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la tecla va a la universidadalumnosde periodismo dan su visiónde tarragona y nuestras fiestas

por lluís amiguet@LluisAmiguetAgradecidos al maestro de la hostelería ‘tarragonina’. Evoco orgulloso la experiencia más bonita de mi vida: haber sido pregoner en 2017. Y celebro los elogios que dedican mis estudiantes al de este año, el señor Boada

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nuestras fiestas

la tecla va a la universidadalumnosde periodismo dan su visiónde tarragona y nuestras fiestas

Propongo a mis alumnos de Periodismo de la Universitat Rovira i Virgili (URV) que me ayuden a hacer esta «Mirada» sobre Tarragona, Santa Tecla y nuestras fiestas. Y hablamos del presente y futuro que estamos construyendo juntos.

Y, de entrada, me dan una buena noticia: solo 5 de los 24 de este curso son de Tarragona. Hay seis que se proclaman de Reus con tanta presteza como orgullo. Tenemos, además, una estudiante argentina, otra chilena y, en cursos anteriores, hemos compartido aula con daneses, finlandeses (escribían un inglés impecable) y muchos latinoamericanos. Eso significa que nuestra Tarraco Imperial es hoy de nuevo una capital del conocimiento, abierta al mundo, segura de sí misma y su capacidad de atracción cosmopolita.

Y ahora me pondré tarragoní fidel y estupendo y milenario, porque, amigos:

Pasarán condados, principados, reyes y repúblicas; estados y naciones; lenguas y culturas…Y no dejaremos de ser tarraconenses capitalinos e imperiales de la capital occidental del Mare Nostrum. Y es que ser imperialista mola tanto como ser reusenquista, porque los imperios han hecho más felices a los humanos que las naciones-estado. Si lo dudan, lean a Harari y a Stefan Zweig, feliz en la Viena imperial y reducido a paria judío en el estado-nación alemán.

A los estudiantes, perdonadme amigos, les enchufo alguna batallita sobre cómo era la Santa Tecla de la Transición, pero ellos, mucho más directos ya han montado una sesión de «cerebración» de ideas sobre las fiestas y la ciudad. Maria Comabella elogia la nueva geganta inclusiva, Frida, y se queja de la actitud apabullante en calles y festejos de los de la colla del «No passaran». Jan Magarolas apunta que Tarragona es una ciudad que bulle en fiestas, pero dormita durante el invierno, sólo animada por algunas iniciativas privadas y las entidades del seguici (hay discusión sobre si xiularan o no al nuevo alcalde).

Evoco orgulloso la experiencia más bonita de mi vida: haber sido pregoner de Santa Tecla en el 2017. Y celebro los elogios que dedican mis estudiantes al pregoner de este año, el señor Boada, maestro de la hostelería tarragonina. Enhorabuena, señor Boada. Y gracias por dejarnos montar xibarri cuando salíamos de clase.

Otro periodista en ciernes, Guillem Pasano, advierte de que estas fiestas pueden morir de éxito y aglomeración, porque en los últimos años ya no se cabe en las calles, por ejemplo en la Baixada de l’Àliga. Y los conciertos de la Plaça de la Font ya son más del codazo que de ritmo.

Y al tomar el pulso a la ciudad, todos alaban la integración que ha logrado la URV en Sant Pere i Sant Pau, barrio de origen cooperativista que hoy se ha convertido en un hub de tecnología y conocimiento. Entrevisto allí, horas después, en el Institut Català d’Investigació Química (ICIQ) al brillante premio nobel de Química, Fen Feringa. Y a todos nos gustaría que otros barrios de Ponent, como Campclar, hubieran disfrutado de inversiones público-privadas como esa. Y les anuncio que podrán discutirlo todo pronto cuando nos visite en la universidad la subdirectora de este Diari nuestro de cada día, Núria Pérez, que toma el pulso, con toda la vibrante redacción, a la capital y sus comarcas hora tras hora.

Al acabar, contaminada de nuestra energía teclista, Rut Queralt, de la Sénia, que estudia periodismo en Tarragona, alaba el señorío y las dimensiones humanas de nuestra ciudad: ojo, amigos, tan agradable como Stanford o Berkeley, pero con mucha más historia y, si nos conjuramos por el emprendimiento, tal vez también con tanto pasado como futuro.

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