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Tres tarraconenses trabajarán en el Magreb con los Misioneros Javerianos

Dedicarán parte de sus vacaciones a dar clases a las personas inmigrantes recluidas en los CETI de Ceuta y Tetuán

Joan Boronat

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Los jóvenes podrán aproximarse a otras religiones. En la imagen, un taller de manualidades.  Foto: MCSArqTgn

Los jóvenes podrán aproximarse a otras religiones. En la imagen, un taller de manualidades. Foto: MCSArqTgn

Quince días del período vacacional, a finales de julio, es el que invertirán tres jóvenes tarraconenses, para vivir una experiencia misionera en el continente africano, en respuesta al impulso de la congregación, Misioneros Javerianos que, por sexto año consecutivo, anima a la participación en tres o cuatro campos de trabajo.

Maria Melero y Magí Pallejá se desplazarán a Ceuta para integrarse en uno de estos campos de trabajo para inmigrantes, y Blanca Serres hará lo propio en Tetuán. El objetivo, vivir la fraternidad con los hermanos inmigrantes y ensanchar el corazón a otras realidades, creciendo y formándose como grupo de fe, acorde con el lema, «Nadie es extranjero en nuestro corazón», extraído del mensaje lanzado por el papa Francisco, en la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2017.

Y este es precisamente el espíritu que recoge la congregación de Misioneros Javerianos fundada por el obispo San Guido Maria Conforti, tomando el modelo de San Francisco Javier. En España la congregación tiene constituido el Consejo Misionero de Jóvenes, vinculado a Obras Misionales Pontificias «para la cooperación con las misiones», subrayó el padre misionero Rolando Ruiz Durán, miembro del Consejo, durante su estancia en Tarragona, para orientar a los tres jóvenes que participarán en el campo de trabajo.

El padre Rolando Ruiz señaló que ésta «es una inmejorable ocasión de abrazar con nuestras vidas, como Jesús, la fragilidad y vulnerabilidad del inmigrante que sufre la indiferencia del distanciamiento de nuestros corazones» y, a la par, «propiciar un acercamiento a otras religiones, con el deseo de crear puentes y estrechar lazos». 

El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) acoge a unos 850 inmigrantes, 50 de los cuales residen en el Centro San Antonio que la Iglesia tiene en Ceuta. Allí, como en Tetuán, María, Magí y Blanca trabajarán dando clases de lengua castellana, informática y dirigiendo talleres de manualidades a los jóvenes inmigrantes, por las mañanas, de lunes a viernes. 
Las tardes serán destinadas al intercambio y la reflexión, desde el respeto a otras realidades religiosas y culturales, pero que supone «un encuentro con los cristianos de España, que les brindan generosidad y cariño», resalta el padre Rolando. 

Precisamente el programa incluye un fin de semana con los Franciscanos de la Parroquia Nuestra Señora de las Victorias de Tetuán, en Marruecos, para ver y conocer lo que hace la Iglesia en un país musulmán.

La experiencia vivida por estos tres tarraconenses ha de servir para que puedan contarla aquí y que, a través de la delegación diocesana de Pastoral de la Juventud surjan otras personas animadas, en aras de esta colaboración. Una experiencia «repetida en muchos casos», matizó el misionero javeriano.

Vale para ello el testimonio de una joven, Clara Acebrón, que habla de la Pascua Misionera celebrada con los Franciscanos de Tetuán que, dice, «me permitió ver la presencia de una Iglesia pequeña, humilde, alegre y abierta, que anuncia el Evangelio sin necesidad de palabras, desviviéndose por ayudar a los necesitados». Y parafrasea al beato Charles de Foucauld: «Todo nuestro ser debe ser una predicación viviente, un reflejo de Jesús».

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