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Tarragona ya no se casa por la Iglesia

Hace 20 años el 72% de las bodas eran católicas. Ahora la cifra es del 11%, un mínimo histórico. Influye la crisis eclesiástica. 'Me miran raro por casarme por la Iglesia', dice una tarraconense

Raúl Cosano

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Un enlace por lo civil en el Ayuntamiento oficiado por la concejal Arga Sentís. FOTO: LLUÍS MILIÁN

Un enlace por lo civil en el Ayuntamiento oficiado por la concejal Arga Sentís. FOTO: LLUÍS MILIÁN

«Cuando dije a mis amigos que me casaba por la Iglesia les pareció extraño», asegura Rosa, una tarraconense que el año pasado contrajo matrimonio pasando por el altar. Lo hizo a lo grande, con toda la pomposidad posible en la Catedral de Tarragona. «A los dos nos apetecía hacerlo, aunque a gente de nuestro entorno le costó entenderlo», confiesa.

El rito, ya minoritario, va camino de convertirse en residual, casi una rareza. Las bodas eclesiásticas alcanzaron en 2016 un mínimo histórico en la provincia, a juzgar por los datos del INE respecto al primer semestre del año. En Tarragona sólo 137 de 1.174 enlaces fueron por la vicaría. Son el 11,7% del total, una estadística muy por debajo de la media estatal, ubicada en el 22%.


Crisis institucional
Los datos actuales confirman la inercia. «Es una tendencia que arrancó hace años y que forma parte del proceso que pone en crisis a las instituciones clásicas, desde el poder hasta la Iglesia, pasando por la educación», afirma el sociólogo de Tivissa Francesc Núñez, profesor en la UOC.

El balance estadístico confirma a Catalunya como la comunidad autónoma más secularizada de España. Tarragona es la tercera provincia del Estado con una tasa más baja de matrimonios por la Iglesia, por detrás de Barcelona (10,5%) y de Girona (10,6%).

La tendencia es generalizada en España, con una excepción, un caso insólito que todavía resiste. Jaén es la única provincia de España que invierte la tendencia y en la que los matrimonios ante Dios siguen superando a los civiles, con un porcentaje del 52%.

Lo que ocurre en Tarragona es un síntoma más de una sociedad postmoderna, precisamente una de las indagaciones y de las principales aportaciones del sociólogo Zygmunt Bauman, recientemente fallecido. «Él hablaba de sociedad líquida, por esa aceleración de los comportamientos sociales que no da tiempo a interiorizar. Se eliminan los rituales, no te da tiempo a acostumbrarte a un estilo. Parte de lo que sucede con el matrimonio viene de ahí», desglosa Núñez.

El experto ofrece otras explicaciones al respecto: «Hay una pérdida del compromiso con las instituciones en general y, en concreto, con la eclesiástica. No es que vaya ligado a una descreencia, a un abandono de la fe. No es ateísmo, pero sí una lejanía respecto a una fe que en otro momento era más firme».


La devaluación del matrimonio
La secularización afecta al matrimonio pero no así a otros sacramentos o rituales, que siguen realizándose, al menos de momento, por la Iglesia: «La gente deja de recurrir al matrimonio por la iglesia pero eso no sucede con los funerales, quizás por no hay tantas alternativas. Aún hay mucha gente que más allá de sus creencias, termina enterrándose con un rito religioso».

La crisis afecta a la concepción general del matrimonio, no sólo a su vertiente cristiana. Entre 2015 y 2016 volvió a bajar el número total de enlaces, de 1.192 a 1.174. Más acentuado es el retroceso cuando se toma más perspectiva y se observa la evolución a lo largo de los años. En 2005, la cifra de bodas durante ese periodo de seis meses analizado ascendía a 1.545 en las comarcas tarraconenses. Eran un 24% más.

No siempre fue así. Hubo un tiempo no demasiado lejano en que las bodas, además de ser más abundantes, se fructificaban ante el altar con mucha más asiduidad. En los años 90, más del 70% de los matrimonios se refrendaban ante un sacerdote y en una iglesia. Ahora se ha llegado al mínimo histórico, y el descenso continuará en los próximos años.

n Si los enlaces cobijados por la Iglesia están en decadencia, toman fuerza los que se celebran por lo civil y, dentro de esa tipología, los que unen a dos personas del mismo sexo. Así, las bodas homosexuales se han triplicado en la provincia en la última década, si bien es verdad que aún suponen un porcentaje muy pequeño respecto a los vínculos globales. De los 21 enlaces que se registraron en 2005 se pasó a los 61 del año 2015, según el INE.

La clave residió en la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, que se produjo en el año 2005, en la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero en la presidencia del Gobierno. Ese nuevo formato de matrimonio, nacido entre la polémica provocada por defensores y detractores, ha ido ganando relevancia con el paso de los años. En esta década Tarragona ha celebrado más de 500 bodas homosexuales. El matrimonio igualitario supone sólo el 2,1% de todos los enlaces realizados. A pesar de la baja cifra, sus valedores argumentan que no se trata de una cuestión cuantitativa o de porcentajes, sino de una reivindicación histórica de derechos, de dignidad y de visibilidad social.

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