de vehículos contaminantes a partir de 2020, hay que adoptar políticas a favor de la movilidad sostenible.

«En una ciudad como Tarragona, que es muy diseminada, no es lo mismo. No obstante, si consigues que el transporte público del conjunto del área metropolitana funcione de una forma eficiente, puedes planteártelo», argumenta Saladié.

De momento, la Autoritat Territorial de la Mobilitat (ATM) del Camp de Tarragona adoptó la semana pasada la decisión de congelar sus tarifas para el año que está a punto de empezar. En 2015 registró 18,7 millones de usuarios, una cifra que no creció, sino que incluso registró un ligero descenso del 0,62%.

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