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Tarragona celebra más de 500 bodas en diez años de enlaces homosexuales

El matrimonio igualitario supone sólo el 2,2% de las uniones en la provincia. 'No es cuestión de cantidad, sino de derechos', admiten las entidades, que hacen un balance satisfactorio
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Amada Rodríguez (izquierda), junto a Conxa Dobon (derecha) y su hija Mila. Viven en Amposta.  Foto: DT

Amada Rodríguez (izquierda), junto a Conxa Dobon (derecha) y su hija Mila. Viven en Amposta. Foto: DT

En julio de 2005, sólo unos días después de que el matrimonio entre personas del mismo sexo fuera legal en España, se casó una pareja de chicas en Tarragona. La nueva ley entró en vigor el 3 de julio, durante el mandato socialista del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, y a partir de ahí comenzó el goteo. En septiembre contrajeron matrimonio dos parejas más y en octubre fueron seis en toda la provincia. Sólo en esa mitad de año hubo 21 uniones en Tarragona, diez entre varones y 11 entre mujeres. Lógicamente, la cifra aumentó al año siguiente, con 63 matrimonios (39 entre hombres, 24 entre féminas).

El balance de las entidades tarraconenses de esta década de matrimonio igualitario es más que satisfactorio. «Las cifras no son importantes. No hay que hacer una valoración cuantitativa, sino cualitativa. Lo fundamental es que mucha gente consiguió una cobertura legal completa», explica Amada Rodríguez, vicepresidenta de LGTeBre, la asociación de lesbianas, gays, transgéneros, bisexuales y transexuales de las Terres de l’Ebre.

No son mayoría, ni mucho menos, aunque nunca fue una cuestión de números y porcentajes, sino de igualarse en derechos y de visibilidad, la que aparece, por ejemplo, en las estadísticas de matrimonios del INE. Las bodas gays y lesbianas suponen apenas el 2,2% del total en la provincia. El dato se ha mantenido estable en estos diez años, en los que la provincia ha celebrado 503 enlaces (sin contar las cifras de 2014, aún no registradas por el INE, ni las de lo que llevamos de 2015). Se han casado 285 parejas de hombres, por 218 de mujeres. «No puede ser de otra manera. El balance es increíblemente positivo. Con aquella ley fue creciendo la aceptación de la sociedad y nos hemos ido haciendo más visibles. Eso ha calado. Fuimos un espejo en el que se miró Europa. Era fundamental que nos igualáramos. Hemos sido un colectivo discriminado durante años. Se nos dio un voto de confianza para ser ciudadanos de primera», indica Kati Pallàs, presidenta de la Associació de Famílies Lesbianes i Gais.

En el Camp de Tarragona, la asociación H2O aglutina buena parte de las reivindicaciones del colectivo homosexual. «Consideramos que el matrimonio igualitario supuso un antes y un después. Tras diez años, nos gusta recordar las manifestaciones del arzobispo de Tarragona en las que decía que rompería la familia. El tiempo ha demostrado que todos aquellos discursos alarmistas eran falsos. El matrimonio no sólo salió más reforzado sino que se adaptó a la realidad del siglo XXI», afirma Jordi Monner, director de la revista Colors y portavoz de H20. En aquel momento, España vivió una de las mayores revoluciones sociales de su historia, no sin polémica. España se convertía en el cuarto país del mundo en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. La reforma lidió con numerosos obstáculos: desde las protestas de la Iglesia Católica a los sectores más conservadores de la sociedad. En el trámite legal, el Partido Popular llegó a interponer un recurso ante el Tribunal Constitucional que, unos años después, en 2012, se pronunció a favor del texto legal. «En aquel momento pasamos mucha angustia. Pensábamos que nuestra situación legal podría llegar a anularse o quedarse en el limbo», recuerda Amada Rodríguez desde Amposta. Nada de eso sucedió. Con la palabra ‘matrimonio’, y no bajo el amparo de uniones civiles o contratos, empezaron a casarse cada año decenas de parejas en Tarragona ante alcaldes, concejales o jueces, como cualquier otro ciudadano. Diez años después, algunos matrimonios de Tarragona hacen balance.

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