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Tarragona, séptima provincia de España más golpeada por la crisis

El estallido mucho más violento de la burbuja, el empleo precario y poco cualificado y un crecimiento insostenible han provocado que la crisis se cebe con provincias del Mediterráneo
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Infografía: DT

Infografía: DT

El lugar importa. No es lo mismo haber afrontado la crisis en Cambrils que en Valls. Ni haber padecido los estragos económicos en Calafell que en Barakaldo. Varios expertos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han elaborado, a través de 15 indicadores, un atlas de la crisis en España que ha servido para identificar dónde reside la población más vulnerable y dónde la más resistente. «El objetivo fundamental era comprobar la vertiente territorial de la crisis, que siempre había sido analizada en función de los efectos económicos. Había un componente poco estudiado. Se manejaban promedios que impedían ver que en algunos lugares la gravedad era mayor. Queríamos poner de manifiesto esas diferencias, que hacen que el paro haya crecido más en algunas ciudades que en otras, y de la misma región», afirma Ricardo Méndez, uno de los investigadores.

El estudio certifica importantes desequilibrios entre regiones, y Tarragona no sale bien parada de esa inercia global. Es la séptima provincia más afectada por la recesión, con un índice sintético de vulnerabilidad de 0,73 (empatada con Barcelona), aunque alejada de la primera posición que ocupa la vecina Castellón (1,27), Murcia (1,07) y Valencia (1,07).

 

El lastre del ladrillo

La composición del podio y del ‘top ten’ no es de extrañar: entre las diez provincias más vulnerables, aparecen ocho mediterráneas, algo condicionado básicamente por un factor: fueron las que más crecieron al amparo del ladrillo y, por tanto, las que sufrieron con más virulencia el estallido de la burbuja. Lleida, por su intensa urbanización de los valles pirenaicos, Toledo, en la periferia de Madrid, y el archipiélago canario, por su fuerte especialización turístico-residencial, también han sido regiones decretadas como vulnerables.

La provincia de Tarragona en general sale muy perjudicada en el análisis de índice como hipotecas, transacciones de viviendas, ejecuciones hipotecarias, número de empresas, PIB por habitante, paro o exportaciones.

En cambio, aparece algo mejor en indicadores como beneficiarios de prestaciones, emancipación de jóvenes o número de manifestaciones. «Los territorios menos vulnerables han sido, en cambio, aquellos con una economía más diversificada, que mantuvieron una industria renovada y cierta capacidad exportadora: provincias del litoral atlántico y Navarra. También los que mostraron menos dinamismo en los años de crecimiento, lo que atenuó luego los efectos del estallido de la burbuja inmobiliaria», expone el estudio. En esa coyuntura se hallan, por ejemplo, provincias interiores como Soria, Zamora, Badajoz, Ourense o Lugo.

Tarragona se ubica en la zona denominada por el análisis como ‘perdedora’, en una división que, a grosso modo, muestra a todo el Este de la península como más afectado, mientras que el Oeste ha exhibido un mejor comportamiento de resistencia durante los años de crisis. Tarragona forma parte también de esa España de urbanizaciones desiertas y polígonos industriales abandonados.

«Son lugares donde ha habido un empleo poco cualificado, generalmente bastante precario, que ha sido el que más fácil se ha destruido», añade Méndez. El elevado endeudamiento, las actividades de baja productividad y fuertemente cíclicas como la construcción o un modelo urbanizador insostenible también han sido otros factores en contra.

«Nos ha llamado la atención el desigual comportamiento del País Vasco, Madrid y Catalunya. El País Vasco evolucionó mejor porque ha tenido una economía más diversificada, donde una parte de la industria se ha mantenido renovada y actualizada y ha generado una demanda para servicios de valor añadido. En Catalunya ha sido determinante el efecto de la economía residencial e inmobilaria», cuenta Méndez.

 

Una economía residencial

Algo peculiar se detecta en las dos grandes aglomeraciones metropolitanas. «La ciudad de Barcelona sale relativamente bien pero no así su área metropolitana, porque incluye numerosas ciudades donde residen los grupos más golpeados. En Madrid ocurre lo mismo», aclara Méndez. «Son territorios con fuertes contrastes internos», sostiene el estudio. «La crisis de la economía residencial (construcción y servicios al consumo) explica que la reducción en el número de empresas haya sido superior al 20% en el Mediterráneo (Murcia, Valencia, Castellón, Almería, Tarragona, Alicante) y Toledo, frente a pérdidas inferiores al 10% en el País Vasco y algunas provincias interiores (Soria, Ourense, Badajoz, Huesca)», diagnostica el atlas.

Otro índice clave estudiado ha sido la inmigración. Tarragona, como el resto de provincias catalanas, ha experimentado entre 2006 y 2013 un gran crecimiento poblacional, en buena parte basado en la inmigración extranjero. «La vulnerabilidad es más alta en aquellas zonas donde se concentran esos ciudadanos llegados de fuera, porque generalmente esa población va asociada a empleos de baja cualificación. No deja de ser un fenómeno derivado del propio boom inmobiliario», explica Ricardo Méndez.

El resultado es un mapa español heterogéneo y descompensado, con un perjuicio significativo para las provincias y ciudades emplazadas en la mitad oriental de España, con el litoral mediterráneo como principal epicentro de la crisis. En cambio, la deriva económica ha sido más benévola con las regiones situadas en la mitad occidental de España. Ahí aparece el litoral atlántico como el eje más resistente y la posición intermedia de las comarcas interiores.

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