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Vox eclipsa el debate sobre el acuerdo europeo al anunciar una moción de censura

El presidente Sánchez augura una «legislatura larga y fructífera» y reclama acuerdos como los alcanzados en Bruselas, pero la mayoría de los grupos del Congreso se desmarcan

RAMÓN GORRIARÁN

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recurrió a la ironía ante
el anunció de la moción de la ultraderecha. FOTO: EMILIO NARANJO/EFE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recurrió a la ironía ante
el anunció de la moción de la ultraderecha. FOTO: EMILIO NARANJO/EFE

Iba a ser un pleno del Congreso sobre el acuerdo del Consejo Europeo para el fondo de recuperación, pero el anuncio del líder de Vox de que presentará una moción de censura en septiembre contra Pedro Sánchez eclipsó el debate. Santiago Abascal logro así arrebatar el protagonismo que corresponde al presidente del Gobierno en este tipo de duelos parlamentarios.

Europa y el acuerdo de 750.000 millones, de los que 140.000 corresponderán a España, quedó en segundo o tercer plano a pesar de la insistencia de Sánchez en reclamar a la oposición acuerdos como los alcanzados en Bruselas. Pero sus emplazamientos no centraron un debate en el que, además de la moción de censura, se colaron la negociación de los Presupuestos, la Conferencia de Presidentes, y los presos del Procés.

El propio Sánchez se contagió y descendió a la arena doméstica para pronosticar que «la legislatura será larga y fructífera». Hizo su apuesta tras comprobar que el PP mantenía el tono de oposición agreste y que los demás grupos, incluso los hipotéticos aliados, marcaban distancias con el Gobierno.

Todos los portavoces interpretaron que el guante lanzado por Abascal era un órdago a Pablo Casado, y no al presidente del Gobierno, dado que la moción no tiene posibilidad alguna de prosperar. Sánchez instó sin éxito al jefe de la oposición a que dijera qué iba a hacer ante el paso dado por Abascal, y bromeó con la idea de que Vox va a «fagocitar» al PP. También animó al líder ultraderechista a no perder el tiempo y presentar ya su moción sin esperar a septiembre, salvo que «quiera irse de vacaciones».

El Ejecutivo constata que persisten los vetos cruzados entre ERC y Cs para los Presupuestos

Casado no dijo nada, pero su número dos escribió en Twitter que era una «moción de censura postvacacional para salvar al soldado Sánchez». Teodoro García Egea consideró que se trataba de una «maniobra de distracción» que «reforzará» al presidente. Para eso, añadió, «no cuenten con nosotros».

Los portavoces de los diferentes grupos tiraron de ironía para comentar la moción de censura, aunque alguno, como Gabriel Rufián (ERC) recurrió al trazo grueso para celebrar que Vox recurra a un instrumento legal para derribar al Gobierno «porque antes lo hacían con Tejero».

Abascal aguantó las bromas, dijo que tendrá su «despacho abierto en agosto» para articular una mayoría, y aseguró que el destinatario de su movimiento era Sánchez, no el líder del PP. «Nada más lejos de la realidad, es más, mostramos nuestro afecto y respeto para el señor Casado», afirmó ante las risas de las bancadas del PSOE y Podemos.

El debate en el Congreso, el último antes de las vacaciones, sirvió además para que el Gobierno constatara que sus peticiones a los posibles socios en los Presupuestos para eliminar los vetos cruzados no han tenido el menor éxito. Podemos, nacionalistas e independentistas reafirmaron su negativa a estar en un acuerdo con Ciudadanos, y los naranjas hicieron lo propio en sentido inverso. Hasta el moderado portavoz del PNV, Aitor Esteban, reclamó a Sánchez que deje de «dar bandazos y sepa escoger a sus socios parlamentarios». Una tesis selectiva a la que se sumaron ERC, BNG y EH Bildu, y hasta su socio de coalición, Unidas Podemos.

El portavoz de Cs respondió con una invitación al Gobierno a escoger «el camino recto de la sensatez y la moderación» para pactar unos Presupuestos «centrados», y huir del «camino tortuoso y del chantaje» de nacionalistas y populistas. Hasta Casado, que no parece que vaya a invertir tiempo en la negociación presupuestaria, señaló que Sánchez debe elegir «entre la moderación y la centralidad, y los extremos».

El presidente destiló hartazgo por las críticas a sus alianzas y recordó a ERC que cogobierna en Catalunya «con la derecha independentista»; afeó a Ciudadanos que tenga pactos con Vox en Madrid, Murcia y Andalucía; y rechazó las descalificaciones a Podemos por «comunista» porque el PCE fue clave para «la democracia y la Constitución del 1978».

En este clima, el acuerdo de Bruselas apenas pudo sacar la cabeza. «Nadie entendería –dijo Sánchez– que nos hayamos entendido gobiernos tan diferentes en Europa, y no nos entendiéramos en España». Casado concedió que se trata de «un buen acuerdo», valoración que compartieron casi todos los grupos con mayor o menor énfasis, si bien el líder del PP insistió en que, «aunque se disfrace, es un rescate».

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