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Tarragona es la provincia con más arrestos de fugitivos extranjeros

El sol, la playa, el buen tiempo en general y la opción de camuflarse entre paisanos son alicientes para los huidos internacionales. La costa tarraconense, un paraíso para la mafia
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Una de las detenciones en el marco de la Operación Polverino, que se saldó al final con cinco arrestos en Tarragona. Ha sido una de las intervenciones más importantes de los últimos años.  Foto: Guardia Civil

Una de las detenciones en el marco de la Operación Polverino, que se saldó al final con cinco arrestos en Tarragona. Ha sido una de las intervenciones más importantes de los últimos años. Foto: Guardia Civil

Giussepe Polverino, alias ‘O Barone’, se fugó de Italia en 2006 y se instaló en la costa tarraconense. Desde su casa de Coma-ruga manejó negocios de tráfico de drogas vinculados a la Camorra italiana como ‘capo’ del llamado Clan Polverino. Fue detenido en 2012, en una de las operaciones más exitosas de los últimos años, desde la óptica policial. Gracias a la labor conjunta con los Carabinieri italianos, el Equipo de Huidos de la Justicia detuvo al escurridizo ‘O Barone’ en Jerez de la Frontera (Cádiz), punto final de una investigación que pasó por diferentes provincias –Almería, Alicante, Málaga– y que trajo de cabeza a los agentes.

Antes, había sido detenido en L’Hospitalet de l’Infant el lugarteniente de Polverino, Domenico Verde, que acabó siendo delator. Verde era uno de los reponsables del clan de hacer llegar a Italia, vían península ibérica, grandes alijos de hachís. El negocio mafioso, coordinado desde Tarragona, acababa con la distribución de la droga en la zona de Nápoles y le reportaba al clan un beneficio de entre 50 y 60 millones.

 

Pasar desapercibidos

Ese ejemplo reciente de clan desarticulado ilustra el posicionamiento de Tarragona en el mapa como ‘paraíso’ para las mafias internacionales y, en concreto, para los huidos de la justicia. Tarragona, junto con Madrid y Málaga, es la provincia de España donde más fugitivos reclamados por otros países se localizaron durante 2014, con un total de ocho. Les siguen Alicante (siete), y Baleares y Barcelona, con cinco.

¿Qué lleva a los delincuentes internacionales a establecerse y operar en lugares como la Costa Daurada?. Motivos diversos y, en palabras del teniente coronel Luis Peláez, de la Jefatura de Policía Judicial del instituto armado, en apareciencia «triviales». Según fuentes de la Guardia Civil, el buen tiempo –factores como el sol y la playa– es uno de esos atractivos pero, sobre todo, la posibilidad de pasar desapercibido entre las colonias de ciudadanos extranjeros instalados en el lugar en cuestión. A un latinoamericano, por ejemplo, le resulta más fácil «camuflarse» entre sus numerosos paisanos que residen en nuestro país, como también a un británico o un alemán le permite escabullirse mejor mezclarse con ciudadanos de su nacionalidad en la Costa del Sol o en los archipiélagos, donde son importantes las colonias de extranjeros.

«Los fugados suelen elegir la capital y provincias de la costa mediterránea porque en ellas residen grandes colonias de ciudadanos extranjeros, lo que les facilita pasar inadvertidos», apuntan desde la Guardia Civil.

Otro ejemplo reciente de arresto fue la del mexicano Jaime Madujano, que introdujo en EEUU 300 toneladas de droga. Fue detenido en España por la Guardia Civil, como el ruso Dimitry Zavyalov, acusado de 33 asesinatos, y otros 82 delincuentes reclamados por otros países. Forman parte de los 8.952 huidos de la Justicia a los que los agentes ‘cazaron’ durante todo el año 2014.

 

‘Saben que les buscamos’

Pese a esas abultadas cifras, Pélaez, de la Jefatura de Policía, quiso dejar claro en su reciente balance que España ya no es un lugar seguro para los delincuentes que huyen de la Justicia porque «saben que les buscamos». «España no es un paraíso para los huidos», remachó el comandante jefe del Equipo de Huidos de la Justicia de la Unidad Central Operativa (UCO).

Tanto es así, según resaltaron estos responsables de la Guardia Civil, que el año pasado los agentes arrestaron a 8.952 personas reclamadas por las autoridades nacionales (8.860) o internacionales (84), a las que hay que sumar las ocho detenciones llevadas a cabo en el extranjero con la colaboración de servicios policiales de esos países en virtud de órdenes de detención emitidas por España. En total, cuatro de ellos fueron tachados de la lista de los diez delincuentes más buscados difundida en 2014 por la Guardia Civil.

Rumanos (20), italianos (8), marroquíes (6), franceses (5), británicos (5), rusos (4), lituanos (4) y alemanes (3) son, por ese orden, las nacionalidades de los detenidos reclamados por una orden internacional.

Por países reclamantes, Francia es al que le corresponden más detenidos, con 15, por delante de Rumanía (14) o Italia (10), aunque en la lista aparecen Estados Unidos, Alemania, Bélgica, Polonia, Suiza, Venezuela, Portugal o Hungría, por ejemplo.

De todos modos, los responsables de la Guardia Civil insisiteron en que, respecto a otros países, España «no es especialmente un refugio» de delincuentes extranjeros.

 

Gran capacidad logística

La colaboración internacional es fundamental para lograr meter entre rejas a los fugitivos, así como la de los ciudadanos, ya que en muchos casos se trata de investigaciones muy complejas.

Este tipo de delincuentes buscados internacionalmente llegan a tener hasta cinco o seis documentaciones falsas de diferentes países y cuentan con una gran capacidad económica y de logística que les permite burlar la acción policial.

El responsable del Equipo de Huidos de la Justicia de la UCO puso como ejemplo el caso de Víctor Alfonso Mosquera, alias Palomo o El negro Mosquera, un narco del clan colombiano Úsaga y jefe de sus sicarios, detenido en una operación conjunta con la DEA norteamericana.

Hasta tres identidades falsas tenía este fugitivo, que residía en una finca de la localidad madrileña de Pozuelo por la que pagaba nada más y nada menos que 4.500 euros mensuales por el alquiler. Se movía por toda España y disponía de una gran capacidad económica.

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