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Varios comercios se ven abocados al cierre por el final de la renta antigua

Cierres, traslados o acuerdos marcan el fin de un régimen que obliga a actualizar alquileres. Alrededor de un 10% de los establecimientos, muchos emblemáticos, se ven afectados
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La tienda Calvet, en la Plaça de la Font, cerró el 31 de diciembre. Las causas fueron la renta antigua y la jubilación de Josep, responsable de un negocio que abrió en 1948.  Foto: Pere Ferré

La tienda Calvet, en la Plaça de la Font, cerró el 31 de diciembre. Las causas fueron la renta antigua y la jubilación de Josep, responsable de un negocio que abrió en 1948. Foto: Pere Ferré

El paisaje comercial del centro en ciudades como Tarragona y Reus está cambiando ya con el final de los alquileres de renta antigua. La prórroga que la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994 concedió a los inquilinos de locales para mantener durante dos décadas un alquiler por debajo del precio de mercado se acabó el pasado 31 de diciembre. Sólo entre Tarragona y Reus, alrededor de 120 establecimientos se están viendo afectados.

El resultado es variado. Unos hace tiempo que llegaron a acuerdos con los dueños, asumiendo fuertes incrementos. Otros han optado por cambiar de ubicación. En los casos más drásticos, hay quien ha bajado la persiana, ya sea por ser incapaz de asumir la subida del alquiler o porque ha aprovechado la circunstancia para avanzar la jubilación. «A veces se cierra como combinación de varios motivos. La crisis, la subida del alquiler, la jubilación… es difícil detectar cuál ha sido el factor», explica Ferran Milà, desde Botiguers de Tarragona.

 

Las cuatro décadas de Calvet

Uno de los casos más icónicos ha sido el cierre de Calvet, la tienda de ropa en el chaflán entre Cós del Bou y la Plaça de la Font, en Tarragona. En el escaparate, prácticamente desierto, figura un lema, casi a modo de despedida: ‘Tot té un dia i un moment. 1948-2014’. En ese emplazamiento privilegiado de la Part Alta, Josep Calvet ha cumplido 42 años al frente del comercio. «Cierro por dos factores, por el alquiler de la renta antigua y por la jubilación. No hubo negociación. El propietario quería recuperar el local. Si no hubiera subido el alquiler a lo mejor habría continuado un tiempo», cuenta Calvet.

«Era normal que esos precios se acabaran actualizando de alguna manera. En muchas ocasiones ya se había llegado a un entendimiento entre las dos partes», cuenta Jordi Figueras, de la Federació d’Unió de Botiguers de Tarragona (FUBT), que calcula una afectación sobre el 10% de los comercios en Tarragona, lo que arroja un saldo de unos 80, aproximadamente, en general tiendas tradicionales, en muchos casos emblemáticos.

 

En busca de inquilinos

Otro establecimiento que ha tenido que cerrar las puertas ha sido Flors i Llavors Rodríguez, en el Passatge Cobos de Tarragona, junto al Mercat Central. Ahora, el propietario del local, Santiago Cubero, busca inquilinos: «El contrato de renta antigua se acababa, les dije que el alquiler tenía que subir y ellos me dijeron que no podían asumirlo. Llevaban aquí toda la vida, unos 60 años».

De unos 200 euros al mes que se pagaban hasta el momento, a los 800 que se pedirán a partir de ahora, en base al precio del mercado. «Para muchos comerciantes puede ser un inconveniente pero también hay que tener en cuenta al propietario, que durante mucho tiempo ha estado dejando de ganar dinero debido a esas condiciones», se resigna Cubero.

Administradores de fincas, propietarios y los propios comerciantes coinciden en que ha habido tiempo suficiente para llegar a acuerdos y para que los responsables de los establecimientos alcanzaran una solución, algo que se ha ido consiguiendo en buena parte de los casos.

En Tarragona, más allá de la Part Alta, las zonas más afectadas pueden ser vías comerciales como la calle Unió, la Rambla Nova o todo el entorno del Mercat Central, desde Governador González a la calle Canyelles.

 

¿Adiós a un modelo comercial?

En los últimos seis meses, también Reus ha visto cerrar la persiana de comercios emblemáticos e incluso centenarios que han contribuido a dibujar, con su personalidad, el modelo comercial de ciudad, del que siempre ha presumido. El fin de estos alquileres ha provocado una especie de efecto dominó que ha dejado vacías algunas tiendas de las arterias principales de comercio, como son la calle Llovera y Monterols.

Según Unió de Botiguers y el Tomb de Reus, entidades comerciales de la capital del Baix Camp, existen cerca de 40 comercios afectados por la Ley de Arrendamientos. En función de los metros cuadrados del local, se han llegado triplicar los precios de los alquileres y en el peor de los casos, como el de la tienda de ropa de mujer Xarol, de la calle Monterols, «el coste se llegó a multiplicar por diez», cuenta Gemma Molner, presidenta del Tomb de Reus y propietaria de esta tienda que llevaba 30 años instalada en el medio del núcleo comercial. Ahora se ha quedado sólo con la otra tienda de la calle Llovera. Un patrón que también ha compartido la sastrería Pujol Vilà, cerrando el comercio de la calle Monterols y quedándose con el otro local del arrabal de Jesús.

Y es que la nueva situación ha dejado tres posibilidades al pequeño comercio afectado. Algunos han aprovechado que no tenían seguimiento generacional detrás y han precipitado su jubilación, como la Merceria Sardà, ubicada en la calle Monterols, que aún con carteles de liquidación en el escaparate, deja atrás tres siglos de servicio a la ciudad.

 

La solución: un traslado

Otra vía es por la que ha optado la Cansaladeria Segarra, que desde 1949 atendía en la calle Prat de la Riba y ahora se traslada a la calle Santa Teresa. «A raíz de esta ley, los comercios se están descentralizando y será necesario valorar las consecuencias en los próximos años», asegura Ernest Juncosa, presidente de Unió de Botiguers de Reus, quien, asimismo, añade que «no ve un problema que los comercios se trasladen a poca distancia del centro de la ciudad». Menos suerte han tenido otras tiendas locales como la de lencería Isern de la calle Jesús, que bajó la persiana definitivamente, o la histórica Joieria Fort de la plaza Prim, que también tenía un contrato de alquiler de renta antigua y cerró en 2013.

Y el último escenario lo han protagonizado aquellos que, afortunadamente, han llegado a un acuerdo con el propietario y mantienen su ubicación actual. «De los 750 comercios con que cuenta el centro de Reus, un 80% son de alquiler y muchos han llegado a un acuerdo», cuenta Juncosa, una idea que no comparte Molner, que asegura que esta situación ha sucedido en «un 50% de los casos».

La desaparición progresiva del comercio tradicional en el centro de Reus hace plantearse el futuro que le depara al llamado centro comercial al aire libre. Unió de Botiguers y el Tomb de Reus temen que el núcleo quede invadido por franquicias, las únicas que pueden asumir los costes que piden por los locales de una superficie considerable. «Me da miedo que se instalen marcas de segunda y tercera línea y que con la apertura del nuevo centro comercial de Metrovacesa –el próximo noviembre, según las previsiones– el flujo de gente se quede allí», reflexiona Juncosa. «El núcleo de Reus acabará siendo un cromo igual que otra ciudad», añade Molner. Al margen de tener o no establecimientos clonados en todos los centros de las principales ciudades comerciales, Juncosa asegura que los comerciantes se han tenido que adaptar a un cambio de consumo provocado por la crisis y que ahora es el momento de ver si la instalación de franquicias en el futuro centro comercial y en el propio núcleo de Reus generará un tipo de consumidor diferente, con otros hábitos de compra. «Nos tendremos que adaptar y estudiar la manera de atraer esta nueva tipología de cliente», comenta Juncosa si, finalmente, la radiografía del comercio de Reus se tuerce hacía esta dirección.

La Unión de Profesionales Autónomos estima que en Catalunya están afectados unos 37.644 locales, lo que representa casi un 19% del total a nivel estatal. Catalunya es la segunda comunidad más perjudicada, sólo por detrás de Madrid (35.835).

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